Perfil Argentina

Norma Sanchis1

Sumario

Introducción

1. Indicadores Demograficos

2. Posición en la Familia

3. Educación

4. Tasa de Actividad

5. Ocupación

6. Desocupación

7. Desigualdades de Ingresos

8. Consideraciones Finales

Anexo Estadistico

Bibliografía




INTRODUCCIÓN

Según datos del censo nacional de 2001, la población de Argentina es de 36.027.041, distribuida en un territorio de 2.780.400 km2. La densidad de población a nivel nacional es de 13,0 habitante por km2, con fuertes diferencias en la distribución. Así, la Ciudad de Buenos Aires tiene 13.647,3 hab/km2, la Provincia de Buenos Aires tiene 44,7 hab/km2. En el otro extremo, la Provincia de Santa Cruz tiene una densidad de población de 0,8 hab/km2.

El índice de femineidad, es decir el número de mujeres por cada 100 varones, es en la población total de 105,1. Hasta los datos registrados en el censo de 1947, la proporción de mujeres era inferior a la de los varones, como impacto seguramente de las corrientes migratorias2. En 1960 los datos se igualan, y a partir de 1970 las mujeres tienen una presencia creciente en el conjunto de la población. En la Ciudad de Buenos Aires, el índice de femineidad arroja un valor de 120,4.

El análisis de los grupos etáreos mayores, pone en evidencia un proceso de envejecimiento de la población femenina, particularmente a partir de mediados del siglo XX.

Para 1999, la Encuesta Permanente de Hogares releva en los 28 aglomerados urbanos un 8,0% de mujeres mayores de 60 años, frente a un 5,4% de varones que superan esa edad.

1. INDICADORES DEMOGRAFICOS

Gráfico 1: Proporción de hombres y mujeres sobre la población total. 1995 y 1999


Considerando el total de aglomerados urbanos las mujeres argentinas son mayoría: constituyen el 52,1 % de la población en 1999, sin variaciones respecto de 1995 (52.4%).

Los datos por aglomerados urbanos muestran que las mujeres son particularmente mayoritarias en la Ciudad de Buenos Aires, disminuyendo su representación en otros aglomerados.

Gráfico 2: Proporción de mujeres en la población total por aglomerados urbanos. 1999

Media y mediana de edad por sexo.

La media de edad de la población es de casi 32 años, superando las mujeres en 3 años la media masculina. La diferencia se amplía a 4 años a favor de las mujeres cuando se toma en consideración la mediana, que para el total de la población arroja un valor de 28 años. El gráfico expresa los datos correspondientes a 1999, sin diferencias significativas respecto de 1995.

Gráfico 3: Media y mediana de edad de la población total por sexo. 1999

Menores de un año sobre el total de la población

Las personas menores de un año constituyen el 1.6% de la población, distribuyéndose los varones y mujeres en proporciones idénticas.

Mayores de 60 años sobre el total de la población

Por su parte, las personas de 60 años y más son el 13.3% de la población en 1999 (14.3% en 1995). Las mujeres (8%) superan ampliamente a los varones (5.4%) en este tramo de edad.

Distribución de edad de la población

Una cuarta parte de la población corresponde a los menores de 14 años y una proporción similar, a los mayores de 50. El resto se distribuye en un 20% de jóvenes de 15 a 24 años y un 30% de adultos de 25 a 49. En este último tramo las mujeres ya evidencian mayoría, diferencia que se acentúa en el tramo de edades mayores.

Gráfico 4: Población total según tramos de edad por sexo. 1999

2. POSICIÓN EN LA FAMILIA

Posición en la familia de las personas de 14 años y más

El 38,4% de la población se define en la jefatura de hogar, correspondiendo el 27,9% a los hombres y el 10,5% a las mujeres. Comparando con los datos de 1995 (9,2%), se insinúa una tendencia creciente en la jefatura femenina. Por su parte, el 25,6% de la población mayor de 14 años se define como cónyuge, con mayoría absoluta de mujeres y una tendencia decreciente respecto de 1995.

Gráfico 5: Posición en la familia por sexo. 1999

La mediana de edad de los jefes de familia es de 49 años, con fuertes diferencias entre varones (47 años) y mujeres (56 años). Las medianas de 1995 arrojan valores de 46 y 58 años respectivamente. Esta diferencia es coherente con la mayor expectativa de vida de las mujeres y con la incidencia de los hogares unipersonales de mujeres de edades avanzadas.
Los cónyuges son relativamente más jóvenes: la mediana total y también la de las mujeres es 43 años sin variaciones en las mediciones consideradas.

En relación al nivel educacional, las mujeres jefas son relativamente algo menos instruidas que los jefes. En efecto, frente a un 53,9% de la población total de jefes que tiene por lo menos 2° ciclo escolar incompleto, un 47,7% de las mujeres alcanza ese nivel.
En el caso de las cónyuges, la proporción se eleva al 55,2% con el nivel de escolaridad mencionado.

Considerando todas las fuentes de ingreso, el promedio de ingresos de los jefes de hogar varones era en 1999 de 540 pesos, frente a 350 pesos de las mujeres jefas. La brecha de género3 entre ambos datos es de 0.65. Esa brecha era de 0.58 para 1995. Dado el predominio casi absoluto de mujeres entre los/as cónyuges, las brechas son casi inexistentes (1 en 1999 y 0.9 en 1995), con un monto de 400 pesos promedio en la medición de referencia.

