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Perfil Brasil
SUMARIO
Introducción
1. Antecedentes
2. El Sistema Integrado de Indicadores de Género
en las Áreas de Trabajo y Educación
3. Objetivos del perfil nacional
4. La estructura del perfil para Brasil
Sección 1. Indicadores Demográficos
Sección 2. Indicadores Familiares
Sección 3. Indicadores de escolaridad
Sección 4. Indicadores de trabajo e ingreso
4.1. Contextualización
4.2. Población desocupada de 14 años
o más
4.3. Población ocupada de 14 años
o más
Sección 5. Indicadores de desigualdad del
ingreso
Consideraciones Finales
Anexo: Cuadros de indicadores
Bibliografía
INTRODUCCIÓN
1. Antecedentes
Es
significativo el número de conquistas efectivas y relativamente
rápidas conseguidas por las mujeres. Poco tiempo pasó desde el
inicio del derecho al voto hasta la exigencia de una cuota mínima
de mujeres candidatas a cargos electivos. Del casamiento impuesto
por la autoridad paterna a la libertad de escoger a su propia
pareja. Del compromiso indisoluble y vitalicio a la sociedad consentida
mientras sea juzgada válida por ambas partes. Del confinamiento
al mundo privado doméstico a la ocupación de diferentes espacios
en el mercado de trabajo y la sociedad. Del ama de casa a la ejecutiva.
De la servidumbre al hombre y a los hijos a la propuesta de división
de las tareas del hogar y de la familia; y así por delante.
En verdad, es importante que no se pierda de vista que esas conquistas,
además de efectivas, significan nuevas posibilidades y potencialidades
a ser asimiladas de forma diferenciada de acuerdo con la clase
social a la cual se pertenece, con el grado de instrucción alcanzado,
y en última instancia, con las posibilidades concretas de superación
de las enormes desigualdades en las cuales la sociedad está cimentada:
desigualdad del ingreso, de instrucción y principalmente, de oportunidades.
Entre estas desigualdades, todavía llama especial atención la
asimetría existente en las relaciones que se da entre hombres
y mujeres dentro del seno familiar, la cual acaba reproduciéndose
en todas las esferas de inserción de la mujer en el mundo, quizás
porque ella misma la haya internalizado dentro de sí a partir
de los valores culturales en los cuales fue socializada.
Desde algún tiempo atrás los movimientos femeninos vienen orientando
sus debates bajo la perspectiva de que las cuestiones que tradicionalmente
le son atribuidas necesitan ser colocadas en un contexto más amplio,
vale decir, el de la discusión de las relaciones y de los papeles
de hombres y mujeres en la sociedad. Esta es la llamada cuestión
de género, pues se refiere tanto al género masculino como al femenino,
sin restringirse a uno de ellos únicamente. Este abordaje permite
situar el tema en un horizonte mayor al tratarla cuestión de la
desigualdad entre hombres y mujeres, por ejemplo, como un problema
en las relaciones de dominación socialmente establecidas entre
los dos géneros. De otro lado, vuelve a plantear los términos
para la solución de los problemas: soluciones conjuntas que involucran
cambios de posición y de comportamiento de hombres y mujeres en
una repartición social más justa de las responsabilidades y oportunidades.
(DIEESE, 1999 pág. 43)
2.El Sistema Integrado de Indicadores de Género
en las Áreas de Trabajo y Educación.
El reconocimiento de que muchos cambios están en vigor se constituye
en una de las principales motivaciones para la realización del
proyecto de Construcción del Sistema Integrado de Indicadores
de Género en las Áreas de Trabajo y Educación con el objetivo
general de (...) retratar las conquistas y obstáculos para la
efectiva realización de la igualdad entre hombres y mujeres en
los países del Mercosur (IBAM, 2001, pág. 4).
