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Perfil
Argentina
Sumario
Introducción
1. Indicadores Demograficos
2. Posición en la Familia
3. Educación
4. Tasa de Actividad
5. Ocupación
6.
Desocupación
7. Desigualdades de Ingresos
8. Consideraciones Finales
Anexo Estadistico
Bibliografía
INTRODUCCIÓN
Según
datos del censo nacional de 2001, la población de Argentina
es de 36.027.041, distribuida en un territorio de 2.780.400
km2. La densidad de población a nivel nacional es de
13,0 habitante por km2, con fuertes diferencias en la distribución.
Así, la Ciudad de Buenos Aires tiene 13.647,3 hab/km2,
la Provincia de Buenos Aires tiene 44,7 hab/km2. En el otro
extremo, la Provincia de Santa Cruz tiene una densidad de población
de 0,8 hab/km2.
El índice de femineidad, es decir el número de
mujeres por cada 100 varones, es en la población total
de 105,1. Hasta los datos registrados en el censo de 1947, la
proporción de mujeres era inferior a la de los varones,
como impacto seguramente de las corrientes migratorias2.
En 1960 los datos se igualan, y a partir de 1970 las mujeres
tienen una presencia creciente en el conjunto de la población.
En la Ciudad de Buenos Aires, el índice de femineidad
arroja un valor de 120,4.
El análisis de los grupos etáreos mayores, pone
en evidencia un proceso de envejecimiento de la población
femenina, particularmente a partir de mediados del siglo XX.
Para 1999, la Encuesta Permanente de Hogares releva en los 28
aglomerados urbanos un 8,0% de mujeres mayores de 60 años,
frente a un 5,4% de varones que superan esa edad.
1. INDICADORES DEMOGRAFICOS
Gráfico
1: Proporción de hombres y mujeres sobre la población
total. 1995 y 1999

Considerando el total de aglomerados urbanos las mujeres argentinas
son mayoría: constituyen el 52,1 % de la población
en 1999, sin variaciones respecto de 1995 (52.4%).
Los datos por aglomerados
urbanos muestran que las mujeres son particularmente mayoritarias
en la Ciudad de Buenos Aires, disminuyendo su representación
en otros aglomerados.
Gráfico
2: Proporción de mujeres en la población total
por aglomerados urbanos. 1999

Media y mediana de
edad por sexo.
La media de edad de la
población es de casi 32 años, superando las mujeres
en 3 años la media masculina. La diferencia se amplía
a 4 años a favor de las mujeres cuando se toma en consideración
la mediana, que para el total de la población arroja
un valor de 28 años. El gráfico expresa los datos
correspondientes a 1999, sin diferencias significativas respecto
de 1995.
Gráfico
3: Media y mediana de edad de la población total por
sexo. 1999

Menores de un año
sobre el total de la población
Las personas menores de
un año constituyen el 1.6% de la población, distribuyéndose
los varones y mujeres en proporciones idénticas.
Mayores de 60 años
sobre el total de la población
Por su parte, las personas
de 60 años y más son el 13.3% de la población
en 1999 (14.3% en 1995). Las mujeres (8%) superan ampliamente
a los varones (5.4%) en este tramo de edad.
Distribución
de edad de la población
Una cuarta parte de la
población corresponde a los menores de 14 años
y una proporción similar, a los mayores de 50. El resto
se distribuye en un 20% de jóvenes de 15 a 24 años
y un 30% de adultos de 25 a 49. En este último tramo
las mujeres ya evidencian mayoría, diferencia que se
acentúa en el tramo de edades mayores.
Gráfico
4: Población total según tramos de edad por sexo.
1999

2. POSICIÓN
EN LA FAMILIA
Posición en
la familia de las personas de 14 años y más
El 38,4% de la población
se define en la jefatura de hogar, correspondiendo el 27,9%
a los hombres y el 10,5% a las mujeres. Comparando con los datos
de 1995 (9,2%), se insinúa una tendencia creciente en
la jefatura femenina. Por su parte, el 25,6% de la población
mayor de 14 años se define como cónyuge, con mayoría
absoluta de mujeres y una tendencia decreciente respecto de
1995.
Gráfico
5: Posición en la familia por sexo. 1999

La mediana de edad de los jefes de familia es de 49 años,
con fuertes diferencias entre varones (47 años) y mujeres
(56 años). Las medianas de 1995 arrojan valores de 46 y
58 años respectivamente. Esta diferencia es coherente con
la mayor expectativa de vida de las mujeres y con la incidencia
de los hogares unipersonales de mujeres de edades avanzadas.
Los cónyuges son relativamente más jóvenes:
la mediana total y también la de las mujeres es 43 años
sin variaciones en las mediciones consideradas.
En relación al nivel educacional, las mujeres jefas son
relativamente algo menos instruidas que los jefes. En efecto,
frente a un 53,9% de la población total de jefes que tiene
por lo menos 2° ciclo escolar incompleto, un 47,7% de las
mujeres alcanza ese nivel.
En el caso de las cónyuges, la proporción se eleva
al 55,2% con el nivel de escolaridad mencionado.
Considerando todas las fuentes de ingreso, el promedio de ingresos
de los jefes de hogar varones era en 1999 de 540 pesos, frente
a 350 pesos de las mujeres jefas. La brecha de género3
entre ambos datos es de 0.65. Esa brecha era de 0.58 para 1995.
Dado el predominio casi absoluto de mujeres entre los/as cónyuges,
las brechas son casi inexistentes (1 en 1999 y 0.9 en 1995), con
un monto de 400 pesos promedio en la medición de referencia.
La proporción de jefas de hogar en los distintos aglomerados
urbanos del país, arroja los siguientes resultados:
Gráfico 6: Jefas de hogar por aglomerados
urbanos. 1999

Características de las amas de casa.
La proporción de personas de 14 años y más
que se ocupan de las tareas domésticas y se definen como
amas de casa es del 15,6%, siendo en su totalidad mujeres, con
una edad promedio de 43 años. La proporción de aquellas
que tienen segundo ciclo escolar incompleto o más es del
44,7%. El nivel educativo era algo inferior en 1995 (41,2%).
Gráfico
7: Amas de casa por aglomerados urbanos. 1999.

