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Perfil Brasil

Marina Sidrim Teixeira1

SUMARIO

Introducción

1. Antecedentes

2. El Sistema Integrado de Indicadores de Género en las Áreas de Trabajo y Educación

3. Objetivos del perfil nacional

4. La estructura del perfil para Brasil

Sección 1. Indicadores Demográficos

Sección 2. Indicadores Familiares

Sección 3. Indicadores de escolaridad

Sección 4. Indicadores de trabajo e ingreso

4.1. Contextualización

4.2. Población desocupada de 14 años o más

4.3. Población ocupada de 14 años o más

Sección 5. Indicadores de desigualdad del ingreso

Consideraciones Finales

Anexo: Cuadros de indicadores

Bibliografía



INTRODUCCIÓN

1. Antecedentes

Es significativo el número de conquistas efectivas y relativamente rápidas conseguidas por las mujeres. Poco tiempo pasó desde el inicio del derecho al voto hasta la exigencia de una cuota mínima de mujeres candidatas a cargos electivos. Del casamiento impuesto por la autoridad paterna a la libertad de escoger a su propia pareja. Del compromiso indisoluble y vitalicio a la sociedad consentida mientras sea juzgada válida por ambas partes. Del confinamiento al mundo privado doméstico a la ocupación de diferentes espacios en el mercado de trabajo y la sociedad. Del ama de casa a la ejecutiva. De la servidumbre al hombre y a los hijos a la propuesta de división de las tareas del hogar y de la familia; y así por delante.

En verdad, es importante que no se pierda de vista que esas conquistas, además de efectivas, significan nuevas posibilidades y potencialidades a ser asimiladas de forma diferenciada de acuerdo con la clase social a la cual se pertenece, con el grado de instrucción alcanzado, y en última instancia, con las posibilidades concretas de superación de las enormes desigualdades en las cuales la sociedad está cimentada: desigualdad del ingreso, de instrucción y principalmente, de oportunidades. Entre estas desigualdades, todavía llama especial atención la asimetría existente en las relaciones que se da entre hombres y mujeres dentro del seno familiar, la cual acaba reproduciéndose en todas las esferas de inserción de la mujer en el mundo, quizás porque ella misma la haya internalizado dentro de sí a partir de los valores culturales en los cuales fue socializada.

Desde algún tiempo atrás los movimientos femeninos vienen orientando sus debates bajo la perspectiva de que las cuestiones que tradicionalmente le son atribuidas necesitan ser colocadas en un contexto más amplio, vale decir, el de la discusión de las relaciones y de los papeles de hombres y mujeres en la sociedad. Esta es la llamada cuestión de género, pues se refiere tanto al género masculino como al femenino, sin restringirse a uno de ellos únicamente. Este abordaje permite situar el tema en un horizonte mayor al tratarla cuestión de la desigualdad entre hombres y mujeres, por ejemplo,  como un problema en las relaciones de dominación socialmente establecidas entre los dos géneros. De otro lado, vuelve a plantear los términos para la solución de los problemas: soluciones conjuntas que involucran cambios de posición y de comportamiento de hombres y mujeres en una repartición social más justa de las responsabilidades y oportunidades. (DIEESE, 1999 pág. 43)

2.El Sistema Integrado de Indicadores de Género en las Áreas de Trabajo y Educación.

El reconocimiento de que muchos cambios están en vigor se constituye en una de las principales motivaciones para la realización del proyecto de Construcción del Sistema Integrado de Indicadores de Género en las Áreas de Trabajo y Educación con el objetivo general de (...) retratar las conquistas y obstáculos para la efectiva realización de la igualdad entre hombres y mujeres en los países del Mercosur (IBAM, 2001, pág. 4).

El sistema tiene por objetivo:

• desde el punto de vista del conjunto de los países del Mercosur, anticipar futuras necesidades de información de una región cuyos países podrán beneficiarse y fortalecerse conjuntamente, en consecuencia de la adopción de políticas dirigidas a la disminución de las desigualdades sociales, delineadas a partir de una base de indicadores comunes. (IBAM, 2001, pág. 2)
• desde el punto de vista interno de cada país, aumentar el acervo de informaciones disponibles sobre las condiciones de vida de las mujeres y hombres, especialmente en los aglomerados urbanos (IBAM, 2001, pág. 2). Aunque el proyecto no tenga pretensiones normativas, un subproducto derivado del sistema se refiere a la contribución que el proyecto dará, al constatar lagunas y dificultades de los sistemas estadísticos nacionales, para la sensibilización de sus responsables sobre la necesidad de mejorar cualitativamente la producción de datos que permitan ofrecer una mayor visibilidad a las diferencias de género existentes en la sociedad. Este es un punto sobre el cual hay todavía mucho que avanzar.2

Aún suponiendo que una de las metas importantes en la mayoría de las sociedades sea la de caminar en dirección a la igualdad de los sexos en lo que se refiere a la situación social y económica, existe la cuestión substantiva de que hombres y mujeres son afectados de forma diferente por el medio económico y social y esto tiene que ser llevado en cuenta a la hora de seleccionarse indicadores capaces de aumentar la información disponible. Los indicadores (...) deben ser medidas de las disparidades y desigualdades. Deben ser de interpretación relativamente fácil y capaces de ser usados para diagnosticar las razones de las diferencias entre subpoblaciones a fin de que se produzcan cambios en esas situaciones. (Powers, 1985., pág. 3)

Cabe resaltar que toda construcción está basada en premisas que al mismo tiempo tornan factible y limitan el producto. Así, las de este sistema fueron, además de la pertinencia al tema central, por supuesto, la comparabilidad entre los países y la unidad de la fuente: las encuestas nacionales oficiales por muestreo de domicilio para los años de 1995 y 19993. De estas premisas derivan la mayor calidad y originalidad del Proyecto: la disponibilidad, de forma simple y accesible, de un conjunto significativo de datos para los 4 países en niveles de desagregación inéditos, como es deseable para la construcción de políticas públicas. De la misma forma, de estas premisas derivan su principal limitación: el no poder construir algunos indicadores relevantes en función de la inexistencia de información para todos, a partir de las mismas fuentes y en las mismas fechas. Así, realmente no se constituye en el mejor sistema de indicadores posible para cada país, sino en el mejor (quizás el único) para los 4 países y algunas de sus unidades geográficas más desagregadas.

Partiendo del principio de que toda posibilidad de acción está basada en la información, el sistema incrementará en mucho el potencial político de acción, evidentemente que de acuerdo con las prioridades y los focos de cada administración. En aquellos gobiernos donde haya interés en dirigir la atención y recursos para la reducción de las desigualdades de género, principalmente en el mercado de trabajo, el sistema podrá ser muy útil.