El sistema tiene por objetivo:
desde el punto de vista del conjunto de los países del
Mercosur, anticipar futuras necesidades de información de una
región cuyos países podrán beneficiarse y fortalecerse conjuntamente,
en consecuencia de la adopción de políticas dirigidas a la disminución
de las desigualdades sociales, delineadas a partir de una base
de indicadores comunes. (IBAM, 2001, pág. 2)
desde el punto de vista interno de cada país, aumentar
el acervo de informaciones disponibles sobre las condiciones de
vida de las mujeres y hombres, especialmente en los aglomerados
urbanos (IBAM, 2001, pág. 2). Aunque el proyecto no tenga
pretensiones normativas, un subproducto derivado del sistema se
refiere a la contribución que el proyecto dará, al constatar lagunas
y dificultades de los sistemas estadísticos nacionales, para la
sensibilización de sus responsables sobre la necesidad de mejorar
cualitativamente la producción de datos que permitan ofrecer una
mayor visibilidad a las diferencias de género existentes en la
sociedad. Este es un punto sobre el cual hay todavía mucho que
avanzar.2
Aún suponiendo que una de las metas importantes en la mayoría
de las sociedades sea la de caminar en dirección a la igualdad
de los sexos en lo que se refiere a la situación social y económica,
existe la cuestión substantiva de que hombres y mujeres son afectados
de forma diferente por el medio económico y social y esto tiene
que ser llevado en cuenta a la hora de seleccionarse indicadores
capaces de aumentar la información disponible. Los indicadores
(...) deben ser medidas de las disparidades y desigualdades. Deben
ser de interpretación relativamente fácil y capaces de ser usados
para diagnosticar las razones de las diferencias entre subpoblaciones
a fin de que se produzcan cambios en esas situaciones. (Powers,
1985., pág. 3)
Cabe resaltar que toda construcción está basada en premisas que
al mismo tiempo tornan factible y limitan el producto. Así, las
de este sistema fueron, además de la pertinencia al tema central,
por supuesto, la comparabilidad entre los países y la unidad de
la fuente: las encuestas nacionales oficiales por muestreo de
domicilio para los años de 1995 y 19993.
De estas premisas derivan la mayor calidad y originalidad del
Proyecto: la disponibilidad, de forma simple y accesible, de un
conjunto significativo de datos para los 4 países en niveles de
desagregación inéditos, como es deseable para la construcción
de políticas públicas. De la misma forma, de estas premisas derivan
su principal limitación: el no poder construir algunos indicadores
relevantes en función de la inexistencia de información para todos,
a partir de las mismas fuentes y en las mismas fechas. Así, realmente
no se constituye en el mejor sistema de indicadores posible para
cada país, sino en el mejor (quizás el único) para los 4 países
y algunas de sus unidades geográficas más desagregadas.
Partiendo del principio de que toda posibilidad de acción está
basada en la información, el sistema incrementará en mucho el
potencial político de acción, evidentemente que de acuerdo con
las prioridades y los focos de cada administración. En aquellos
gobiernos donde haya interés en dirigir la atención y recursos
para la reducción de las desigualdades de género, principalmente
en el mercado de trabajo, el sistema podrá ser muy útil.
3. Objetivos del Perfil Nacional
De acuerdo con Bateson, la información es la diferencia que
hace diferencia (cf. Bateson In: Andersen, 1986, pág. 3) y
la conclusión a la que llega Tom Andersen basada en esta afirmación
es en el sentido de que esta diferencia puede ser medida y sus
proporciones determinarán la posibilidad de cambios que ella será
capaz de generar. Así, el principal objetivo de los perfiles nacionales,
como éste para Brasil, al agregar comentarios y establecer relaciones
entre los indicadores numéricos, es el de permitir a los usuarios
del sistema una visión del potencial que el uso de las informaciones
tienen, estimulando la realización de estudios regionales, primer
paso para la construcción de acciones locales.
4.La Estructura del Perfil para Brasil
En el presente artículo, los datos se han organizados de tal forma
que sea posible comentar los diferentes grupos de indicadores
que componen el sistema: indicadores demográficos; indicadores
de familia; indicadores de escolaridad; indicadores de trabajo
e ingreso; indicadores de la desigualdad del ingreso.
Para la elaboración de este perfil, se optó por la siguiente organización
de los indicadores disponibles en cada uno de los subtemas: valores
asumidos en la población total, en la población masculina y en
la población femenina. Llevándose en cuenta que el interés principal
del proyecto es el de llamar la atención para la condición femenina
y aprovechando las posibilidades de los indicadores desagregados
regionalmente, se utilizaron también los valores asumidos para
las mujeres en el total de las Regiones Metropolitanas (RMs) y
además se destacaron los mayores y menores valores de cada indicador,
localizando las Unidades de la Federación (UFs) donde fueron registrados.
Para cada conjunto de indicadores se trató de realizar un estudio
sobre su comportamiento a lo largo del tiempo, verificándose cuáles
eran los que presentaban mayores discrepancias por género y las
mayores disparidades regionales observadas. Los resultados fueron
aún cotejados con las principales tendencias apuntadas en otros
estudios sobre la misma temática4.
El presente artículo, que no pretende de alguna manera ser exhaustivo,
sino más bien ejemplificador del potencial de uso de las informaciones
del sistema (compuesto de casi cuatro centenas de indicadores),
al mismo tiempo que se constituye en un todo, es organizado por
temas con el fin de permitir la lectura de sus secciones en separado.