Como puede observarse, hay diferencias significativas en la proporción
de amas de casa sobre la población en los distintos aglomerados
urbanos. La Ciudad de Buenos Aires es el aglomerado urbano con
mayor proporción de jefas de hogar y menor proporción
de amas de casa.
3. EDUCACIÓN
El Censo de 1991 arroja un 4.1% de analfabetas entre las mujeres
de 15 años y más, con una proporción sensiblemente
mayor en las áreas rurales y con una tendencia creciente
por edad.
En las últimas décadas la escolarización
ha tenido una curva creciente, sobre todo para las mujeres. El
crecimiento se hace evidente aún considerando períodos
cortos de tiempo: así lo demuestra el análisis comparativo
de los datos que arrojan las mediciones de 1999 respecto de la
de 1995 de la Encuesta Permanente de Hogares.
La escolaridad primaria es casi universal en la población
urbana argentina. En efecto, en 1999, el 98,4% de los niños
de entre 7 y 14 años asiste a la escuela, sin distinción
por sexo. Esta proporción es algo superior a la registrada
en 1995 (96,6%).
Gráfico
8: Grado de escolaridad de la población de 7 a 14 años,
por sexo. 1999, 1995

En el tramo de 15 a 18 años, la proporción desciende
a 76,9%, que es de todos modos sensiblemente mayor que la de 1995
(66,9%). Considerando la escolaridad por sexo, el 80,2% de mujeres
de esa edad asiste a la escuela, frente al 73,6% de hombres, lo
que implica una mayor retención de mujeres por parte del
sistema educativo a partir del segundo ciclo.
Gráfico
9: Escolaridad de la población de 15 a 18 años,
por sexo. 1999, 1995

El elevado nivel de educación formal se observa también
al considerar a la población mayor de 14 años. En
efecto, en 1999 un total de 62,1% de habitantes de las áreas
urbanas tiene por lo menos segundo ciclo escolar incompleto o
más, con una tendencia creciente ya que en 1995 esa proporción
era de 57,5%. Las mujeres de este tramo de edad tienen son una
proporción algo inferior a la de los hombres, pero la diferencia
tiende a disminuir. En efecto, la brecha de género en este
nivel educativo era 0.96 en 1999, algo menor a la registrada en
1995, que era 0.94.
El nivel educativo es altamente condicionante para la participación
de las mujeres en el mercado de trabajo. Cabe destacar que mientras
sólo el 44,7% de las amas de casa tiene segundo ciclo incompleto
o más, lasmujeres ocupadas con ese nivel de estudios son
el 71,3% y las desocupadas son el 69,5%. Otra variable que seguramente
está condicionando las diferencias de nivel educativo entre
activas e inactivas es la edad, ya que entre las primeras predominan
los tramos más jóvenes y edades maduras, en tanto
que entre las segundas, hay mayor representación de edades
avanzadas.
Gráfico
10: Población de 14 años y más con segundo
ciclo escolar incompleto o más por sexo. 1999, 1995

Gráfico
11: Población de 14 años y más con segundo
ciclo escolar incompleto o más por aglomerados urbanos
por sexo. 1999

Una quinta parte de los mayores de 14 años tienen nivel
superior incompleto o completo. Este nivel educativo también
ha aumentado entre las dos mediciones consideradas. Así,
en 1999 un total de 21.6% tenía estudios superiores , superando
en más de 3 puntos porcentuales a la cifra registrada en
1995. La brecha de género era inexistente en 1995, pero
en 1999 las mujeres con instrucción superior aventajan
en más de dos puntos a los varones.
Gráfico
12: Población de 14 años y más con nivel
superior incompleto o completo por sexo. 1999, 1995

La distribución según los distintos aglomerados
urbanos muestra diferencias significativas.
Gráfico
13: Población mayor de 14 años con nivel superior
incompleto o completo por aglomerados urbanos por sexo. 1999

En un extremo, la ciudad de Buenos Aires que casi duplica la media
nacional, se coloca a gran distancia de la mayor parte del resto
de los aglomerados urbanos en lo que hace a estudios superiores
completos o incompletos de su población. En el otro extremo
y con una polarización muy notoria dada su ubicación
lindante, se sitúan los Partidos del Gran Buenos Aires,
que constituyen el cordón urbano que rodea la ciudad. Proporciones
igualmente bajas se observan para los aglomerados de Formosa,
Santiago del Estero, Concordia y Río Gallegos. Salvo las
pequeñas diferencias en favor de los hombres en las ciudades
de Buenos Aires, Corrientes, Mendoza y La Plata, las mujeres son
mayoría entre la población urbana del resto del
país con este nivel educativo. En otro orden, un 3,9% de
los mayores de 14 años, trabajan y estudian, siendo la
proporción algo mayor entre los hombres y también,
para ambos sexos, en 1999 respecto de 1995.
4. TASA DE ACTIVIDAD
El 75,3% de la población total tiene 14 o más años
de edad, con una distribución desigual por sexo, porque
en tanto los hombres son el 35,2%, las mujeres constituyen el
40,1%.
La tasa de actividad total era de 56,7% en 1999, siendo para los
hombres de 72,3%, en tanto que para las mujeres es de 42,9%.
Cabe mencionar que la participación femenina en el mercado
de trabajo ha tenido una tendencia creciente en las últimas
décadas del siglo XX. Este crecimiento que ha sido en buena
medida real, estuvo acompañado de una mejor captación
estadística de un conjunto de modalidades laborales que
involucran sobre todo a las mujeres.
De todas maneras la brecha de género era en 1999 de 0.59,
lo que muestra la persistencia de la asimetría en la participación
de mujeres y varones en el mercado de trabajo.
Gráfico
14: Tasa de actividad por sexo. 1999, 1995.