3. Objetivos del Perfil Nacional

De acuerdo con Bateson, la información es la diferencia que hace diferencia (cf. Bateson In: Andersen, 1986, pág. 3) y la conclusión a la que llega Tom Andersen basada en esta afirmación es en el sentido de que esta diferencia puede ser medida y sus proporciones determinarán la posibilidad de cambios que ella será capaz de generar. Así, el principal objetivo de los perfiles nacionales, como éste para Brasil, al agregar comentarios y establecer relaciones entre los indicadores numéricos, es el de permitir a los usuarios del sistema una visión del potencial que el uso de las informaciones tienen, estimulando la realización de estudios regionales, primer paso para la construcción de acciones locales.

4.La Estructura del Perfil para Brasil

En el presente artículo, los datos se han organizados de tal forma que sea posible comentar los diferentes grupos de indicadores que componen el sistema: indicadores demográficos; indicadores de familia; indicadores de escolaridad; indicadores de trabajo e ingreso; indicadores de la desigualdad del ingreso.

Para la elaboración de este perfil, se optó por la siguiente organización de los indicadores disponibles en cada uno de los subtemas: valores asumidos en la población total, en la población masculina y en la población femenina. Llevándose en cuenta que el interés principal del proyecto es el de llamar la atención para la condición femenina y aprovechando las posibilidades de los indicadores desagregados regionalmente, se utilizaron también los valores asumidos para las mujeres en el total de las Regiones Metropolitanas (RMs) y además se destacaron los mayores y menores valores de cada indicador, localizando las Unidades de la Federación (UFs) donde fueron registrados.

Para cada conjunto de indicadores se trató de realizar un estudio sobre su comportamiento a lo largo del tiempo, verificándose cuáles eran los que presentaban mayores discrepancias por género y las mayores disparidades regionales observadas. Los resultados fueron aún cotejados con las principales tendencias apuntadas en otros estudios sobre la misma temática4.

El presente artículo, que no pretende de alguna manera ser exhaustivo, sino más bien ejemplificador del potencial de uso de las informaciones del sistema (compuesto de casi cuatro centenas de indicadores), al mismo tiempo que se constituye en un todo, es organizado por temas con el fin de permitir la lectura de sus secciones en separado.

Sección 1: INDICADORES DEMOGRÁFICOS

Los indicadores demográficos se constituyen en el telón de fondo necesario para situar cualquier estudio debido a que permiten una visión general de la población en la cual se circunscribe la parcela en estudio. En este caso específico, algunos de los cambios demográficos ocurridos en las últimas décadas fueron fundamentales para impulsar el ingreso de la mujer en una era de cambios como lo es la era en que vive. Un cambio por ejemplo es la reducción de la natalidad con la consecuente reducción del tamaño de la familia y la mayor liberación del tiempo de las mujeres para integrarse al mercado de trabajo.

Las principales tendencias demográficas apuntadas para Brasil a lo largo de la década del 90 fueron :

• continuidad del ritmo de reducción del crecimiento demográfico, basado principalmente en el proceso continuo de reducción de las tasas de fecundidad, a partir de la segunda mitad de los años 70;
• continuidad del proceso de urbanización;
• mayor participación femenina en la población total, debida principalmente al aumento de la expectativa de vida, más significativa en el caso de las  mujeres ;
• reducción del peso de la población infanto-juvenil y aumento de la población de más edad, ocasionando significativas alteraciones en la estructura por edad de la población como un todo;
• reducción de la mortalidad.

Los indicadores existentes del sistema resaltan la estabilidad de la distribución por sexo y su relativo equilibrio en el período estudiado, con ligera predominancia femenina (51% contra 49% de hombres en los dos años), principalmente en las regiones urbanas, llegando a 52% en el conjunto de las Regiones Metropolitanas (RMs). Regionalmente, la mayor proporción de mujeres es de 53%, encontrada en los Estados de Paraíba y Acre en 1995 y 1999, respectivamente, mientras que la menor proporción se encuentra en los Estados de Amapá (47%) y Mato Grosso (49%), en las dos fechas, respectivamente.

No obstante las aludidas alteraciones en la estructura por edad indicando que hay un proceso de envejecimiento de la población, también verificadas aquí (los indicadores señalan en el período estudiado la reducción en la participación de los grupos de edad de los menores de 1 año, de las personas hasta 13 años y de las personas entre 14 y 24 años, y el aumento en la participación de los grupos de edad entre 25 a 49 años, y de los mayores de 50 años y de 60 años), una evaluación de la media y de la mediana de edad de la población revela que Brasil todavía es un país de población bastante joven: 27,7 y 28,7 años en media para el conjunto de la población en 1995 y 1999, con mediana de 24 y 25 años, respectivamente.

La media apunta para una diferencia de edad entre hombres y mujeres del orden de 1 año y la mediana señala una diferencia de 2 años, registrando siempre una población femenina un poco mayor, situación que se confirma y se profundiza para el conjunto de las RMs (30 y 30,9 años, en 1995 y 1999, respectivamente). Tales datos son compatibles con las diferencias ya señaladas en las expectativas de vida por sexo.  La distribución regional indica que las mujeres de más edad se concentran en Río de Janeiro, tendencia que se mantiene a lo largo del período, con una media llegando a los 33,2 años en 1999. Lo inverso se observa en el Estado de Amapá, donde las mujeres tenían 23,5 años de edad, en media, en la misma fecha .

Sección 2: INDICADORES FAMILIARES

Las principales tendencias de las familias brasileñas a lo largo de los años 90 confirman las tendencias detectadas en las décadas anteriores. Vale decir:

• reducción del tamaño de las familias;
• estabilidad en la distribución de las familias por tipo, permaneciendo el predominio de las familias constituidas por el modelo tradicional de pareja con hijos;
• crecimiento de las familias cuyas personas de referencia son mujeres en virtud de razones de orden económica como la persistencia de la pobreza, además de factores culturales asociados a nuevos patrones de comportamiento de las mujeres y de las estructuras familiares más diversificadas, principalmente en los centros urbanos. (Bruschini 2000, pág. 36)
• crecimiento del número de personas que se declararon cónyuges en familias cuya persona de referencia pertenece al sexo femenino;

El sistema de indicadores que se utiliza para la elaboración de este perfil no trabajó con los archivos de familias de las PNADs. Aún así, los indicadores construidos a partir de los archivos de personas de 14 años o más de edad como posición en la familia (personas de referencia, cónyuges, empleadas domésticas que viven en el domicilio donde trabajan, por ejemplo) permiten examinar algunos de los más importantes aspectos relativos a este subtema. Se trabaja también con personas que se ocupan solamente de los quehaceres domésticos, tradicionalmente la condición femenina por excelencia. En el caso brasileño, dada la ausencia de información del estado conyugal, se recurrió a tabulaciones especiales sobre personas que están viviendo en cada tipo de familia por sexo, edad y escolaridad.