La proporción de jefas de hogar en los distintos aglomerados urbanos del país, arroja los siguientes resultados:

Gráfico 6: Jefas de hogar por aglomerados urbanos. 1999

Características de las amas de casa.

La proporción de personas de 14 años y más que se ocupan de las tareas domésticas y se definen como amas de casa es del 15,6%, siendo en su totalidad mujeres, con una edad promedio de 43 años. La proporción de aquellas que tienen segundo ciclo escolar incompleto o más es del 44,7%. El nivel educativo era algo inferior en 1995 (41,2%).

Gráfico 7: Amas de casa por aglomerados urbanos. 1999.

Como puede observarse, hay diferencias significativas en la proporción de amas de casa sobre la población en los distintos aglomerados urbanos. La Ciudad de Buenos Aires es el aglomerado urbano con mayor proporción de jefas de hogar y menor proporción de amas de casa.

3. EDUCACIÓN

El Censo de 1991 arroja un 4.1% de analfabetas entre las mujeres de 15 años y más, con una proporción sensiblemente mayor en las áreas rurales y con una tendencia creciente por edad.

En las últimas décadas la escolarización ha tenido una curva creciente, sobre todo para las mujeres. El crecimiento se hace evidente aún considerando períodos cortos de tiempo: así lo demuestra el análisis comparativo de los datos que arrojan las mediciones de 1999 respecto de la de 1995 de la Encuesta Permanente de Hogares.

La escolaridad primaria es casi universal en la población urbana argentina. En efecto, en 1999, el 98,4% de los niños de entre 7 y 14 años asiste a la escuela, sin distinción por sexo. Esta proporción es algo superior a la registrada en 1995 (96,6%).

Gráfico 8: Grado de escolaridad de la población de 7 a 14 años, por sexo. 1999, 1995


En el tramo de 15 a 18 años, la proporción desciende a 76,9%, que es de todos modos sensiblemente mayor que la de 1995 (66,9%). Considerando la escolaridad por sexo, el 80,2% de mujeres de esa edad asiste a la escuela, frente al 73,6% de hombres, lo que implica una mayor retención de mujeres por parte del sistema educativo a partir del segundo ciclo.

Gráfico 9: Escolaridad de la población de 15 a 18 años, por sexo. 1999, 1995


El elevado nivel de educación formal se observa también al considerar a la población mayor de 14 años. En efecto, en 1999 un total de 62,1% de habitantes de las áreas urbanas tiene por lo menos segundo ciclo escolar incompleto o más, con una tendencia creciente ya que en 1995 esa proporción era de 57,5%. Las mujeres de este tramo de edad tienen son una proporción algo inferior a la de los hombres, pero la diferencia tiende a disminuir. En efecto, la brecha de género en este nivel educativo era 0.96 en 1999, algo menor a la registrada en 1995, que era 0.94.

El nivel educativo es altamente condicionante para la participación de las mujeres en el mercado de trabajo. Cabe destacar que mientras sólo el 44,7% de las amas de casa tiene segundo ciclo incompleto o más, lasmujeres ocupadas con ese nivel de estudios son el 71,3% y las desocupadas son el 69,5%. Otra variable que seguramente está condicionando las diferencias de nivel educativo entre activas e inactivas es la edad, ya que entre las primeras predominan los tramos más jóvenes y edades maduras, en tanto que entre las segundas, hay mayor representación de edades avanzadas.

Gráfico 10: Población de 14 años y más con segundo ciclo escolar incompleto o más por sexo. 1999, 1995

Gráfico 11: Población de 14 años y más con segundo ciclo escolar incompleto o más por aglomerados urbanos por sexo. 1999



Una quinta parte de los mayores de 14 años tienen nivel superior incompleto o completo. Este nivel educativo también ha aumentado entre las dos mediciones consideradas. Así, en 1999 un total de 21.6% tenía estudios superiores , superando en más de 3 puntos porcentuales a la cifra registrada en 1995. La brecha de género era inexistente en 1995, pero en 1999 las mujeres con instrucción superior aventajan en más de dos puntos a los varones.

Gráfico 12: Población de 14 años y más con nivel superior incompleto o completo por sexo. 1999, 1995


La distribución según los distintos aglomerados urbanos muestra diferencias significativas.

Gráfico 13: Población mayor de 14 años con nivel superior incompleto o completo por aglomerados urbanos por sexo. 1999

En un extremo, la ciudad de Buenos Aires que casi duplica la media nacional, se coloca a gran distancia de la mayor parte del resto de los aglomerados urbanos en lo que hace a estudios superiores completos o incompletos de su población. En el otro extremo y con una polarización muy notoria dada su ubicación lindante, se sitúan los Partidos del Gran Buenos Aires, que constituyen el cordón urbano que rodea la ciudad. Proporciones igualmente bajas se observan para los aglomerados de Formosa, Santiago del Estero, Concordia y Río Gallegos. Salvo las pequeñas diferencias en favor de los hombres en las ciudades de Buenos Aires, Corrientes, Mendoza y La Plata, las mujeres son mayoría entre la población urbana del resto del país con este nivel educativo. En otro orden, un 3,9% de los mayores de 14 años, trabajan y estudian, siendo la proporción algo mayor entre los hombres y también, para ambos sexos, en 1999 respecto de 1995.