Como se observa en el siguiente gráfico, existen notorias
diferencias a lo largo del país en la actividad femenina,
situándose en los extremos Tierra del Fuego, con un 50%
de actividad por un lado, seguida por Buenos Aires, Neuquén
y Santa Rosa, y Santiago del Estero que apenas supera el 30%,
por el otro.
Gráfico
15: Tasa de actividad de las mujeres por aglomerados urbanos.
1999

5. OCUPACIÓN
El 48,4% del total de personas mayores de 14 años estaba
ocupada en 1999, distribuyéndose por sexo en 29,1% para
los hombres y 19,3% para las mujeres. Si bien la ocupación
femenina evidencia un fuerte crecimiento, la brecha de género
de 0.66 indica que persiste la asimetría.
Gráfico
16: Proporción de mayores de 14 años ocupados
por sexo. 1999

Tal como se observa en el siguiente gráfico, existen diferencias
importantes en la ocupación femenina en los distintos aglomerados
urbanos: entre la Ciudad de Buenos Aires (que ocupa el primer
lugar) y San Miguel de Tucumán (que ocupa el último)
hay una diferencia de 10 puntos porcentuales.
Gráfico
17: Mujeres ocupadas por aglomerados urbanos. 1999

Asimismo, la ocupación se distribuye de manera desproporcionada
en los distintos tramos de edad.
Gráfico
18: Ocupados según tramos de edad por sexo. 1999

Las brechas de género de la ocupación que se deducen
de estos datos son las siguientes:
| |
14-24 años | 25-49 años | 50 años y más | | 1999 | 0.64 | 0.62 | 0.46 | | 1995 | 0.62 | 0.57 | 0.41 |
|
Como se observa, comparando
ambas mediciones las brechas tendieron a disminuir en todos los
casos. Las mayores diferencias se dan en el grupo de edades mayores.
La mediana de edad de mayores de 14 años ocupados se ubica
en los 38 años, con idénticos valores para hombres
y mujeres.
El 66,7% de los ocupados tiene segundo ciclo escolar incompleto
o más, con una tendencia claramente favorable para las
mujeres (71,3%) en relación a los hombres (63,7%). La proporción
de población con este nivel educativo creció entre
las dos mediciones: en 1995 era 62,7%, también con una
ventaja relativa para las mujeres.
El ingreso medio de las personas ocupadas es de $ 490, superando
los hombres ($ 500) en 100 pesos a las mujeres ($400), que implica
una brecha de género de 0.8. Los hombres evidencian una
sensible disminución de ingresos desde 1995, cuando el
promedio estaba en $ 580, en tanto que no se modificó el
ingreso de las mujeres.
Gráfico 19: Mediana de ingresos de los ocupados según
tramos de edad, por sexo. 1999

Las brechas de género de los ingresos de los ocupados arrojan
los siguientes resultados:
| |
TOTAL | 14-24 años | 25-49 años | 50 años y más | | 1999 | 0.8 | 0.94 | 0.8 | 0.7 | | 1995 | 0.68 | 1 | 0.66 | 0.7 |
|
Los ocupados de 14 a 24 años no presentan diferencias sensibles
por sexo. Para el tramo de 25 a 49 años, la brecha de género
es inferior en 1999, por la vía de la disminución
de los ingresos de los hombres entre ambas mediciones, mientras
las mujeres se mantuvieron estables. En cuanto a las diferencias
de ingresos de los mayores de 50 años, no tuvieron modificaciones
entre ambas mediciones.
Posición en la ocupación
La mayor proporción de ocupados (35%) son asalariados,
un 10,5% son autónomos y un 2,2% son empleadores. Mientras
que estas dos últimas categorías no presentan diferencias
respecto a la medición de 1995, la proporción de
asalariados tendió a crecer.
Gráfico 20: Posición en la ocupación por
sexo. 1999

Las brechas de género muestran una mayor feminización
relativa de los asalariados y un mejor posicionamiento de las
mujeres para todas las categorías entre ambas mediciones.
| |
Asalariado/a | Cuenta Propia | Empleador/a | | 1999 | 0.70 | 0.58 | 0.29 | | 1995 | 0.66 | 0.52 | 0.27 |
|
El grupo de empleadores presenta una mediana de edad superior
a los otros dos grupos. A su vez los autónomos son mayores
que los asalariados. Los empleadores varones son algo mayores
que las mujeres en tanto que las edades por sexo son similares
en las otras categoría.
Respecto del nivel educativo, en los tres grupos la proporción
de mujeres con segundo ciclo escolar incompleto o más superan
a la de los hombres. Un total de 68,6% de asalariados tiene ese
nivel educativo, superando las mujeres en 9 puntos porcentuales
a los hombres. Los patrones llegan al 80,0% con dicho nivel, presentando
las mujeres una ventaja de 4 puntos porcentuales. Los cuentapropistas
tienen un nivel educativo relativamente más bajo (57,3%
con segundo ciclo escolar incompleto o más, también
con 4 puntos a favor de las mujeres).
Gráfico 21: Personas ocupadas con
segundo ciclo escolar incompleto o más según categoría
ocupacional por sexo. 1999