Estas tabulaciones muestran que la mayoría absoluta de las personas de 14 años o más viven en familias de composición tradicional: pareja con hijos5, a pesar de que haya una tendencia de lenta disminución 67% en 1995 y 65% en 1999. Paralelamente, existe una ligera tendencia de ampliación de la porción de la población que vive en familias compuestas por madres e hijos6: 14% y 15% para las dos fechas, respectivamente. Estos valores, siempre manteniendo la tendencia general, son más altos para los más instruidos y para los más jóvenes (14 a 24 años). En el caso de las personas mayores de 50 años es significativa, aunque declinante, la participación de las que viven en familias del tipo pareja sin hijos (48% en 95 y 44% en 99) y de las que viven en otros tipos de organizaciones familiares (17% en las dos fechas). Vale resaltar que la proporción de personas que vive en la organización familiar de madre con hijos es la única que crece en el período en estudio, independientemente de las características personales (edad y escolaridad) de sus miembros.

Los indicadores constantes del sistema resaltan la estabilidad de la proporción de personas de referencia en el total de la población (37% en las dos fechas) y la fuerte predominancia de hombres que declaran desempeñar esta función en la familia, a pesar de que el indicador presente señales de reducción en el período. Digno de nota es el aumento de la participación femenina (de 7,4% para 8,5% en el período en análisis) principalmente en las RMs, llegando a 10,4% en el conjunto de ellas en 1999. Regionalmente, la mayor proporción de mujeres cabezas de familia es de 11% encontrada en el Estado de Acre y en el Distrito Federal en 1995 y 1999, respectivamente, mientras que la menor proporción es encontrada en los Estados de Santa Catarina (5%) y Mato Grosso (6%), para las dos fechas, respectivamente.

Coherentemente con las responsabilidades de la función, las personas de referencia tienen más edad (mediana de edad de 43 y 44 años en 1995 y 1999, respectivamente), con significativa diferencia entre hombres  y mujeres, siendo los primeros cerca de 10 años más jóvenes que las segundas, aunque la tendencia de los jefes hombres en el período estudiado sea la de envejecimiento y de las mujeres de rejuvenecimiento (principalmente en las RMs). En los Estados de Rio Grande do Norte y Paraíba se encuentran las mujeres responsables por sus familias con mayor edad (mediana de 56 años para las dos fechas, en ambos lugares), quedando los Estados de Amapá y Roraima con las más jóvenes en 1995 y 1999 (medianas de 41 y 40 años, respectivamente).

Con relación al nivel de escolaridad, se observa que es bajo en el caso de los jefes de familia en general (solamente 21% en 95 y 24% en 99 habían completado por lo menos el primer año del secundario) aunque esa proporción se haya elevado en el período en estudio como sucedió con casi todos los indicadores de instrucción, conforme será mencionado a lo largo de este artículo. Es interesante observar que las mujeres que ocupan la posición de persona de referencia lograron una elevación en la escolaridad más significativa que la de los hombres, habiendo llegado a 1999 en igualdad de condiciones con ellos. Este aumento fue más relevante en el caso del conjunto de las RMs, si bien que en ellas la mujer  haya continuado con un nivel de escolaridad inferior al de los hombres. La distribución regional muestra que en 1995 se encontraban en el Distrito Federal las mujeres jefes de familia más instruidas, posición conquistada por el Estado de Roraima7 en 1999: 41% y 45% respectivamente, con por lo menos el primer año del secundario concluido.

Es igualmente bajo el nivel de ingresos de las personas de referencia, a pesar de que haya aumentado aproximadamente 21% en el período en estudio, alcanzando más o menos 2,5 Salarios Mínimos (SMs) R$ 340.008 - en 1999. Aquí también se destaca, por la primera vez, lo que será una constante a lo largo de este perfil: la más baja remuneración relativa de las mujeres, en relación a la de los hombres .

Para el caso de las mujeres que son personas de referencia en sus familias, su mediana de ingreso correspondía al 65% de la de los hombres en la misma función en 1995 y al 68% en 1999. En las RMs, la diferencia también se está reduciendo, siendo todavía más significativa: allí la mediana de ingresos de las mujeres jefes de familia era, en 1999, de apenas 58% de la de los hombres. Como ya había sido dicho, los hombres son más jóvenes que las mujeres y, en el último año, tenían idéntico nivel de escolaridad.

Regionalmente, las mujeres personas de referencia con ingresos más elevados se encuentran en el Estado de Amapá en 1995 (R$470.00) y en Roraima en 1999 (R$492.00), donde ellas también son las más jóvenes y en el caso de Roraima, las más instruidas como ya se había destacado anteriormente. De manera inversa, en los estados de la Región Nordeste es donde se encuentran los más bajos ingresos de las mujeres personas de referencia, con mediana de R$100.00 en 1995 y de R$136.00 en 1999, es decir, siempre en el nivel de un Salario Mínimo.

La proporción de personas que se declararon cónyuges  en el total de la población fue prácticamente estable (26,7% y 26,2% para los dos años), siendo una posición ocupada casi que exclusivamente por las mujeres, aún cuando el indicador presente incipientes señales de reducción en el período, con una concomitante elevación de la participación masculina de 0,2% para 0,8% en 1995 y 1999, respectivamente. Esta tendencia es más fuerte en las RMs.  Los indicadores para el conjunto de la población parecen demostrar que la alteración del concepto de jefe del hogar para persona de referencia efectuada por la PNAD con la intención de retirar la función del papel masculino culturalmente atribuido, obtuvo poco resultado frente a la diferencia de género que hace con que las mujeres se declaren preferentemente cónyuges cuando viven con su pareja. Sin embargo, la afirmación presente en el IBGE 2000, pág. 205, realizada a partir del indicador desagregado, torna relativa dicha información, al apuntar la tendencia de un aumento en el contingente de hombres que se declaran cónyuge en familias cuya jefatura es femenina: "en 1992 este contingente era de cerca de 330 mil personas, representando apenas 1,2% mientras que en 1999 este grupo alcanzó más de un millón lo que corresponde al 3,3%."

Regionalmente, la mayor proporción de mujeres cónyuges se encuentra en los Estados de Santa Catarina (31%) y Mato Grosso (28%), para las dos fechas, respectivamente, justo en los lugares donde se registraron las menores proporciones de mujeres personas de referencia. Inversamente, la menor participación de mujeres cónyuges es encontrada en el Estado de Amazonas.

Las personas que se declararon cónyuges son más jóvenes (mediana de edad de 37 y 38 años en 1995 y 1999, respectivamente) que las personas de referencia, esta vez con una significativa diferencia entre hombres y mujeres, siendo los primeros cerca de 4 años mayores que las segundas, habiendo ambos envejecido 1 año en el período. Más una vez, las mujeres cónyuges de más edad están en el Estado de Río de Janeiro y en Rondonia y Roraima las más jóvenes.

Respecto al nivel de escolaridad, aunque también sea bajo, se verifica una mejor situación en los cónyuges que en las personas de referencia, de esta vez con una significativa y creciente ventaja para los hombres, un tanto más reducida en el caso de las RMs. La distribución regional muestra que en ambas fechas, estaban en el Distrito Federal las mujeres cónyuges más instruidas. Inversamente, las menos instruidas se encontraban en los Estados de Maranhão, en 1995, y Piauí, en 1999.