4. TASA DE ACTIVIDAD

El 75,3% de la población total tiene 14 o más años de edad, con una distribución desigual por sexo, porque en tanto los hombres son el 35,2%, las mujeres constituyen el 40,1%.

La tasa de actividad total era de 56,7% en 1999, siendo para los hombres de 72,3%, en tanto que para las mujeres es de 42,9%.

Cabe mencionar que la participación femenina en el mercado de trabajo ha tenido una tendencia creciente en las últimas décadas del siglo XX. Este crecimiento que ha sido en buena medida real, estuvo acompañado de una mejor captación estadística de un conjunto de modalidades laborales que involucran sobre todo a las mujeres.

De todas maneras la brecha de género era en 1999 de 0.59, lo que muestra la persistencia de la asimetría en la participación de mujeres y varones en el mercado de trabajo.

Gráfico 14: Tasa de actividad por sexo. 1999, 1995.

Como se observa en el siguiente gráfico, existen notorias diferencias a lo largo del país en la actividad femenina, situándose en los extremos Tierra del Fuego, con un 50% de actividad por un lado, seguida por Buenos Aires, Neuquén y Santa Rosa, y Santiago del Estero que apenas supera el 30%, por el otro.

Gráfico 15: Tasa de actividad de las mujeres por aglomerados urbanos. 1999

5. OCUPACIÓN

El 48,4% del total de personas mayores de 14 años estaba ocupada en 1999, distribuyéndose por sexo en 29,1% para los hombres y 19,3% para las mujeres. Si bien la ocupación femenina evidencia un fuerte crecimiento, la brecha de género de 0.66 indica que persiste la asimetría.

Gráfico 16: Proporción de mayores de 14 años ocupados por sexo. 1999

Tal como se observa en el siguiente gráfico, existen diferencias importantes en la ocupación femenina en los distintos aglomerados urbanos: entre la Ciudad de Buenos Aires (que ocupa el primer lugar) y San Miguel de Tucumán (que ocupa el último) hay una diferencia de 10 puntos porcentuales.

Gráfico 17: Mujeres ocupadas por aglomerados urbanos. 1999


Asimismo, la ocupación se distribuye de manera desproporcionada en los distintos tramos de edad.

Gráfico 18: Ocupados según tramos de edad por sexo. 1999


Las brechas de género de la ocupación que se deducen de estos datos son las siguientes:

  14-24 años 25-49 años 50 años y más
1999 0.64 0.62 0.46
1995 0.62 0.57 0.41

Como se observa, comparando ambas mediciones las brechas tendieron a disminuir en todos los casos. Las mayores diferencias se dan en el grupo de edades mayores.

La mediana de edad de mayores de 14 años ocupados se ubica en los 38 años, con idénticos valores para hombres y mujeres.

El 66,7% de los ocupados tiene segundo ciclo escolar incompleto o más, con una tendencia claramente favorable para las mujeres (71,3%) en relación a los hombres (63,7%). La proporción de población con este nivel educativo creció entre las dos mediciones: en 1995 era 62,7%, también con una ventaja relativa para las mujeres.

El ingreso medio de las personas ocupadas es de $ 490, superando los hombres ($ 500) en 100 pesos a las mujeres ($400), que implica una brecha de género de 0.8. Los hombres evidencian una sensible disminución de ingresos desde 1995, cuando el promedio estaba en $ 580, en tanto que no se modificó el ingreso de las mujeres.

Gráfico 19: Mediana de ingresos de los ocupados según tramos de edad, por sexo. 1999

Las brechas de género de los ingresos de los ocupados arrojan los siguientes resultados:

  TOTAL14-24 años25-49 años50 años y más
19990.80.940.80.7
19950.6810.660.7

Los ocupados de 14 a 24 años no presentan diferencias sensibles por sexo. Para el tramo de 25 a 49 años, la brecha de género es inferior en 1999, por la vía de la disminución de los ingresos de los hombres entre ambas mediciones, mientras las mujeres se mantuvieron estables. En cuanto a las diferencias de ingresos de los mayores de 50 años, no tuvieron modificaciones entre ambas mediciones.

Posición en la ocupación

La mayor proporción de ocupados (35%) son asalariados, un 10,5% son autónomos y un 2,2% son empleadores. Mientras que estas dos últimas categorías no presentan diferencias respecto a la medición de 1995, la proporción de asalariados tendió a crecer.

Gráfico 20: Posición en la ocupación por sexo. 1999

Las brechas de género muestran una mayor feminización relativa de los asalariados y un mejor posicionamiento de las mujeres para todas las categorías entre ambas mediciones.
  Asalariado/aCuenta PropiaEmpleador/a
19990.70 0.580.29
19950.660.520.27

El grupo de empleadores presenta una mediana de edad superior a los otros dos grupos. A su vez los autónomos son mayores que los asalariados. Los empleadores varones son algo mayores que las mujeres en tanto que las edades por sexo son similares en las otras categoría.

Respecto del nivel educativo, en los tres grupos la proporción de mujeres con segundo ciclo escolar incompleto o más superan a la de los hombres. Un total de 68,6% de asalariados tiene ese nivel educativo, superando las mujeres en 9 puntos porcentuales a los hombres. Los patrones llegan al 80,0% con dicho nivel, presentando las mujeres una ventaja de 4 puntos porcentuales. Los cuentapropistas tienen un nivel educativo relativamente más bajo (57,3% con segundo ciclo escolar incompleto o más, también con 4 puntos a favor de las mujeres).