Características de los ocupados según la ocupación
principal
Las personas ocupadas trabajan en promedio casi 43 horas semanales.
Sin embargo, analizado desde el punto de vista de género,
este valor se distribuye de manera diferenciada entre varones
y mujeres. En efecto, la intensidad de trabajo en la ocupación
principal es muy superior entre los hombres (47 hs. semanales)
con segmentos altamente sobre-ocupados. Las mujeres -afectadas
de manera sensible por la sub-ocupación4
- trabajan en promedio 36 horas semanales.
Ingresos
La participación de varones y mujeres en la masa total
de ingresos provenientes de la ocupación principal, pone
en evidencia que las mujeres aportan una tercera parte (32,4%)
a ese total de ingresos. Comparando ambas mediciones, puede observarse
una tendencia creciente en la participación femenina (29,8%
en 1995).
Gráfico 22: Participación
de mujeres y varones en el total de ingresos provenientes de
la ocupación principal. 1999 y 1995

En cuanto a los ingresos individuales, considerando el valor promedio
percibido en la ocupación principal, la brecha de género
es de 0.73.
Gráfico 23: Media y mediana de ingresos
provenientes de la ocupación principal por sexo. 1999

El siguiente gráfico expresa las diferencias de la media
de ingresos en la ocupación principal en los diferentes
aglomerados urbanos del país.
Gráfico 24: Media de ingresos percibidos
por las mujeres en la ocupación principal por aglomerados
urbanos. 1999

Como se observa, algunos aglomerados del sur del país (Tierra
del Fuego, Neuquén y Río Gallegos) y la Ciudad de
Buenos Aires, presentan los montos más altos percibidos
por las mujeres. En tanto que San Miguel de Tucumán y Concordia
muestran los valores más bajos. La diferencia entre ambos
extremos es de algo más de $500, lo que significa que en
Concordia las mujeres ganan en promedio el 37% de lo que perciben
las de Tierra del Fuego.
Rama de actividad
Considerando la ocupación principal en relación
a las ramas de actividad, cabe mencionar que la Industria retrocedió
alrededor de 3 puntos porcentuales entre ambas mediciones, la
Construcción aumentó 1,5 puntos y la Administración
Pública 1 punto, en tanto que el resto de los sectores
permanecieron relativamente estables respecto de la demanda de
fuerza de trabajo. Cabe aclarar que la Agricultura presenta valores
despreciables, debido a que la Encuesta Permanente de Hogares
se aplica en áreas urbanas.
El análisis de la inserción de mujeres y varones
por rama de actividad muestra perfiles diferenciales.
Gráfico 25: Población según
rama de actividad por sexo. 1999

Como puede observarse, hay una fuerte masculinización de
ramas como la Construcción, el Transporte y Comunicaciones
y la Industria. En esta última, los hombres superan a las
mujeres por un 8,5%. Por el contrario los Servicios en general
y las Actividades Sociales5
son ramas claramente feminizadas. El Comercio y la Administración
Pública muestran participaciones parejas por sexo.
El análisis de la participación de los ingresos
correspondientes a las distintas ramas de actividad en la masa
total de ingresos, muestra que la mayor proporción corresponde
a los Servicios, seguidos de las Actividades Sociales. Ambos sectores
muestran una tendencia creciente en las dos mediciones consideradas.
Por el contrario, la Industria retrocedió 3 puntos porcentuales
en su participación en los ingresos entre 1995 y 1999.
| Rama de actividad | 1999 | 1995 | | Ingresos de la Agricultura | 0,9 | 1,4 | | Ingresos de la Industria | 16,3 | 19,5 | | Ingresos de la Construcción | 6,7 | 5,9 | | Ingresos del Comercio | 14,5 | 15,1 | | Ingresos de los Servicios | 23,1 | 22,1 | | Ingresos del Transporte y Comunicación | 8,3 | 9,6 | | Ingresos de las Actividades Sociales | 17,9 | 15,1 | | Ingresos de la Administración Pública | 10,3 | 8,6 |
|
Los ingresos medios por rama de actividad y las brechas de género son las siguientes:
| |
Media de ingresos | 1999 | 1995 | | Agricultura | 599,2 | 0.5 | 0.64 | | Industria | 616,4 | 0.64 | 0.68 | | Construcción | 452,4 | 1 | 1 | | Comercio | 478,7 | 0.66 | 0.57 | | Servicios | 525,4 | 0.55 | 0.58 | | Transporte y comunicación | 618,9 | 0.79 | 0.87 | | Actividades Sociales | 596,1 | 0.73 | 0.77 | | Administración Pública | 755,0 | 0.99 | 1 |
|
Como puede observarse, la mayor brecha de género se da
en los ingresos correspondientes a los Servicios, que es una actividad
feminizada, seguido por la Industria y el Comercio. En las dos
primeras se observa una tendencia de acentuación de la
brecha, en tanto que en el Comercio esta tendió a atenuarse.
La brecha es algo menor en las Actividades Sociales y prácticamente
inexistente en la Administración Pública.
El siguiente gráfico muestra la participación de
las mujeres en la Industria en los distintos aglomerados urbanos.
Gráfico 26: Mujeres ocupadas en
la Industria por aglomerados urbanos. 1999

La mayor proporción de trabajadoras industriales se concentran
en zonas de asiento tradicional de la industria (como los Partidos
del Gran Buenos Aires o Mar del Plata) y en las de actividad más
recientes a través del Régimen de Promoción
Industrial (como Tierra del Fuego o San Luis).
Gráfico 27: Mujeres ocupadas en
el Comercio por aglomerados urbanos. 1999