Cuando lo que está en estudio es el nivel de ingresos de los cónyuges, la situación es peor que la verificada para las personas de referencia: a pesar de haber aumentado cerca de 33% en el período en estudio, alcanzando más o menos 1.5 SM R$200.00 - en 1999, se mantuvo la tendencia general de menor remuneración de las mujeres (mediana alrededor de 50% de la de los hombres) y de ingresos con valores más altos en las RMs y en el Distrito Federal, y más bajos en los Estados de la región Nordeste, para las dos fechas.

Los indicadores relativos a la parcela de la población clasificada como dedicada exclusivamente a los quehaceres domésticos (15% en 1995 y 14% en 1999) muestran cierta semejanza con los verificados para los cónyuges: es compuesta casi exclusivamente por mujeres (14% y 12,6% en 1995 y 1999, respectivamente), con tendencia a la reducción en el período, principalmente en las RMs. Los mayores contingentes están en los Estados de Rondônia (1995) y São Paulo (1999), y los menores en Acre y Maranhão, para las dos fechas, respectivamente.

En lo que se refiere a la edad, los indicadores se sitúan en torno de los 35 años con una tendencia al envejecimiento, siendo los hombres más jóvenes que las mujeres. Más una vez, Río de Janeiro se destaca en las dos fechas por registrar la población de mujeres con más edad, tendiendo cada vez más al envejecimiento (mediana de 38 y 40 años respectivamente) y el Estado de Acre por tener la población femenina más joven y con tendencia mayor a la juventud: mediana de 28 y 27 años en las dos fechas, respectivamente.

El nivel de escolaridad es más bajo que el de los cónyuges, habiendo disminuido en el período de forma opuesta al sentido general de los indicadores de escolaridad, como será visto más adelante. Tal hecho parece indicar que permanecen realizando los quehaceres domésticos las personas menos instruidas, con mayores dificultades de inserción en el mercado de trabajo de la forma como este mercado es estudiado9. En 1999, menos del 19% de personas dedicadas exclusivamente a las labores domésticas tenían por lo menos el primer año del secundario concluido, situándose encima de esta media en las RMs. Entre las UFs, una vez más se destaca positivamente el Estado de Roraima donde el indicador asume el valor de 37% en 1999; y negativamente el Estado de Alagoas con 91% de las mujeres en 1999 situadas abajo del primer año del secundario.

La mediana de ingresos de las personas que se encargan exclusivamente de los quehaceres domésticos es muy baja y, aunque haya aumentado 36% en el período estudiado, alcanzó en 1999 solamente R$136.00 (1 SM), siendo una de las raras situaciones en que es más elevada para las mujeres que para los hombres, llegando a alcanzar R$300.00 en las RMs en 1999. Los extremos de la distribución están situados en el Distrito Federal en las dos fechas (R$400.00), igualado por Roraima en 1999 y en los Estados del Nordeste (R$100.00 y R$ 13600, en 1995 y 1999, respectivamente).

En el caso del sistema de indicadores que se está analizando, el empleo doméstico, importante tipo de inserción de las mujeres en el mercado de trabajo (17% de las mujeres ocupadas de 10 años o más de edad, en 1999 y solamente 0,9% de los hombres ocupados de 10 años o más de edad) recibió un tratamiento limitado en función de las ya referidas premisas del sistema. No se trabajó con los archivos de ocupación en función de la enorme diversidad existente en los 4 países. Así, se dejó de obtener para Brasil los datos relativos al trabajo doméstico remunerado porque era el único país que recababa la información en el rubro posición en la ocupación y no en el rubro ocupación. No obstante, como todas las encuestas nacionales levantaban la situación del trabajo doméstico como posición en la familia, esta información fue incluida en el sistema pero refiriéndose solamente a las trabajadoras domésticas que viven en el domicilio donde trabajan, seguramente una subparcela reducida del universo del trabajo doméstico remunerado como un todo10. Resultado de ello son los valores tan bajos encontrados: menos del 1% para el total de la población de 14 años o más, restringido al universo femenino y con tendencia a la reducción en el período.

Una caracterización de estas mujeres muestra que son bastante jóvenes (mediana de edad de 22 y 24 años  para las dos fechas), con un nivel de instrucción bastante bajo (en 1995 cerca del 94% con menos del primer año del secundario concluido), aunque con una fuerte tendencia a la elevación (en 1999 la proporción de las menos instruidas cae para 86%) y con remuneración de 1 SM en las dos fechas. En el Estado de São Paulo es donde ellas se encuentran mejor remuneradas; ya lo inverso sucede en los Estados del Nordeste (1995) y en Acre y Tocantins (1999). Las medianas de ingreso en este caso indican que una trabajadora doméstica en estas dos UFs percibía, en 1999, 27% de lo que sus compañeras ganaban en São Paulo.

Sección 3: INDICADORES DE ESCOLARIDAD

Las principales tendencias presentadas en la situación educacional de la población brasileña en la década del 90 fueron :

• significativa mejoría en la situación educacional aunque todavía se sitúe en niveles lamentablemente bajos, se registraron no sólo bajas en las tasas de analfabetismo (absoluta y funcional) sino también aumentos en la escolaridad media y en la tasa de escolarización de la población. Según el IBGE 2000, las principales razones para una mejora de la situación educacional pueden estar relacionadas no sólo al aumento de las exigencias de educación formal para el ingreso y ascenso en el mercado de trabajo sino también al resultado de una serie de programas y políticas que fueron implantadas en los años 90 con miras a reducir la diferencia de la relación edad/año escolar y a retener las personas en la escuela.
• mantenimiento de las desigualdades regionales: promedio de años de estudio de las personas de 15 a 55 años en 1999 variando de 8,3 en el Distrito Federal a 4,4 en el Estado de Piauí (IBGE 2000);
• población femenina alcanzando niveles de escolaridad superiores a los de la población masculina.

El sistema aquí analizado tuvo que descartar los indicadores de años de estudio y de analfabetismo absoluto y funcional por no estar éstos disponibles para todos los países, pero incluye indicadores del nivel de escolaridad y de asistencia escolar. Por otro lado, la proporción de personas con por lo menos el primer año del secundario completo o más (el nivel más alto de instrucción que ha permitido una estadística significativa para los cruces de datos) es una variable cruzada para prácticamente todos los demás indicadores, como ya se pudo observar en las secciones anteriores.

Por constituirse en indicadores extremamente sintéticos, las medias y medianas de años de estudio de las personas de 14 años o más, para 1995 y 1999, son consideradas de gran utilidad para el análisis. Las mismas son presentadas en la Tabla 1, a seguir, cuyos datos no solamente demuestran claramente el aumento generalizado en los niveles de escolaridad, sino también que estos avances han sido más significativos en el caso de las mujeres, haciendo con que ellas hayan superado, en 1999, a los hombres en este importante prerrequisito de competitividad en el mercado de trabajo. Más adelante se observará que esto todavía no les ha posibilitado la superación de barreras típicas de las relaciones de género que aún vienen imponiendo a las mujeres remuneraciones siempre inferiores a la de los hombres.