Gráfico 21: Personas ocupadas con segundo ciclo escolar incompleto o más según categoría ocupacional por sexo. 1999

Características de los ocupados según la ocupación principal

Las personas ocupadas trabajan en promedio casi 43 horas semanales. Sin embargo, analizado desde el punto de vista de género, este valor se distribuye de manera diferenciada entre varones y mujeres. En efecto, la intensidad de trabajo en la ocupación principal es muy superior entre los hombres (47 hs. semanales) con segmentos altamente sobre-ocupados. Las mujeres -afectadas de manera sensible por la sub-ocupación4 - trabajan en promedio 36 horas semanales.

Ingresos

La participación de varones y mujeres en la masa total de ingresos provenientes de la ocupación principal, pone en evidencia que las mujeres aportan una tercera parte (32,4%) a ese total de ingresos. Comparando ambas mediciones, puede observarse una tendencia creciente en la participación femenina (29,8% en 1995).

Gráfico 22: Participación de mujeres y varones en el total de ingresos provenientes de la ocupación principal. 1999 y 1995

En cuanto a los ingresos individuales, considerando el valor promedio percibido en la ocupación principal, la brecha de género es de 0.73.

Gráfico 23: Media y mediana de ingresos provenientes de la ocupación principal por sexo. 1999

El siguiente gráfico expresa las diferencias de la media de ingresos en la ocupación principal en los diferentes aglomerados urbanos del país.

Gráfico 24: Media de ingresos percibidos por las mujeres en la ocupación principal por aglomerados urbanos. 1999

Como se observa, algunos aglomerados del sur del país (Tierra del Fuego, Neuquén y Río Gallegos) y la Ciudad de Buenos Aires, presentan los montos más altos percibidos por las mujeres. En tanto que San Miguel de Tucumán y Concordia muestran los valores más bajos. La diferencia entre ambos extremos es de algo más de $500, lo que significa que en Concordia las mujeres ganan en promedio el 37% de lo que perciben las de Tierra del Fuego.

Rama de actividad

Considerando la ocupación principal en relación a las ramas de actividad, cabe mencionar que la Industria retrocedió alrededor de 3 puntos porcentuales entre ambas mediciones, la Construcción aumentó 1,5 puntos y la Administración Pública 1 punto, en tanto que el resto de los sectores permanecieron relativamente estables respecto de la demanda de fuerza de trabajo. Cabe aclarar que la Agricultura presenta valores despreciables, debido a que la Encuesta Permanente de Hogares se aplica en áreas urbanas.

El análisis de la inserción de mujeres y varones por rama de actividad muestra perfiles diferenciales.

Gráfico 25: Población según rama de actividad por sexo. 1999

Como puede observarse, hay una fuerte masculinización de ramas como la Construcción, el Transporte y Comunicaciones y la Industria. En esta última, los hombres superan a las mujeres por un 8,5%. Por el contrario los Servicios en general y las Actividades Sociales5 son ramas claramente feminizadas. El Comercio y la Administración Pública muestran participaciones parejas por sexo.

El análisis de la participación de los ingresos correspondientes a las distintas ramas de actividad en la masa total de ingresos, muestra que la mayor proporción corresponde a los Servicios, seguidos de las Actividades Sociales. Ambos sectores muestran una tendencia creciente en las dos mediciones consideradas. Por el contrario, la Industria retrocedió 3 puntos porcentuales en su participación en los ingresos entre 1995 y 1999.

 Rama de actividad 1999 1995
 Ingresos de la Agricultura 0,9 1,4
Ingresos de la Industria 16,3 19,5
Ingresos de la Construcción 6,7 5,9
Ingresos del Comercio 14,5 15,1
Ingresos de los Servicios 23,1 22,1
Ingresos del Transporte  y Comunicación 8,3 9,6
Ingresos de las Actividades Sociales 17,9 15,1
Ingresos de la Administración Pública 10,3 8,6

Los ingresos medios por rama de actividad y las brechas de género son las siguientes:

  Media de ingresos19991995
Agricultura599,20.50.64
Industria616,40.640.68
Construcción452,411
Comercio478,70.660.57
Servicios525,40.550.58
Transporte y comunicación618,90.790.87
Actividades Sociales596,10.730.77
Administración Pública755,00.991

Como puede observarse, la mayor brecha de género se da en los ingresos correspondientes a los Servicios, que es una actividad feminizada, seguido por la Industria y el Comercio. En las dos primeras se observa una tendencia de acentuación de la brecha, en tanto que en el Comercio esta tendió a atenuarse. La brecha es algo menor en las Actividades Sociales y prácticamente inexistente en la Administración Pública.

El siguiente gráfico muestra la participación de las mujeres en la Industria en los distintos aglomerados urbanos.

Gráfico 26: Mujeres ocupadas en la Industria por aglomerados urbanos. 1999

La mayor proporción de trabajadoras industriales se concentran en zonas de asiento tradicional de la industria (como los Partidos del Gran Buenos Aires o Mar del Plata) y en las de actividad más recientes a través del Régimen de Promoción Industrial (como Tierra del Fuego o San Luis).

Gráfico 27: Mujeres ocupadas en el Comercio por aglomerados urbanos. 1999

Considerando la participación femenina en el Comercio, los aglomerados de Concordia y Gran Rosario superan en alrededor de 10 puntos porcentuales la media nacional, seguidos por Tucumán y Mendoza. En el otro extremo, en la Ciudad de Buenos Aires el Comercio absorbe la mitad de mano de obra femenina en relación al promedio nacional.