Considerando la participación femenina en el Comercio,
los aglomerados de Concordia y Gran Rosario superan en alrededor
de 10 puntos porcentuales la media nacional, seguidos por Tucumán
y Mendoza. En el otro extremo, en la Ciudad de Buenos Aires el
Comercio absorbe la mitad de mano de obra femenina en relación
al promedio nacional.
Gráfico 28: Mujeres ocupadas en
los Servicios por aglomerados urbanos. 1999

En un importante número de aglomerados urbanos los Servicios
absorben más del 30% de la mano de obra femenina: Posadas,
Buenos Aires, Santiago del Estero, Córdoba, San Salvador
de Jujuy, Formosa, Resistencia, Salta, Partidos del Gran Buenos
Aires, Santa Fe, Neuquén, San Miguel de Tucumán,
Comodoro Rivadavia, Paraná, La Rioja, Mar del Plata, La
Plata, San Juan, Mendoza, Río Cuarto y Concordia.
Gráfico 29: Mujeres ocupadas en
las Actividades Sociales por aglomerados urbanos. 1999

Las Actividades Sociales ejercen una fuerte demanda de mano de
obra femenina (30% o más de las ocupadas) en Santa Rosa,
Río Cuarto, Río Gallegos, San Miguel de Tucumán,
Buenos Aires, Santa Fe, Catamarca, Corrientes, La Plata, Concordia,
Córdoba, Resistencia y Paraná.
Gráfico 30: Mujeres ocupadas en
la Administración Pública por aglomerados urbanos.
1999

Más del 25% de las trabajadoras de Río Gallegos
están ocupadas en la Administración Pública.
Otros aglomerados donde esta actividad es una fuente importante
de trabajo (entre el 15 % y el 20%) son: Tierra del Fuego, La
Plata, La Rioja, Santa Rosa, Neuquén, Formosa y Corrientes.
6. DESOCUPACIÓN
Los datos de desocupación en Argentina han sufrido dramáticas
variaciones en los últimos años. Para fines de 2001,
la proporción de desempleados había trepado al 20%.
Considerando las mediciones de referencia que son base de este
informe, la proporción de personas desocupadas era en 1999
del 8,3%, algo inferior a la de 1995 (10,6%). En ambas mediciones,
los hombres presentan valores algo mayores que las mujeres.
Gráfico 31: Desocupación
por sexo. 1999

Las tasas específicas de desocupación reflejan en
cambio una asimetría en detrimento de las mujeres.
Gráfico 32: Tasa de desocupación
abierta por sexo. 1999, 1995.

La comparación entre ambas mediciones muestra una tendencia
creciente en la mediana de edad de los desocupados: mientras en
1995 era de 28 años, en 1999 era de 30 años. En
ambas mediciones, la mediana de edad de los desempleados hombres
es un año mayor que la de las mujeres.
El 60,2% de los desempleados tiene segundo ciclo escolar incompleto
o más, proporción que es más alta entre las
mujeres en ambas mediciones.
Considerando los ingresos provenientes de cualquier fuente, se
observa que la mediana se ubica en $ 200, sin diferenciación
por sexo.
7. DESIGUALDADES DE INGRESOS
Ingresos de todas las fuentes
Gráfico 33: Media y Mediana de los
ingresos de todas las fuentes de las personas de 14 años
y más. 1999

Considerando los ingresos de todas las fuentes para las personas
de 14 años y más, puede observarse una brecha de
género de 0.61 para los valores promedio y una brecha de
0.7 considerando los valores mediaños.
Si se compara el ingreso medio del 20% de la población
con menores ingresos y el 20% con mayores ingresos, puede constatarse
que la diferencia es 11,6 veces más a favor de los de mayores
ingresos. Teniendo en cuenta que hay un sesgo en la declaración
de ingresos sobre todo de los más altos, es posible que
esta diferencia esté en la realidad más acentuada.
La comparación intra-género muestra que hay una
polarización algo mayor entre los hombres (11.9) que entre
las mujeres (10,7).
Gráfico 34: Ingreso medio del 20%
con menores ingresos y del 20% con mayores ingresos por sexo.
1999

En ambos extremos de la escala salarial, los ingresos promedio
de los hombres son mayores que los de las mujeres. Sin embargo,
la brecha de género en el quintil inferior es menor (0,97),
vía seguramente el achatamiento del salario de los hombres.
En el quintil de mayores ingresos la brecha de género es
de 0,87.
Gráfico 35: Proporción de
hombres y mujeres en el 20% con mayores y con menores ingresos.
1999

Acorde con tendencias generales en la región, las mujeres
son amplia mayoría en el quintil con menores ingresos (casi
6 de cada 10), en tanto que representan sólo la tercera
parte de la población con mayores ingresos.
Considerando la participación de mujeres en el 20% con
mayores ingresos, el siguiente gráfico permite apreciar
las diferencias en los aglomerados urbanos:
Gráfico 36: Proporción de
mujeres en el 20% con mayores ingresos por aglomerados urbanos.
1999

Como puede observarse, en un extremo se ubica Formosa con un 40%
de mujeres en el quintil superior de ingresos. Inversamente, por
debajo de la media nacional y sin alcanzar el 25% de participación
en ese nivel, se encuentran las mujeres de Rosario, Mendoza, Comodoro
Rivadavia y Mar del Plata.
Gráfico 37: Proporción de
mujeres en el 20% con menores ingresos por aglomerados urbanos.
1999