Sección 1: INDICADORES DEMOGRÁFICOS
Los indicadores demográficos se constituyen en el telón de
fondo necesario para situar cualquier estudio debido a que permiten
una visión general de la población en la cual se circunscribe
la parcela en estudio. En este caso específico, algunos de los
cambios demográficos ocurridos en las últimas décadas fueron fundamentales
para impulsar el ingreso de la mujer en una era de cambios como
lo es la era en que vive. Un cambio por ejemplo es la reducción
de la natalidad con la consecuente reducción del tamaño de la
familia y la mayor liberación del tiempo de las mujeres para integrarse
al mercado de trabajo.
Las principales tendencias demográficas apuntadas para Brasil
a lo largo de la década del 90 fueron :
continuidad del ritmo de reducción del crecimiento demográfico,
basado principalmente en el proceso continuo de reducción de las
tasas de fecundidad, a partir de la segunda mitad de los años
70;
continuidad del proceso de urbanización;
mayor participación femenina en la población total, debida
principalmente al aumento de la expectativa de vida, más significativa
en el caso de las mujeres ;
reducción del peso de la población infanto-juvenil y aumento
de la población de más edad, ocasionando significativas alteraciones
en la estructura por edad de la población como un todo;
reducción de la mortalidad.
Los indicadores existentes del sistema resaltan la estabilidad
de la distribución por sexo y su relativo equilibrio en el período
estudiado, con ligera predominancia femenina (51% contra 49% de
hombres en los dos años), principalmente en las regiones urbanas,
llegando a 52% en el conjunto de las Regiones Metropolitanas (RMs).
Regionalmente, la mayor proporción de mujeres es de 53%, encontrada
en los Estados de Paraíba y Acre en 1995 y 1999, respectivamente,
mientras que la menor proporción se encuentra en los Estados de
Amapá (47%) y Mato Grosso (49%), en las dos fechas, respectivamente.
No obstante las aludidas alteraciones en la estructura por edad
indicando que hay un proceso de envejecimiento de la población,
también verificadas aquí (los indicadores señalan en el período
estudiado la reducción en la participación de los grupos de edad
de los menores de 1 año, de las personas hasta 13 años y de las
personas entre 14 y 24 años, y el aumento en la participación
de los grupos de edad entre 25 a 49 años, y de los mayores de
50 años y de 60 años), una evaluación de la media y de la mediana
de edad de la población revela que Brasil todavía es un país de
población bastante joven: 27,7 y 28,7 años en media para el conjunto
de la población en 1995 y 1999, con mediana de 24 y 25 años, respectivamente.
La media apunta para una diferencia de edad entre hombres y mujeres
del orden de 1 año y la mediana señala una diferencia de 2 años,
registrando siempre una población femenina un poco mayor, situación
que se confirma y se profundiza para el conjunto de las RMs (30
y 30,9 años, en 1995 y 1999, respectivamente). Tales datos son
compatibles con las diferencias ya señaladas en las expectativas
de vida por sexo. La distribución regional indica que las mujeres
de más edad se concentran en Río de Janeiro, tendencia que se
mantiene a lo largo del período, con una media llegando a los
33,2 años en 1999. Lo inverso se observa en el Estado de Amapá,
donde las mujeres tenían 23,5 años de edad, en media, en la misma
fecha .
Sección 2: INDICADORES FAMILIARES
Las principales tendencias de las familias brasileñas a lo
largo de los años 90 confirman las tendencias detectadas en las
décadas anteriores. Vale decir:
reducción del tamaño de las familias;
estabilidad en la distribución de las familias por tipo,
permaneciendo el predominio de las familias constituidas por el
modelo tradicional de pareja con hijos;
crecimiento de las familias cuyas personas de referencia
son mujeres en virtud de razones de orden económica como la
persistencia de la pobreza, además de factores culturales asociados
a nuevos patrones de comportamiento de las mujeres y de las estructuras
familiares más diversificadas, principalmente en los centros urbanos.
(Bruschini 2000, pág. 36)
crecimiento del número de personas que se declararon cónyuges
en familias cuya persona de referencia pertenece al sexo femenino;
El sistema de indicadores que se utiliza para la elaboración de
este perfil no trabajó con los archivos de familias de las PNADs.
Aún así, los indicadores construidos a partir de los archivos
de personas de 14 años o más de edad como posición en la familia
(personas de referencia, cónyuges, empleadas domésticas que viven
en el domicilio donde trabajan, por ejemplo) permiten examinar
algunos de los más importantes aspectos relativos a este subtema.