Gráfico 28: Mujeres ocupadas en los Servicios por aglomerados urbanos. 1999

En un importante número de aglomerados urbanos los Servicios absorben más del 30% de la mano de obra femenina: Posadas, Buenos Aires, Santiago del Estero, Córdoba, San Salvador de Jujuy, Formosa, Resistencia, Salta, Partidos del Gran Buenos Aires, Santa Fe, Neuquén, San Miguel de Tucumán, Comodoro Rivadavia, Paraná, La Rioja, Mar del Plata, La Plata, San Juan, Mendoza, Río Cuarto y Concordia.

Gráfico 29: Mujeres ocupadas en las Actividades Sociales por aglomerados urbanos. 1999

Las Actividades Sociales ejercen una fuerte demanda de mano de obra femenina (30% o más de las ocupadas) en Santa Rosa, Río Cuarto, Río Gallegos, San Miguel de Tucumán, Buenos Aires, Santa Fe, Catamarca, Corrientes, La Plata, Concordia, Córdoba, Resistencia y Paraná.

Gráfico 30: Mujeres ocupadas en la Administración Pública por aglomerados urbanos. 1999

Más del 25% de las trabajadoras de Río Gallegos están ocupadas en la Administración Pública. Otros aglomerados donde esta actividad es una fuente importante de trabajo (entre el 15 % y el 20%) son: Tierra del Fuego, La Plata, La Rioja, Santa Rosa, Neuquén, Formosa y Corrientes.

6. DESOCUPACIÓN

Los datos de desocupación en Argentina han sufrido dramáticas variaciones en los últimos años. Para fines de 2001, la proporción de desempleados había trepado al 20%. Considerando las mediciones de referencia que son base de este informe, la proporción de personas desocupadas era en 1999 del 8,3%, algo inferior a la de 1995 (10,6%). En ambas mediciones, los hombres presentan valores algo mayores que las mujeres.

Gráfico 31: Desocupación por sexo. 1999

Las tasas específicas de desocupación reflejan en cambio una asimetría en detrimento de las mujeres.

Gráfico 32: Tasa de desocupación abierta por sexo. 1999, 1995.

La comparación entre ambas mediciones muestra una tendencia creciente en la mediana de edad de los desocupados: mientras en 1995 era de 28 años, en 1999 era de 30 años. En ambas mediciones, la mediana de edad de los desempleados hombres es un año mayor que la de las mujeres.

El 60,2% de los desempleados tiene segundo ciclo escolar incompleto o más, proporción que es más alta entre las mujeres en ambas mediciones.

Considerando los ingresos provenientes de cualquier fuente, se observa que la mediana se ubica en $ 200, sin diferenciación por sexo.

7. DESIGUALDADES DE INGRESOS

Ingresos de todas las fuentes

Gráfico 33: Media y Mediana de los ingresos de todas las fuentes de las personas de 14 años y más. 1999

Considerando los ingresos de todas las fuentes para las personas de 14 años y más, puede observarse una brecha de género de 0.61 para los valores promedio y una brecha de 0.7 considerando los valores mediaños.

Si se compara el ingreso medio del 20% de la población con menores ingresos y el 20% con mayores ingresos, puede constatarse que la diferencia es 11,6 veces más a favor de los de mayores ingresos. Teniendo en cuenta que hay un sesgo en la declaración de ingresos sobre todo de los más altos, es posible que esta diferencia esté en la realidad más acentuada. La comparación intra-género muestra que hay una polarización algo mayor entre los hombres (11.9) que entre las mujeres (10,7).

Gráfico 34: Ingreso medio del 20% con menores ingresos y del 20% con mayores ingresos por sexo. 1999

En ambos extremos de la escala salarial, los ingresos promedio de los hombres son mayores que los de las mujeres. Sin embargo, la brecha de género en el quintil inferior es menor (0,97), vía seguramente el achatamiento del salario de los hombres. En el quintil de mayores ingresos la brecha de género es de 0,87.

Gráfico 35: Proporción de hombres y mujeres en el 20% con mayores y con menores ingresos. 1999

Acorde con tendencias generales en la región, las mujeres son amplia mayoría en el quintil con menores ingresos (casi 6 de cada 10), en tanto que representan sólo la tercera parte de la población con mayores ingresos.

Considerando la participación de mujeres en el 20% con mayores ingresos, el siguiente gráfico permite apreciar las diferencias en los aglomerados urbanos:

Gráfico 36: Proporción de mujeres en el 20% con mayores ingresos por aglomerados urbanos. 1999

Como puede observarse, en un extremo se ubica Formosa con un 40% de mujeres en el quintil superior de ingresos. Inversamente, por debajo de la media nacional y sin alcanzar el 25% de participación en ese nivel, se encuentran las mujeres de Rosario, Mendoza, Comodoro Rivadavia y Mar del Plata.

Gráfico 37: Proporción de mujeres en el 20% con menores ingresos por aglomerados urbanos. 1999

Buenos Aires es el aglomerado donde las mujeres constituyen mayoría absoluta (70%) entre el 20% con menores ingresos, seguida por Tierra del Fuego. Ambos aglomerados son casualmente los que evidencian la media de ingresos más alta del país para las mujeres.