Tabla 1
Medias y medianas de años de estudio de personas de 14 años o más para 1995 y 1999


Años de Estudio Media 1995 Mediana 1995 Media 1999 Mediana 1999
Total de la población de 14 años o más 5,49 5 6,09 5
Hombres 5,39 4 5,95 5
Mujeres 5,58 5 6,21 6
Valor en las RMs 6,70 6 7,32 8
Valor más alto para las mujeres 7,54 (DF) 5 8,03 (DF) 8
Valor más bajo para las mujeres 3,63 (MA) 3 3,94 (PI) 4

La Tabla 1 anterior permite registrar también que los progresos verificados todavía no fueron capaces de aproximar la población brasileña de un patrón deseable de escolaridad previsto para 8 años de estudio en media, o sea, la universalización de la educación básica. A nivel regional, una vez más el Distrito Federal, donde se implantó de forma pionera y con gran éxito el Programa de Bolsa Escuela (Programa de Beca Escuela) y donde los estándares de calidad de vida son mejores en general, sale a la delantera, alcanzando en 1999 la meta referida anteriormente. Cabe resaltar, una vez más, el enorme avance obtenido por el Estado de Roraima cuya población de 14 años o más, tenía en media 5,53 años de estudio en 1995 y llegó en 1999 a 7,65, situándose tan sólo abajo de Brasilia. Es necesario destacar también la enorme disparidad regional que hace que las mujeres del Estado de Piauí tengan en media 4,09 años de estudios a menos que sus compañeras del Distrito Federal.

El indicador que da la proporción de personas de 14 años o más según el nivel de escolaridad más alto alcanzado corrobora las tendencias recién señaladas: aumentó en 5,1 puntos porcentuales, entre 1995 y 1999, la proporción de personas con los estudios primarios completo (alcanzando la marca del 28% en 1999) y en 0,9 puntos porcentuales la proporción de personas con nivel superior completo o incompleto, alcanzando 8% en 1999. Estos aumentos fueron más significativos entre las mujeres, principalmente en las RMs.

Regionalmente, el Distrito Federal tiene la mayor proporción de mujeres con el primer ciclo concluido en 1995 (41%), posición ocupada por las mujeres de Roraima en 1999 (45%), ya los menores valores quedaron con el estado de Maranhão en 1995 (15%) y con Piauí en 1999 (18%). En el caso de las mujeres que tienen el nivel superior completo o incompleto, más una vez el Distrito Federal es el que tiene la mejor posición en las dos fechas con 10% y 12%, respectivamente. De esta vez, los menores porcentuales se registraron en los Estados de Tocantins en 1995 y Bahía en 1999 (3% en ambos casos), una vez más destacando las enormes desigualdades regionales.

Los indicadores de asistencia escolar de la población de 7 a 14 años también revelan un buen desempeño en el período estudiado, alcanzando resultados más prometedores que los demás indicadores y con menos disparidad regionalmente:

• En 1999, la casi totalidad de los niños de 7 a 14 años (96%) frecuentaban la escuela, proporción que era de 90% en 1995. El indicador revela una pequeña ventaja para las mujeres en las dos fechas. La UF que tenía la mayor proporción de niños en la escuela era Roraima en las dos fechas: 95% y 100%, respectivamente. Las proporciones más bajas quedaron con el estado de Maranhão en 1995 (87%) y con Alagoas en 1999 (90%).
• Con relación a los adolescentes de 15 a 18 años, su asistencia a la escuela se amplió en 11,5 puntos porcentuales entre 1995 y 1999, alcanzando 74% en esta última fecha. La ventaja de la población femenina sobre la masculina, significativa en 1995, fue prácticamente eliminada en 1999. Los mayores porcentuales de adolescentes en la escuela fueron encontrados en Amapá en 1995 y en Roraima en 1999. Inversamente, el indicador asumió sus valores más bajos en el Estado de Alagoas en 1995 y asombrosamente, en el Estado de Amapá en 1999, denotando que este Estado, bien situado en la primera fecha, no acompañó el ritmo del aumento ocurrido nacionalmente en el período.

Finalmente, el comportamiento de la proporción de las personas que estudian y trabajan simultáneamente sufrió poca alteración en el espacio de tiempo transcurrido entre 1995 y 1999: de 6,7% pasó para 7,9%. Esta situación es más frecuente entre los hombres y la tendencia es de que permanezca así. En las dos fechas, se verifica que es en el Estado de Tocantins donde se encuentra la mayor parte de las mujeres que estudian y trabajan (11% y 15%, respectivamente) y que en Río de Janeiro se da el menor contingente de estas mujeres, alrededor de 4% en las dos fechas.

Sección 4: INDICADORES DE TRABAJO E INGRESO

4.1 Contextualización


No es posible comentar la situación del trabajo y del ingreso en Brasil sin dejar de mencionar algunos de los principales elementos que hicieron parte de la coyuntura económica y social de los años 90 y que en su mayoría fueron responsables por los cambios profundos que vienen ocurriendo en el mundo laboral. A seguir:

• la apertura económica iniciada en el gobierno de Collor de Melo (1990-1993) y profundizada en los mandatos de Fernando Henrique Cardoso (1994-97 y 1998-2002);
• la estrategia de estabilización del Plan Real: crecimiento de las importaciones; valorización de la moneda; mantenimiento de las tasas de cambio; financiamiento del desequilibrio externo con intereses altísimos para atraer capitales volátiles y con la privatización; compresión de los gastos públicos y ampliación de los ingresos del estado para hacer frente al endeudamiento externo. La dependencia y los altos intereses han impedido que se consiga niveles de crecimiento de la economía brasileña capaces de generar empleos compatibles con el crecimiento de la PEA, la cual, por su vez, responde a patrones demográficos de décadas anteriores, o sea, más de 1,5 millón de jóvenes llegan anualmente al mercado de trabajo. (DIEESE, 1999, pág. 14)
• los factores estructurales que generan desempleo: la insuficiencia del crecimiento económico, el aumento de la población en busca de trabajo y el desarrollo científico, tecnológico y organizacional dirigido a aumentar la productividad y a economizar el trabajo humano;
• el proceso de globalización.