Buenos Aires es el aglomerado donde las mujeres constituyen mayoría
absoluta (70%) entre el 20% con menores ingresos, seguida por
Tierra del Fuego. Ambos aglomerados son casualmente los que evidencian
la media de ingresos más alta del país para las
mujeres.
Es interesante analizar más cuidadosamente esta aparente
paradoja. Tomando el caso de Buenos Aires, puede observarse una
agudísima concentración de ingresos. En efecto,
el 10% más rico participa en un 54,6% de los ingresos totales.
En el otro extremo, el 50% de menores ingresos de la población,
participan de un 8,7% del total de ingresos.
Comparando con un aglomerado medio, como Concordia, la distribución
es mucho menos polarizada: el 10% más rico participa del
21,1% de los ingresos, en tanto el 50% más pobre participa
del 40,1%.
Esto significa que Buenos Aires, al mismo tiempo que es el aglomerado
más rico del país, presenta una de las concentraciones
de ingreso más fuertes y una mayor discriminación
por ingreso de las mujeres.
8 - CONSIDERACIONES FINALES
El Sistema Integrado de Indicadores de Género en las áreas
de Trabajo y Educación, fue diseñado con la idea
de proveer un panorama amplio y comparativo entre los países
del Mercosur acerca de la condición femenina en las áreas
de trabajo y educación.
Un primer aporte de este proyecto es la concepción de indicadores
estadísticos organizados en un sistema de información
que encierra la potencialidad de actualización y enriquecimiento
permanente. A diferencia de otros tipos de investigaciones, que
parten de un diseño inicial y terminan en un resultado
final, un sistema de información es una herramienta que
surge y se mantiene como proceso en construcción y cuyos
contenidos pueden ser perfectibles y ampliables. Su punto de inicio
son los cimientos que pueden ser mejorados.
Un segundo aporte original del proyecto, es la dimensión
comparativa subregional. Esto abona un terreno fértil para
definir tendencias comunes y especificidades entre los países
miembros del Mercosur. Para garantizar comparatividad fue necesario
analizar cuidadosamente las bases de datos disponibles, la operacionalización
de las variables y la construcción de indicadores. El resguardo
de esta dimensión comparativa implicó limitar la
integración de indicadores sólo a aquellos que fueran
comunes, es decir, que estuvieran relevados en los cuatro países.
El enfoque comparativo entre países se complementa con
una visión descentralizada a nivel de aglomerados urbanos
dentro de cada país, que admite análisis más
específicos y minuciosos en el nivel local.
Otro aporte es el enfoque de la integración. En efecto,
el Mercosur asienta su identidad fundamental en su concepción
como bloque comercial. Y las relaciones comerciales entre los
cuatro países y de ellos hacia el resto de la región
y el mundo, son las bases en que se asienta el proceso de integración.
Al incorporar contenidos de trabajo y educación desde una
perspectiva de género, se fortalece y amplía una
identidad social de la sub-región que no está usualmente
explícita ni es priorizada.
Un aporte adicional lo constituye el tipo de destinatario del
Sistema. En efecto, los resultados previstos del Proyecto deberán
ser de utilidad inmediata para organismos de gobierno, decisores
de políticas, ONGs, entidades públicas y privadas
orientadas al mejoramiento de las condiciones de vida de las mujeres,
investigadores y mujeres en general. Para llegar a un espectro
tan amplio y diverso de destinatarios se previeron medios de difusión
informáticos y gráficos.
Teniendo en cuenta que mayoritariamente los destinatarios previstos
no son académicos y que las estadísticas no son
fácilmente comprensibles para personas no entrenadas, para
el informe de Argentina se optó por una presentación
asentada en gráficos sencillos que puedan poner claridad
sobre situaciones de discriminación y permitan fundamentar
decisiones políticas.
La información incluida en el estudio preparado para Argentina,
proviene de los datos que proporciona la Encuesta Permanente de
Hogares (EPH) que realiza el Instituto Nacional de Estadísticas
y Censos (INDEC) y que tiene por objetivos relevar el perfil demográfico
de la población, su inserción en la producción
social de bienes y servicios y la distribución social de
los mismos.
La EPH constituye un programa de relevamiento sistemático
y permanente de datos, que utiliza como unidades de análisis
los hogares y los individuos. Se aplica en 28 aglomerados urbanos
de la Argentina6.
La encuesta se basa en una muestra probabilística, estratificada,
en dos etapas, que comprende 27.000 viviendas en todo el país
y produce estimaciones válidas para los aglomerados urbanos
que cubre y para su total.
Es importante señalar que, como en toda encuesta por muestreo,
los resultados obtenidos son valores que estiman el verdadero
valor de cada tasa y tienen asociados un error, cuya cuantía
también se estima y permite conocer la confiabilidad de
las estimaciones.
El perfil de Argentina se basa en la información proporcionada
por las ondas de octubre de 1995 y 1999.
El patrón central de análisis está basado
en la información más reciente (octubre 1999). En
los casos que resultó significativo para la evaluación
de tendencias, se efectuó un análisis comparativo
entre ambas mediciones.
Principales tendencias en Argentina.
El análisis de indicadores sobre trabajo y educación
para los 28 aglomerados urbanos que releva la Encuesta Permanente
de Hogares en Argentina (mediciones de 1995 y 1999), revela tendencias
a un mejor posicionamiento relativo de las mujeres, sobre todo