Es interesante analizar más cuidadosamente esta aparente paradoja. Tomando el caso de Buenos Aires, puede observarse una agudísima concentración de ingresos. En efecto, el 10% más rico participa en un 54,6% de los ingresos totales. En el otro extremo, el 50% de menores ingresos de la población, participan de un 8,7% del total de ingresos.

Comparando con un aglomerado medio, como Concordia, la distribución es mucho menos polarizada: el 10% más rico participa del 21,1% de los ingresos, en tanto el 50% más pobre participa del 40,1%.

Esto significa que Buenos Aires, al mismo tiempo que es el aglomerado más rico del país, presenta una de las concentraciones de ingreso más fuertes y una mayor discriminación por ingreso de las mujeres.

8 - CONSIDERACIONES FINALES

El Sistema Integrado de Indicadores de Género en las áreas de Trabajo y Educación, fue diseñado con la idea de proveer un panorama amplio y comparativo entre los países del Mercosur acerca de la condición femenina en las áreas de trabajo y educación.

Un primer aporte de este proyecto es la concepción de indicadores estadísticos organizados en un sistema de información que encierra la potencialidad de actualización y enriquecimiento permanente. A diferencia de otros tipos de investigaciones, que parten de un diseño inicial y terminan en un resultado final, un sistema de información es una herramienta que surge y se mantiene como proceso en construcción y cuyos contenidos pueden ser perfectibles y ampliables. Su punto de inicio son los cimientos que pueden ser mejorados.

Un segundo aporte original del proyecto, es la dimensión comparativa subregional. Esto abona un terreno fértil para definir tendencias comunes y especificidades entre los países miembros del Mercosur. Para garantizar comparatividad fue necesario analizar cuidadosamente las bases de datos disponibles, la operacionalización de las variables y la construcción de indicadores. El resguardo de esta dimensión comparativa implicó limitar la integración de indicadores sólo a aquellos que fueran comunes, es decir, que estuvieran relevados en los cuatro países.

El enfoque comparativo entre países se complementa con una visión descentralizada a nivel de aglomerados urbanos dentro de cada país, que admite análisis más específicos y minuciosos en el nivel local.

Otro aporte es el enfoque de la integración. En efecto, el Mercosur asienta su identidad fundamental en su concepción como bloque comercial. Y las relaciones comerciales entre los cuatro países y de ellos hacia el resto de la región y el mundo, son las bases en que se asienta el proceso de integración. Al incorporar contenidos de trabajo y educación desde una perspectiva de género, se fortalece y amplía una identidad social de la sub-región que no está usualmente explícita ni es priorizada.

Un aporte adicional lo constituye el tipo de destinatario del Sistema. En efecto, los resultados previstos del Proyecto deberán ser de utilidad inmediata para organismos de gobierno, decisores de políticas, ONGs, entidades públicas y privadas orientadas al mejoramiento de las condiciones de vida de las mujeres, investigadores y mujeres en general. Para llegar a un espectro tan amplio y diverso de destinatarios se previeron medios de difusión informáticos y gráficos.

Teniendo en cuenta que mayoritariamente los destinatarios previstos no son académicos y que las estadísticas no son fácilmente comprensibles para personas no entrenadas, para el informe de Argentina se optó por una presentación asentada en gráficos sencillos que puedan poner claridad sobre situaciones de discriminación y permitan fundamentar decisiones políticas.

La información incluida en el estudio preparado para Argentina, proviene de los datos que proporciona la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que realiza el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y que tiene por objetivos relevar el perfil demográfico de la población, su inserción en la producción social de bienes y servicios y la distribución social de los mismos.

La EPH constituye un programa de relevamiento sistemático y permanente de datos, que utiliza como unidades de análisis los hogares y los individuos. Se aplica en 28 aglomerados urbanos de la Argentina6.

La encuesta se basa en una muestra probabilística, estratificada, en dos etapas, que comprende 27.000 viviendas en todo el país y produce estimaciones válidas para los aglomerados urbanos que cubre y para su total.

Es importante señalar que, como en toda encuesta por muestreo, los resultados obtenidos son valores que estiman el verdadero valor de cada tasa y tienen asociados un error, cuya cuantía también se estima y permite conocer la confiabilidad de las estimaciones.

El perfil de Argentina se basa en la información proporcionada por las ondas de octubre de 1995 y 1999.

El patrón central de análisis está basado en la información más reciente (octubre 1999). En los casos que resultó significativo para la evaluación de tendencias, se efectuó un análisis comparativo entre ambas mediciones.

Principales tendencias en Argentina.

El análisis de indicadores sobre trabajo y educación para los 28 aglomerados urbanos que releva la Encuesta Permanente de Hogares en Argentina (mediciones de 1995 y 1999), revela tendencias a un mejor posicionamiento relativo de las mujeres, sobre todo en materia de educación y participación en el mercado de trabajo.

También puede constatarse una disminución en las brechas salariales, sobre todo en los niveles de ingreso inferiores, por la vía del achatamiento del salario de los hombres.
Sin embargo, aún se evidencian asimetrías significativas que configuran situaciones discriminatorias en el mercado de trabajo, a través de la persistencia de una tasa de actividad relativamente baja y menores ingresos, pese a tener un nivel educativo notablemente superior.

Las mujeres son mayoría en el conjunto de las áreas urbanas de Argentina: superan en algo más de cuatro puntos porcentuales a los varones, diferencia que se acentúa en las edades más avanzadas.