Principales tendencias del mercado de trabajo en los años 90:

• reducción del número de puestos de trabajo en el mercado formal, principalmente del empleo industrial;
• continuidad del papel absorbedor de mano de obra del sector terciario;
• aumento de formas precarias de inserción en el mercado de trabajo, tales como autónomos, asalariados sin contrato de trabajo y empleo doméstico;
• aumento de empleadores con un pequeño número de empleados y aumento de la proporción de empleados en pequeñas unidades productivas;
• crecimiento de las tasas de desempleo con aumento del tiempo de busca de trabajo y aumento del desempleo de larga duración;
• aumento de la participación de la mujer en el mercado de trabajo, explicado por la necesidad económica, por las oportunidades ofrecidas por el mercado en coyunturas específicas, por la disminución de la fecundidad permitiendo que la mujer disponga de mas tiempo, por la expansión de la escolaridad permitiendo nuevas oportunidades de trabajo y por transformaciones en los patrones culturales y en los valores relativos al papel social de la mujer, intensificados por el impacto de los movimientos feministas desde los años 70 y por la presencia cada vez más activa de las mujeres en los espacios públicos,(que) alteraron la constitución de la identidad femenina, cada vez más orientada para el trabajo productivo. (Bruschini 2000, pág. 145);
• flexibilización de la legislación laboral11 con reducción de los derechos de los trabajadores. Ejemplos de esto son los contratos temporales de trabajo y con plazo determinado y las diversas formas de tercerización o subcontratación;
• aumento del rendimiento de los ocupados con remuneración.

Principales características del trabajo femenino en la década del 90:

• la inserción de la mujer en el mercado de trabajo, a pesar de las conquistas de las últimas décadas, continúa dándose en situaciones donde los vínculos laborales son más frágiles y en condiciones más desfavorables que los hombres, aunque la reciente tendencia a la precarización del trabajo venga aproximando, por el lado negativo, a los dos sexos (DIEESE, 1999, p 49);
• continúa sufriendo la interferencia de otros factores no relacionados estrictamente con la calificación y la oferta de empleo, tales como estado conyugal, número y edad de los hijos, posibilidades financieras de encargar a terceros el cuidado de los hijos pequeños (ya que la ausencia de políticas específicas no asegura la existencia de cunas maternales suficientes, al mismo tiempo que la ayuda paterna todavía no puede ser considerada un valor generalizado, etc.), además de raza, patrones estéticos destacados en expresiones tales como buena apariencia12, que acaban por circunscribir la inserción de la mujer en el mercado de trabajo a su propio ciclo de vida.
• menor remuneración que la de los hombres, incluso en situaciones de mejor preparación educacional, lo que puede ser explicado no solamente por salarios diferenciados para el ejercicio de las mismas funciones, sino también por el acceso diferenciado a las funciones más elevadas en la jerarquía de las carreras y por la existencia de una gama menor de ocupaciones femeninas concentradas principalmente en los sectores de servicios, actividades sociales, agricultura y comercio;
• mayor participación femenina en las ocupaciones de la administración pública principalmente en las regiones menos desarrolladas.
• aumento de la participación en el mercado de trabajo al final de los años 90, de las mujeres con más edad, casadas y madres, contrariamente a lo que sucedía en la década del 70, si bien la maternidad continúe afectando todavía la tasa de actividad femenina;
• intensa correlación entre altas tasas de escolaridad y tasa de actividad femenina;

El trabajo de Bruschini (2000), uno de los que más sirvieron de base para esta caracterización, lista una serie de indicadores útiles para evidenciar las diferencias de género que marcan la inserción femenina en el mercado de trabajo: posición en el empleo, ingresos, horas trabajadas, tipo de contrato de trabajo, contribución para la seguridad social, accidentes de trabajo, enfermedades ocupacionales, acceso a la capacitación, local donde se ejerce la profesión y tiempo de permanencia en el empleo. Gran parte de estos indicadores hace parte del sistema que se estudia ahora, conforme será visto a lo largo de esta sección.

La Tasa de Actividad de la población de 14 años o más, que era de 66,5% en 1995, sufrió una pequeña disminución en el período de tiempo transcurrido hasta 1999, principalmente en el caso de la población masculina. Ya en la femenina, este indicador, asociado con la oferta de mano de obra en la economía y que era de 52,7% en 1995, creció 0,7 puntos porcentuales en el mismo período. En las RMs el crecimiento de la tasa de actividad femenina fue un poco mayor (1,6 puntos porcentuales) alcanzando 51,8% en 1999. Los valores regionales extremos de la tasa de actividad femenina fueron verificados de un lado en los Estados de Roraima (62,2% en 1995) y Santa Catarina (61,6% en 1999) y de otro en Alagoas (45,8% en 1995) y Amapá (45,6% en 1999), presentando un nivel estable de desigualdad regional del orden de 16 puntos porcentuales en el período.

El comportamiento de la Tasa de Ocupación, tanto de la población de 14 años o más en general (93,9% y 90,3% en 1995 y 1999, respectivamente) como en el caso de las subpoblaciones masculina (94,8% y 92,1%) y femenina (92,7% y 87,9%), se caracterizó por una reducción generalizada, más acentuada en las mujeres, principalmente en las RMs donde la baja llegó a 7,6 puntos porcentuales en el período en estudio. Esto parece indicar que, a pesar de que haya aumentado la oferta de mano de obra femenina en el período, ella encontró menores oportunidades de inserción efectiva en el mercado de trabajo. Las mayores tasas de ocupación femenina fueron encontradas en el Estado de Piauí (96,7% y 95,4%) y las menores en Amazonas (86,6% y 75,5% en las dos fechas, respectivamente), mostrando una tendencia al aumento de la desigualdad regional.

La proporción de ocupados en la población de 14 años o más, coherentemente con el comportamiento de la tasa de ocupación, decreció en general, entre los hombres y entre las mujeres (principalmente en las RMs). El Estado de Rio Grande do Sul en 1995 y de Piauí en 1999 tuvieron las mayores proporciones de mujeres ocupadas (31% en las dos fechas), quedando el Estado de Amapá con las menores proporciones y una tendencia decreciente: 20,6% en 1995 y 18,9% en las dos fechas, respectivamente.

La Tasa de Desempleo Abierta (o de desocupación), por ser complementaria a la de ocupación, mostró un comportamiento inverso: creció en todos los casos y con más intensidad en la población femenina, principalmente en las RMs donde alcanzó 17,1% en 1999. En esta fecha la tasa de desempleo abierta para Brasil fue de 9,7% para la población de 14 años o más en general, de 7,9% para los hombres y de 12,1% para las mujeres. Las disparidades regionales se mantuvieron en un nivel constante del orden de 19 puntos porcentuales habiendo alcanzado su valor máximo en 1999 en el Estado de Amazonas (24,5%) y su valor mínimo en Piauí (4,6%).

La proporción de desocupados en la población de 14 años o más, coherentemente con el comportamiento de la tasa de desempleo, aumentó en general entre los hombres y entre las mujeres (principalmente en las RMs donde alcanzó 5% en 1999). Para el conjunto de la población esta proporción era de 6,4% en 1999. Si bien la tendencia sea ligeramente menos favorable para las mujeres, la distribución por sexo es más equilibrada que en el caso de la población ocupada. Los Estados de Roraima, en 1995, y Amazonas, en 1999, registraron las mayores proporciones de mujeres desocupadas (7% y 6%, respectivamente en las dos fechas), quedando los Estados de Paraíba y Piauí con las menores proporciones: 1% en 1995 y 1,5% en las dos fechas, respectivamente.