en materia de educación y participación en el mercado
de trabajo.
También puede constatarse una disminución en las
brechas salariales, sobre todo en los niveles de ingreso inferiores,
por la vía del achatamiento del salario de los hombres.
Sin embargo, aún se evidencian asimetrías significativas
que configuran situaciones discriminatorias en el mercado de trabajo,
a través de la persistencia de una tasa de actividad relativamente
baja y menores ingresos, pese a tener un nivel educativo notablemente
superior.
Las mujeres son mayoría en el conjunto de las áreas
urbanas de Argentina: superan en algo más de cuatro puntos
porcentuales a los varones, diferencia que se acentúa en
las edades más avanzadas.
El nivel educativo creció en todos los segmentos entre
las dos mediciones consideradas. La escolaridad primaria es prácticamente
universal en las áreas urbanas. Datos del Ministerio de
Educación de Argentina, indican que entre 1994 y 1998 el
porcentaje de crecimiento anual de la matrícula para la
enseñanza primaria fue de 1.4%. Este incremento para la
escolaridad media fue del 6.4% anual. El crecimiento es más
marcado para las mujeres y hay una mayor retención de ellas
por parte del sistema educativo: en efecto, en tanto el 73.6%
de los varones de entre 15 y 18 años está escolarizado/a,
las mujeres en esa condición son el 80,2%.
El 62,1% del total de la población mayor de 14 años
tiene segundo ciclo escolar incompleto o más. Esta proporción
es sensiblemente superior al conjunto de países de la región,
incluyendo Uruguay que es el mejor posicionado.
En el conjunto de la población con ese nivel educativo
en Argentina, la proporción de hombres es superior en dos
puntos a las mujeres, pero esto significa que son mayoritarios
en los niveles educativos intermedios. Inversamente, las mujeres
los aventajan en dos puntos en el nivel superior incompleto o
completo.
Tomando en cuenta la posición en el hogar, las cónyuges
(55,2%) son más educadas que las mujeres jefas (47,7%).
Esto se correlaciona con el hecho de que las primeras son más
jóvenes que las jefas. Asimismo estas últimas tienen
un nivel educativo inferior al de los jefes varones.
Las amas de casa constituyen el segmento con menor proporción
de acceso a un nivel educativo que incluya el segundo ciclo escolar
incompleto o más (44,7%). Por el contrario, las mujeres
activas, estén o no ocupadas, alcanzaron mayoritariamente
ese nivel educativo: en efecto, el 71,3% de las ocupadas y el
69,5% de las desocupadas tienen por lo menos segundo ciclo escolar
incompleto o más. Esto muestra que el nivel educativo opera
como un fuerte condicionamiento para la participación de
las mujeres en el mercado de trabajo, ya sea por un mecanismo
de selección desde la demanda o por una auto-selección
desde las propias mujeres.
Buenos Aires es el aglomerado urbano con mayores niveles educativos
para ambos sexos, ubicándose Concordia y los Partidos del
Gran Buenos Aires, en el otro extremo.
Tres cuartas partes de la población urbana de Argentina
tiene 14 años o más, superando las mujeres esa proporción
en cinco puntos porcentuales. Sin embargo, al considerar la tasa
de actividad, las mujeres están claramente desaventajadas.
Mientras la tasa de actividad masculina es del 72,3% la femenina
es del 42,9%. Esto significa que la brecha de género7 en
este indicador es de 0,59. Comparando con el resto de los países,
la tasa de actividad femenina de Argentina es la más baja
de la región.
Desde el punto de vista de la ocupación, el 60% de la misma
corresponde a los hombres, en tanto que las mujeres retienen el
40% restante. Comparando las dos mediciones consideradas, la brecha
de género en la ocupación tendió a disminuir,
especialmente en los tramos de edad donde había mayores
diferencias, es decir a partir de los 25 años.
Pese a que -como ya se vio- las mujeres ocupadas tienen un nivel
de educación formal muy superior al de los hombres, la
brecha de género en los ingresos (considerando todas las
fuentes) es de 0,8. Entre ambas mediciones esta brecha tendió
a decrecer, vía la disminución del salario masculino.
La diferencia es más acentuada en detrimento de las mujeres,
a medida que aumenta la edad.
La mayor parte de los ocupados son asalariados, y es en este segmento
donde se aprecia una mayor presencia de mujeres. Este es también
el segmento con mayor instrucción formal, en buena medida
por influencia de las mujeres: ellas aventajan en 9 puntos porcentuales
a los hombres cuando se considera a los que tienen segundo ciclo
escolar incompleto o más.
A pesar de ser el 40% de las personas ocupadas, las mujeres participan
sólo del 32% de la masa total de ingresos proveniente de
la ocupación principal. Precisamente, comparando con la
brecha de género de los ingresos de todas las fuentes,
la diferencia respecto de los ingresos a través de la ocupación
principal es mayor (0,73).
Respecto de los ingresos, existen fuertes asimetrías geográficas
intra-género en Argentina: comparando los aglomerados urbanos
con mayores ingresos (como Tierra del Fuego o Buenos Aires), las
mujeres ganan en promedio 2,5 veces más las de los aglomerados
de menores ingresos (San Miguel de Tucumán o Concordia).
Considerando la rama de actividad, puede observarse una fuerte
segregación por sexo. La Construcción, los Transportes
y Comunicaciones y la Industria, son ramas claramente masculinizadas.
Inversamente, los Servicios (incluyendo el servicio doméstico)
y las Actividades Sociales (Enseñanza, Servicios Sociales
y Salud) son actividades con una fuerte presencia femenina. Pese