Se trabaja también con personas que se ocupan solamente de los
quehaceres domésticos, tradicionalmente la condición femenina
por excelencia. En el caso brasileño, dada la ausencia de información
del estado conyugal, se recurrió a tabulaciones especiales sobre
personas que están viviendo en cada tipo de familia por sexo,
edad y escolaridad.
Estas tabulaciones muestran que la mayoría absoluta de las personas
de 14 años o más viven en familias de composición tradicional:
pareja con hijos5,
a pesar de que haya una tendencia de lenta disminución 67% en
1995 y 65% en 1999. Paralelamente, existe una ligera tendencia
de ampliación de la porción de la población que vive en familias
compuestas por madres e hijos6:
14% y 15% para las dos fechas, respectivamente. Estos valores,
siempre manteniendo la tendencia general, son más altos para los
más instruidos y para los más jóvenes (14 a 24 años). En el caso
de las personas mayores de 50 años es significativa, aunque declinante,
la participación de las que viven en familias del tipo pareja
sin hijos (48% en 95 y 44% en 99) y de las que viven en otros
tipos de organizaciones familiares (17% en las dos fechas). Vale
resaltar que la proporción de personas que vive en la organización
familiar de madre con hijos es la única que crece en el período
en estudio, independientemente de las características personales
(edad y escolaridad) de sus miembros.
Los indicadores constantes del sistema resaltan la estabilidad
de la proporción de personas de referencia en el
total de la población (37% en las dos fechas) y la fuerte predominancia
de hombres que declaran desempeñar esta función en la familia,
a pesar de que el indicador presente señales de reducción en el
período. Digno de nota es el aumento de la participación femenina
(de 7,4% para 8,5% en el período en análisis) principalmente en
las RMs, llegando a 10,4% en el conjunto de ellas en 1999. Regionalmente,
la mayor proporción de mujeres cabezas de familia es de
11% encontrada en el Estado de Acre y en el Distrito Federal en
1995 y 1999, respectivamente, mientras que la menor proporción
es encontrada en los Estados de Santa Catarina (5%) y Mato Grosso
(6%), para las dos fechas, respectivamente.
Coherentemente con las responsabilidades de la función, las personas
de referencia tienen más edad (mediana de edad de 43 y 44 años
en 1995 y 1999, respectivamente), con significativa diferencia
entre hombres y mujeres, siendo los primeros cerca de 10 años
más jóvenes que las segundas, aunque la tendencia de los jefes
hombres en el período estudiado sea la de envejecimiento y de
las mujeres de rejuvenecimiento (principalmente en las RMs). En
los Estados de Rio Grande do Norte y Paraíba se encuentran las
mujeres responsables por sus familias con mayor edad (mediana
de 56 años para las dos fechas, en ambos lugares), quedando los
Estados de Amapá y Roraima con las más jóvenes en 1995 y 1999
(medianas de 41 y 40 años, respectivamente).
Con relación al nivel de escolaridad, se observa que es bajo en
el caso de los jefes de familia en general (solamente 21% en 95
y 24% en 99 habían completado por lo menos el primer año del secundario)
aunque esa proporción se haya elevado en el período en estudio
como sucedió con casi todos los indicadores de instrucción, conforme
será mencionado a lo largo de este artículo. Es interesante observar
que las mujeres que ocupan la posición de persona de referencia
lograron una elevación en la escolaridad más significativa que
la de los hombres, habiendo llegado a 1999 en igualdad de condiciones
con ellos. Este aumento fue más relevante en el caso del conjunto
de las RMs, si bien que en ellas la mujer haya continuado con
un nivel de escolaridad inferior al de los hombres. La distribución
regional muestra que en 1995 se encontraban en el Distrito Federal
las mujeres jefes de familia más instruidas, posición conquistada
por el Estado de Roraima7
en 1999: 41% y 45% respectivamente, con por lo menos el primer
año del secundario concluido.
Es igualmente bajo el nivel de ingresos de las personas de referencia,
a pesar de que haya aumentado aproximadamente 21% en el período
en estudio, alcanzando más o menos 2,5 Salarios Mínimos (SMs)
R$ 340.008
- en 1999. Aquí también se destaca, por la primera vez, lo que
será una constante a lo largo de este perfil: la más baja remuneración
relativa de las mujeres, en relación a la de los hombres .