El nivel educativo creció en todos los segmentos entre las dos mediciones consideradas. La escolaridad primaria es prácticamente universal en las áreas urbanas. Datos del Ministerio de Educación de Argentina, indican que entre 1994 y 1998 el porcentaje de crecimiento anual de la matrícula para la enseñanza primaria fue de 1.4%. Este incremento para la escolaridad media fue del 6.4% anual. El crecimiento es más marcado para las mujeres y hay una mayor retención de ellas por parte del sistema educativo: en efecto, en tanto el 73.6% de los varones de entre 15 y 18 años está escolarizado/a, las mujeres en esa condición son el 80,2%.

El 62,1% del total de la población mayor de 14 años tiene segundo ciclo escolar incompleto o más. Esta proporción es sensiblemente superior al conjunto de países de la región, incluyendo Uruguay que es el mejor posicionado.

En el conjunto de la población con ese nivel educativo en Argentina, la proporción de hombres es superior en dos puntos a las mujeres, pero esto significa que son mayoritarios en los niveles educativos intermedios. Inversamente, las mujeres los aventajan en dos puntos en el nivel superior incompleto o completo.

Tomando en cuenta la posición en el hogar, las cónyuges (55,2%) son más educadas que las mujeres jefas (47,7%). Esto se correlaciona con el hecho de que las primeras son más jóvenes que las jefas. Asimismo estas últimas tienen un nivel educativo inferior al de los jefes varones.

Las amas de casa constituyen el segmento con menor proporción de acceso a un nivel educativo que incluya el segundo ciclo escolar incompleto o más (44,7%). Por el contrario, las mujeres activas, estén o no ocupadas, alcanzaron mayoritariamente ese nivel educativo: en efecto, el 71,3% de las ocupadas y el 69,5% de las desocupadas tienen por lo menos segundo ciclo escolar incompleto o más. Esto muestra que el nivel educativo opera como un fuerte condicionamiento para la participación de las mujeres en el mercado de trabajo, ya sea por un mecanismo de selección desde la demanda o por una auto-selección desde las propias mujeres.

Buenos Aires es el aglomerado urbano con mayores niveles educativos para ambos sexos, ubicándose Concordia y los Partidos del Gran Buenos Aires, en el otro extremo.

Tres cuartas partes de la población urbana de Argentina tiene 14 años o más, superando las mujeres esa proporción en cinco puntos porcentuales. Sin embargo, al considerar la tasa de actividad, las mujeres están claramente desaventajadas. Mientras la tasa de actividad masculina es del 72,3% la femenina es del 42,9%. Esto significa que la brecha de género7 en este indicador es de 0,59. Comparando con el resto de los países, la tasa de actividad femenina de Argentina es la más baja de la región.

Desde el punto de vista de la ocupación, el 60% de la misma corresponde a los hombres, en tanto que las mujeres retienen el 40% restante. Comparando las dos mediciones consideradas, la brecha de género en la ocupación tendió a disminuir, especialmente en los tramos de edad donde había mayores diferencias, es decir a partir de los 25 años.

Pese a que -como ya se vio- las mujeres ocupadas tienen un nivel de educación formal muy superior al de los hombres, la brecha de género en los ingresos (considerando todas las fuentes) es de 0,8. Entre ambas mediciones esta brecha tendió a decrecer, vía la disminución del salario masculino. La diferencia es más acentuada en detrimento de las mujeres, a medida que aumenta la edad.

La mayor parte de los ocupados son asalariados, y es en este segmento donde se aprecia una mayor presencia de mujeres. Este es también el segmento con mayor instrucción formal, en buena medida por influencia de las mujeres: ellas aventajan en 9 puntos porcentuales a los hombres cuando se considera a los que tienen segundo ciclo escolar incompleto o más.

A pesar de ser el 40% de las personas ocupadas, las mujeres participan sólo del 32% de la masa total de ingresos proveniente de la ocupación principal. Precisamente, comparando con la brecha de género de los ingresos de todas las fuentes, la diferencia respecto de los ingresos a través de la ocupación principal es mayor (0,73).

Respecto de los ingresos, existen fuertes asimetrías geográficas intra-género en Argentina: comparando los aglomerados urbanos con mayores ingresos (como Tierra del Fuego o Buenos Aires), las mujeres ganan en promedio 2,5 veces más las de los aglomerados de menores ingresos (San Miguel de Tucumán o Concordia).

Considerando la rama de actividad, puede observarse una fuerte segregación por sexo. La Construcción, los Transportes y Comunicaciones y la Industria, son ramas claramente masculinizadas. Inversamente, los Servicios (incluyendo el servicio doméstico) y las Actividades Sociales (Enseñanza, Servicios Sociales y Salud) son actividades con una fuerte presencia femenina. Pese a eso, los ingresos en los Servicios evidencian la mayor brecha de género en detrimento de las mujeres, seguido por las Actividades Sociales.

La tasa de desocupación para Argentina en las dos mediciones consideradas, muestan una mayor proporción relativa de mujeres, a pesar de que estas tienen un nivel educativo más alto.

Considerando los extremos de la escala de ingresos, es decir el ingreso medio del 20% con mayores ingresos y el ingreso medio del 20% con menores ingresos, se observa que en ambos extremos los hombres perciben más que las mujeres, pero la diferencia es más aguda en la población de mayores ingresos.