a eso, los ingresos en los Servicios evidencian la mayor brecha
de género en detrimento de las mujeres, seguido por las
Actividades Sociales.
La tasa de desocupación para Argentina en las dos mediciones
consideradas, muestan una mayor proporción relativa de
mujeres, a pesar de que estas tienen un nivel educativo más
alto.
Considerando los extremos de la escala de ingresos, es decir el
ingreso medio del 20% con mayores ingresos y el ingreso medio
del 20% con menores ingresos, se observa que en ambos extremos
los hombres perciben más que las mujeres, pero la diferencia
es más aguda en la población de mayores ingresos.
Una información contundente respecto de las desigualdades
de género la propociona la distribución por sexo
en los quintiles de mayores y menores ingresos respectivamente.
En efecto, casi 6 de cada 10 personas en el quintil de menores
ingresos son mujeres. Inversamente, la presencia de ellas representa
sólo 3 de cada 10 en el extremo de mayores ingresos.
La Ciudad de Buenos Aires presenta una situación de aguda
concentración de ingresos. El 10% más rico participa
en un 54,6% de los ingresos totales de la Ciudad. Por otro lado,
el 50% de la población con menores ingresos, participa
sólo del 8,7% del total de ingresos. En la distribución
por género, las mujeres representan el 70% de la población
en el quintil de menores ingresos (10 puntos porcentuales por
encima del promedio nacional). Así, la Ciudad de Buenos
Aires, que es el aglomerado urbano más rico del país,
presenta una de las concentraciones de ingresos más fuertes
y una mayor discriminación de las mujeres por ingreso.
Desafíos en los escenarios actuales
El colapso financiero e institucional que estalla en diciembre
de 2001 en Argentina, implica abruptos cambios en la estructura
económica y social. La bancarrota económica, el
caos social y la ruptura institucional agudizan las tendencias
de riesgo personal y amenazan la vida de hombres y mujeres de
manera diferencial.
Este colapso encuentra su fundamento en la decisión macroeconómica
de "atar" la moneda al dólar asumida por el gobierno
en 1991 y que se combina por lo menos con tres tipos de ingredientes
adicionales:
a) Las políticas de ajuste estructural y apertura de mercados
adoptadas bajo un encuadre de rigurosa ortodoxia neo-liberal durante
el período 1991-2001.
b) La debilidad democrática y la falta de participación
ciudadana durante el gobierno de Menem (1989-1999) y el gobierno
de De La Rua (1999-2001).
c) La cultura de tolerancia a la corrupción y unaccountability
vigente tanto en sectores públicos como en los privados.
Los impactos de esta crisis presentan caracteres diferenciales
según sectores sociales, ubicación geográfica
y por género. La dinámica de los cambios y la agilidad
requerida para las respuestas en el nivel de decisiones políticas,
renuevan la vigencia del presente proyecto para visualizar con
rapidez situaciones de inequidad de género y por sectores
sociales, a nivel nacional y local.
Anexo
Estadistico
Notas
1
- Sociologa. Investigadora en diversas instituciones academicas
y de la administracion publica. Especialista en tematicas de genero
en las politicas publicas.
2 - Situación de las Mujeres en la Argentina, INDEC - UNICEF,
Buenos Aires, 2000.
3 - Brecha de género: cociente entre el valor registrado
para las mujeres frente al de los varones. Cuando el resultado
es 1, implica que la situación es similar. Un valor inferior,
implica una situación de desigualdad en detrimento de las
mujeres.
4 - La Encuesta Permanente de Hogares de Argentina registra la
subocupación horaria, que incluye a las personas que trabajan
hasta 35 hs. semanales y desearían trabajar más.
5 - Para el presente informe, las Actividades Sociales incluyen
Enseñanza, Servicios Sociales y de Salud.
6 - Hasta Mayo de 1995 eran 25 los aglomerados incluidos en el
relevamiento: Gran Buenos Aires, Gran La Plata, Bahía Blanca-Cerri,
Gran Catamarca, Gran Córdoba, Corrientes, Gran Resistencia, Comodoro
Rivadavia-Rada Tilly, Gran Paraná, Formosa, Jujuy-Palpalá, Santa
Rosa-Toay, La Rioja, Gran Mendoza, Posadas, Neuquén-Plottier,
Salta, Gran San Juan, San Luis-El Chorrillo, Río Gallegos, Gran
Rosario, Gran Santa Fe, Santiago del Estero-La Banda, Ushuaia-Río
Grande y Gran Tucumán-Tafí Viejo. A partir de octubre de 1995
se incorporaron: Concordia, Río Cuarto y Mar del Plata-Batán.
7 - Brecha de género: es el resultado de la división
entre el valor obtenido para las mujeres y el respectivo obtenido
para los hombres. Cuanto más cercano a 1 es ese resultado,
significa mayor igualdad. Cuanto más distante de 1, significa
mayor asimetría.
Bibliografía:
CEPAL: Indicadores de género para el seguimiento y la evaluación
del Programa de Acción Regional para las Mujeres de América
Latina y el Caribe. Santiago de Chile, 1999.
Instituto Nacional de Estadística y Censos: Situación
de las Mujeres en la Argentina, Buenos Aires, 2000.
Ministerio de Trabajo y Seguridad Social: Boletín de Estadísticas
Laborales, Buenos Aires, 1996.
Sanchís Norma (Compiladora): Aportes para el desarrollo
de un Sistema de Información del Mercado Laboral en Argentina,
Buenos Aires, 1998.
Sistema de Información, Monitoreo y Evaluación de
Programas Sociales (SIEMPRO), Ministerio de Desarrollo Social:
Encuesta de Desarrollo Social. Agosto 1997. Resultados Definitivos
del nivel nacional. Buenos Aires, 2000.
Subsecretaría de la Mujer: Mujeres en Argentina: Estado
de situación a 5 años de Beijing. Buenos Aires,
1999.
Subscretaría de la Mujer: Mujeres en el mercado laboral
en Argentina. Buenos Aires, 1999. |