4.2. Población desocupada de 14 años o más

El sistema permite caracterizar la población desocupada por edad (mediana), escolaridad e ingresos en 1995 y en 1999, lo que posibilita también una definición de las tendencias.

Las medianas de edad de la población desocupada son muy semejantes para hombres y mujeres , situándose en el grupo de los 24 años en 1995 y en 24 y 25 años para 1999, lo que muestra una tendencia al envejecimiento en el caso de las mujeres. La población desocupada es cerca de 10 años más joven que la población ocupada. El espectro de la desigualdad regional de edad en 1999 varía de una mediana de 20 años de edad en el Estado de Roraima a una de 28 años en los Estados de Río de Janeiro y Espírito Santo.

La mediana de ingresos de la población desocupada era de 1 SM en 1995, la misma para hombres  y mujeres. Ya en 1999, las mujeres tenían un ingreso correspondiente al 70% del de los hombres. La mediana de ingresos de las mujeres desocupadas en el conjunto de las RMs era mayor que la de la población femenina desocupada en general y la relación entre los ingresos de las mujeres y el de los hombres era de 94% en 1999. De cualquier forma, las encuestas realizadas específicamente con personas desocupadas de ambos sexos13 mostraron que, con excepción de los primeros meses de desempleo, en los casos en que existe el derecho a recibir el subsidio estatal (seguro de paro), no hay regularidad en los ingresos de los desocupados ya que los mismos están directamente relacionados a las posibilidades de supervivencia de cada uno en este período de dificultad y estas posibilidades varían más en función de las características personales y sociales (red social, apoyo familiar, diversificación de habilidades y disponibilidad para realizar tareas diferentes de aquellas para las cuales se preparó profesionalmente) que en función de patrones económicos del mercado.

La escolaridad de la población desocupada creció de 26% de personas de 14 años o más con por lo menos el primer año del secundario concluido en 1995 para 36% en 1999, siendo mucho más elevada para las mujeres que para los hombres en las dos fechas. La escolaridad de las personas desocupadas en 1999 es, tanto para la población en general como para la masculina y femenina, mayor que la escolaridad de las personas ocupadas. Cabe resaltar que, al contrario de lo que sucede con la población ocupada, los datos muestran una tendencia a la ampliación de los diferenciales de escolaridad entre hombres y mujeres (de 10,8 puntos porcentuales en 1995 para 11,5 puntos porcentuales en 1999), aumentando la ventaja de las mujeres . Por lo tanto, vale enfatizar que son las mujeres con una buena preparación educacional las que se están quedando al margen del mercado de trabajo.

4.3 Población ocupada de 14 años o más

El sistema permite caracterizar la población ocupada por edad (mediana y categorías de edad), ingresos, escolaridad, posición en la ocupación14 (empleados, autónomos y empleadores), características de la ocupación principal (sector de actividad, tiempo en la ocupación, número de horas trabajadas y mediana de ingresos) en 1995 y en 1999, lo que posibilita también una definición de tendencias.

Las medianas de edad de la población ocupada son muy semejantes para hombres y mujeres , situándose en el rango de los 33 años en 1995 y entre 34 y 35 años para 1999, lo que muestra una tendencia al envejecimiento, más acentuado entre las mujeres. La distribución por grupo de edad de los ocupados (ocupados del grupo de edad /población total del mismo grupo) es la siguiente:

Tabla 2
Distribución por grupo de edad de los ocupados

Edad y Sexo 1995 (%) 1999  (%) Diferenciales (Puntos Porcentuales)
14 años o más (Total) 63 60 Menos 3
Hombres 38 36 Menos 2
Mujeres 25 24 Menos 1
14 a 24 años  (Total) 54 49 Menos 5
Hombres 67 60 Menos 7
Mujeres 42 38 Menos 4
25 a 49 años  (Total) 76 74 Menos 2
Hombres 92 89 Menos 3
Mujeres 59 57 Menos 2
50 años o más (Total) 47 46 Menos 1
Hombres 64 62 Menos 2
Mujeres 32 32 0

El análisis de la Tabla 2 permite concluir que:

• la proporción de ocupados todavía es mucho mayor para los hombres que para las mujeres en todos los grupos de edad;
• las curvas de las poblaciones ocupadas masculina y femenina ya tienen el mismo perfil: crecen hasta los 49 años (grupo de edad en el cual más de la mitad de las mujeres está ocupada), declinando en seguida en ambos casos, lo que evidencia una mayor independencia entre el ciclo reproductivo y la ocupación femenina;
• Aunque la proporción de ocupados haya disminuido entre 1995 y 1999 en todos los casos, esta reducción fue más significativa para los jóvenes de 14 a 24 años indicando un retardo en el ingreso al mercado de trabajo y/o un mayor tiempo de permanencia en la escuela. La segunda mayor reducción fue en el grupo de edad de 25 a 49 años y por último, entre las personas de 50 años o más, mostrando que la pérdida de espacio de los más viejos en el mercado de trabajo, probablemente se está verificando en una edad más elevada que los 50 años, aquí establecidos como corte superior. En todas los grupos de edad, la reducción fue mas significativa para los hombres que para las mujeres.
• Otro dato importante a ser destacado (ver la Tabla 3 con los valores de las medianas de ingresos de los ocupados) es el que se refiere al espacio conquistado, y el no perdido por la población femenina en el mercado de trabajo, continúa a ser significativamente peor remunerado, a pesar de que se esté reduciendo lentamente esta diferencia, como se puede evidenciar en los aumentos porcentuales mayores verificados en las medianas de ingresos de las mujeres más jóvenes y de más edad, generando reducciones relevantes en los diferenciales de ingresos entre trabajadoras y trabajadores (entre las más jóvenes ya se verifica un menor diferencial en las dos fechas). Asimismo, vale resaltar los indicadores para el grupo de 25 a 49 años, donde todavía se da una situación inversa.

Tabla 3
Valores de las Medianas de Ingreso de los Ocupados


Edad y Sexo Mediana de ingresos en 1995(R$) Mediana de ingresos en 1999(R$) Diferenciales de las medianas de ingresos (%) % de ingresos de los hombres  1995 % de ingresos de los hombres  1999
14 años o más (Total) 220,0 296,0 Más 36    
Hombres 260,0 320,0 Más 23    
Mujeres 175,0 240,0 Más 37 67 75
14 a 24 años  (Total) 150,0 200,0 Más 33    
Hombres 150,0 200,0 Más 33    
Mujeres 120,0 160,0 Más 33 80 80
25 a 49 años  (Total) 260,0 320,0 Más 23    
Hombres 300,0 400,0 Más 33 67 63
Mujeres 200,0 250,0 Más 25    
50 años o más (Total) 200,0 250,0 Más 25    
Hombres 220,0 300,0 Más 36 65 67
Mujeres 143,0 200,0 Mas 40    

En el conjunto de las RMs, las mujeres ocupadas de 14 años o más, en 1995, ganaban 63% de lo que los hombres ganaban, proporción esta que sube para 65% en 1999. En las UFs, las mujeres mejor remuneradas estaban en el Estado de Roraima y en el Distrito Federal en 1995 (mediana de R$ 300,00), lo inverso se daba en el Estado de Maranhão en 1995 (mediana de R$80,00) y en los Estados del Nordeste en 1999 (mediana de 1 SM). Todavía regionalmente la peor relación mediana de salario hombre/mujer en 1999 fue encontrada en el Estado de Pará (mujeres recibiendo 58% de lo que los hombres reciben) y la mejor en Amapá (91%), justo donde existe la menor proporción de mujeres ocupadas.