Una información contundente respecto de las desigualdades de género la propociona la distribución por sexo en los quintiles de mayores y menores ingresos respectivamente. En efecto, casi 6 de cada 10 personas en el quintil de menores ingresos son mujeres. Inversamente, la presencia de ellas representa sólo 3 de cada 10 en el extremo de mayores ingresos.

La Ciudad de Buenos Aires presenta una situación de aguda concentración de ingresos. El 10% más rico participa en un 54,6% de los ingresos totales de la Ciudad. Por otro lado, el 50% de la población con menores ingresos, participa sólo del 8,7% del total de ingresos. En la distribución por género, las mujeres representan el 70% de la población en el quintil de menores ingresos (10 puntos porcentuales por encima del promedio nacional). Así, la Ciudad de Buenos Aires, que es el aglomerado urbano más rico del país, presenta una de las concentraciones de ingresos más fuertes y una mayor discriminación de las mujeres por ingreso.

Desafíos en los escenarios actuales

El colapso financiero e institucional que estalla en diciembre de 2001 en Argentina, implica abruptos cambios en la estructura económica y social. La bancarrota económica, el caos social y la ruptura institucional agudizan las tendencias de riesgo personal y amenazan la vida de hombres y mujeres de manera diferencial.

Este colapso encuentra su fundamento en la decisión macroeconómica de "atar" la moneda al dólar asumida por el gobierno en 1991 y que se combina por lo menos con tres tipos de ingredientes adicionales:

a) Las políticas de ajuste estructural y apertura de mercados adoptadas bajo un encuadre de rigurosa ortodoxia neo-liberal durante el período 1991-2001.
b) La debilidad democrática y la falta de participación ciudadana durante el gobierno de Menem (1989-1999) y el gobierno de De La Rua (1999-2001).
c) La cultura de tolerancia a la corrupción y unaccountability vigente tanto en sectores públicos como en los privados.

Los impactos de esta crisis presentan caracteres diferenciales según sectores sociales, ubicación geográfica y por género. La dinámica de los cambios y la agilidad requerida para las respuestas en el nivel de decisiones políticas, renuevan la vigencia del presente proyecto para visualizar con rapidez situaciones de inequidad de género y por sectores sociales, a nivel nacional y local.


Anexo Estadistico


Notas

1 - Sociologa. Investigadora en diversas instituciones academicas y de la administracion publica. Especialista en tematicas de genero en las politicas publicas.
2 - Situación de las Mujeres en la Argentina, INDEC - UNICEF, Buenos Aires, 2000.
3 - Brecha de género: cociente entre el valor registrado para las mujeres frente al de los varones. Cuando el resultado es 1, implica que la situación es similar. Un valor inferior, implica una situación de desigualdad en detrimento de las mujeres.
4 - La Encuesta Permanente de Hogares de Argentina registra la subocupación horaria, que incluye a las personas que trabajan hasta 35 hs. semanales y desearían trabajar más.
5 - Para el presente informe, las Actividades Sociales incluyen Enseñanza, Servicios Sociales y de Salud.
6 - Hasta Mayo de 1995 eran 25 los aglomerados incluidos en el relevamiento: Gran Buenos Aires, Gran La Plata, Bahía Blanca-Cerri, Gran Catamarca, Gran Córdoba, Corrientes, Gran Resistencia, Comodoro Rivadavia-Rada Tilly, Gran Paraná, Formosa, Jujuy-Palpalá, Santa Rosa-Toay, La Rioja, Gran Mendoza, Posadas, Neuquén-Plottier, Salta, Gran San Juan, San Luis-El Chorrillo, Río Gallegos, Gran Rosario, Gran Santa Fe, Santiago del Estero-La Banda, Ushuaia-Río Grande y Gran Tucumán-Tafí Viejo. A partir de octubre de 1995 se incorporaron: Concordia, Río Cuarto y Mar del Plata-Batán.
7 - Brecha de género: es el resultado de la división entre el valor obtenido para las mujeres y el respectivo obtenido para los hombres. Cuanto más cercano a 1 es ese resultado, significa mayor igualdad. Cuanto más distante de 1, significa mayor asimetría.



Bibliografía:

CEPAL: Indicadores de género para el seguimiento y la evaluación del Programa de Acción Regional para las Mujeres de América Latina y el Caribe. Santiago de Chile, 1999.

Instituto Nacional de Estadística y Censos: Situación de las Mujeres en la Argentina, Buenos Aires, 2000.

Ministerio de Trabajo y Seguridad Social: Boletín de Estadísticas Laborales, Buenos Aires, 1996.

Sanchís Norma (Compiladora): Aportes para el desarrollo de un Sistema de Información del Mercado Laboral en Argentina, Buenos Aires, 1998.

Sistema de Información, Monitoreo y Evaluación de Programas Sociales (SIEMPRO), Ministerio de Desarrollo Social: Encuesta de Desarrollo Social. Agosto 1997. Resultados Definitivos del nivel nacional. Buenos Aires, 2000.

Subsecretaría de la Mujer: Mujeres en Argentina: Estado de situación a 5 años de Beijing. Buenos Aires, 1999.

Subscretaría de la Mujer: Mujeres en el mercado laboral en Argentina. Buenos Aires, 1999.
 

La condición Femenina en los Países del Mercosur: Sistema Integrado de Indicadores de Género
en las Áreas de Trabajo y Educación / 2000-2002
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