La escolaridad de la población ocupada creció de 26% de personas de 14 años o más con por lo menos el primer año del secundario concluido en 1995 para 31% en 1999, siendo mas elevada para las mujeres que para los hombres, en las dos fechas. Vale destacar que los datos muestran una ligera tendencia a la reducción de los diferenciales de escolaridad entre hombres y mujeres (de 6 puntos porcentuales en 1995 para 5,5 puntos porcentuales en 1999).

La Tabla 4, a seguir, muestra los indicadores de la población ocupada por posición en la ocupación:

Tabla 4
Población ocupada por posición en la ocupación


Indicadores y años Empleados Autónomos Empleadores
1995      
Proporción en la pob. (% ) (Total) 38 18 3
Hombres 23 11 2
Mujeres  15 7 1
Mediana de edad en años  (total) 31,0 40,0 41,0
Hombres 31,0 40,0 41,0
Mujeres 31,0 40,0 39,0
Escolaridad (*) (total) 41 15 60
Hombres 36 14 56
Mujeres 49 16 76
Mediana de ingreso en reales (total) 210,0 200,0 1000,0
Hombres 250,0 250,0 1000,0
Mujeres 180,0 150,0 1000,0
Relación ingreso mujer /hombre (%) 72 60 0
1999      
Proporción en la pob. (Total) 36 17 3
Hombres 21 11 2
Mujeres  15 6 1
Mediana de edad (total) 32,0 41,0 41,0
Hombres 32,0 41,0 41,0
Mujeres 32,0 41,0 41,0
Escolaridad (*) (total) 38 18 63
Hombres 32 17 59
Mujeres 47 21 78
Mediana de ingresos  (total) 286,0 256,0 1116,0
Hombres 302,0 300,0 1186,0
Mujeres 250,0 180,0 1000,0
Relación ingreso mujer / hombre 83 60,0 84
(*) personas con por lo menos el primer año del secundario concluido.

A partir de este cuadro se puede llegar a las siguientes conclusiones:

• la estructura de la población ocupada por posición en la ocupación es muy semejante en las dos fechas, habiendo una pequeña reducción en la proporción de empleados y autónomos en el período;
• lo mismo ocurre con la mediana de edad: es muy semejante en las dos fechas tanto por sexo como para cada tipo de inserción en el mercado de trabajo, revelando que los empleados son aproximadamente 9 años más jóvenes que los autónomos y empleadores, sin embargo, los empleados de más edad están bien próximos de la edad de los autónomos. Tales datos parecen indicar que las opciones no asalariadas son más frecuentes entre la población de más edad lo que puede significar un progreso en el caso de los empleadores y falta de oportunidades para obtener empleo formal en el caso de los autónomos.
• La escolaridad más alta corresponde a la de los empleadores (más de la mitad con por lo menos el primer año del secundario concluido) que ha sido creciente en el período estudiado, como en el caso de los autónomos. Ya los empleados tuvieron su nivel de escolaridad reducido entre 1995 y 1999, contrariando la tendencia general de aumento de la escolaridad a lo largo de la década del 90.
• Los datos de los ingresos para las dos fechas aproximan más los empleados de los autónomos, con una pequeña ventaja para los primeros, quedando los empleadores en un nivel casi 5 veces superior. La diferencia de los ingresos entre hombres y mujeres es menor entre los empleadores, seguida de los empleados, encontrándose entre los autónomos la mayor desigualdad: las mujeres ganando 60% de lo que ganan los hombres en las dos fechas. Es decir, aún dentro de un segmento de mercado precario, por definición, las mujeres se encuentran peor situadas que los hombres, a pesar de su mayor instrucción. 

El comportamiento de todos estos indicadores para la población femenina en el conjunto de las RMs es muy semejante al de la población femenina para el Brasil como un todo. A nivel de las UFs, las desigualdades regionales para 1999 pueden ser resumidas y observadas en la Tabla 5, a seguir:

Tabla 5
Desigualdades Regionales en 1999


Indicadores para las mujeres Mayor valor asumido Menor valor asumido
Proporción de empleadas 24% (RR) 10% (MA)
Proporción de autónomas 14% (MA) 3% (DF)
Proporción de empleadoras 1% ( SC) 0,1% (MA)
Mediana de edad de las empleadas 35 años (RJ y PB) 29 años  (TO)
Mediana de edad de las autónomas 44 años  (SC, RS) 29 años  (RR)
Mediana de edad de las empleadoras 51 años  (RR) 35 años (MT,TO)
Empleadas con por lo menos el 1er año del 2° grado concluido 60% (AP) 41% (GO)
Autónomas con por lo menos el 1er año del 2° grado concluido 42% (RJ) 6% (MA)
Empleadoras con por lo menos el 1er año del 2° grado concluido 100% (AC, AP) 57% (PA)
Mediana de ingresos de las empleadas R$350,00 (RR, AP, SP) R$136,00 (PI, CE, BA)
Mediana de ingresos de las autónomas R$400,00 (DF) R$80,0 (MA)
Mediana de ingresos de las empleadoras R$2036,0 (RO) R$630,00 (CE)
% relación ingresos hombre/mujer empleados 116% (AP) 63% (MT)
% relación ingresos hombre/mujer autónomos 100% (RR) 42% (MS)
% relación ingreso mujer/hombre empleadores 262% (AC) 41% (RN)

En lo que concierne a la media y a la mediana del número de años en la ocupación principal, la población ocupada parece bastante homogénea: valores en torno de 7 años en el caso de la media para las dos fechas, con pequeños incrementos en el período, más significativos en el caso de las mujeres ocupadas en el conjunto de las RMs, donde este pasa de cinco años en 1995 para seis años en 1999. La mediana se fija alrededor de los cuatro y tres años para hombres y mujeres, en el caso de las RMs en 1995, y empata en cuatro años en 1999, revelando un aumento en la estabilidad de la mujeres. Estos valores indican un nivel no exagerado de rotación de la mano de obra, lo que propicia mayores oportunidades de calificación en el desempeño de la función ocupada.

Un cierto patrón de estabilidad impera también en el caso de las horas semanales t