Para el caso de las mujeres que son personas de referencia en
sus familias, su mediana de ingreso correspondía al 65% de la
de los hombres en la misma función en 1995 y al 68% en 1999. En
las RMs, la diferencia también se está reduciendo, siendo todavía
más significativa: allí la mediana de ingresos de las mujeres
jefes de familia era, en 1999, de apenas 58% de la de los hombres.
Como ya había sido dicho, los hombres son más jóvenes que las
mujeres y, en el último año, tenían idéntico nivel de escolaridad.
Regionalmente, las mujeres personas de referencia con ingresos
más elevados se encuentran en el Estado de Amapá en 1995 (R$470.00)
y en Roraima en 1999 (R$492.00), donde ellas también son las más
jóvenes y en el caso de Roraima, las más instruidas como ya se
había destacado anteriormente. De manera inversa, en los estados
de la Región Nordeste es donde se encuentran los más bajos ingresos
de las mujeres personas de referencia, con mediana de R$100.00
en 1995 y de R$136.00 en 1999, es decir, siempre en el nivel de
un Salario Mínimo.
La proporción de personas que se declararon cónyuges en
el total de la población fue prácticamente estable (26,7% y 26,2%
para los dos años), siendo una posición ocupada casi que exclusivamente
por las mujeres, aún cuando el indicador presente incipientes
señales de reducción en el período, con una concomitante elevación
de la participación masculina de 0,2% para 0,8% en 1995 y 1999,
respectivamente. Esta tendencia es más fuerte en las RMs. Los
indicadores para el conjunto de la población parecen demostrar
que la alteración del concepto de jefe del hogar para persona
de referencia efectuada por la PNAD con la intención de retirar
la función del papel masculino culturalmente atribuido, obtuvo
poco resultado frente a la diferencia de género que hace con que
las mujeres se declaren preferentemente cónyuges cuando viven
con su pareja. Sin embargo, la afirmación presente en el IBGE
2000, pág. 205, realizada a partir del indicador desagregado,
torna relativa dicha información, al apuntar la tendencia de un
aumento en el contingente de hombres que se declaran cónyuge en
familias cuya jefatura es femenina: "en 1992 este contingente
era de cerca de 330 mil personas, representando apenas 1,2% mientras
que en 1999 este grupo alcanzó más de un millón lo que corresponde
al 3,3%."
Regionalmente, la mayor proporción de mujeres cónyuges se encuentra
en los Estados de Santa Catarina (31%) y Mato Grosso (28%), para
las dos fechas, respectivamente, justo en los lugares donde se
registraron las menores proporciones de mujeres personas de referencia.
Inversamente, la menor participación de mujeres cónyuges es encontrada
en el Estado de Amazonas.
Las personas que se declararon cónyuges son más jóvenes (mediana
de edad de 37 y 38 años en 1995 y 1999, respectivamente) que las
personas de referencia, esta vez con una significativa diferencia
entre hombres y mujeres, siendo los primeros cerca de 4 años mayores
que las segundas, habiendo ambos envejecido 1 año en el período.
Más una vez, las mujeres cónyuges de más edad están en el Estado
de Río de Janeiro y en Rondonia y Roraima las más jóvenes.
Respecto al nivel de escolaridad, aunque también sea bajo, se
verifica una mejor situación en los cónyuges que en las personas
de referencia, de esta vez con una significativa y creciente ventaja
para los hombres, un tanto más reducida en el caso de las RMs.
La distribución regional muestra que en ambas fechas, estaban
en el Distrito Federal las mujeres cónyuges más instruidas. Inversamente,
las menos instruidas se encontraban en los Estados de Maranhão,
en 1995, y Piauí, en 1999.
Cuando lo que está en estudio es el nivel de ingresos de los cónyuges,
la situación es peor que la verificada para las personas de referencia:
a pesar de haber aumentado cerca de 33% en el período en estudio,
alcanzando más o menos 1.5 SM R$200.00 - en 1999, se mantuvo la
tendencia general de menor remuneración de las mujeres (mediana
alrededor de 50% de la de los hombres) y de ingresos con valores
más altos en las RMs y en el Distrito Federal, y más bajos en
los Estados de la región Nordeste, para las dos fechas.
Los indicadores relativos a la parcela de la población clasificada
como dedicada exclusivamente a los quehaceres domésticos
(15% en 1995 y 14% en 1999) muestran cierta semejanza con los
verificados para los cónyuges: es compuesta casi exclusivamente
por mujeres (14% y 12,6% en 1995 y 1999, respectivamente), con
tendencia a la reducción en el período, principalmente en las
RMs. Los mayores contingentes están en los Estados de Rondônia
(1995) y São Paulo (1999), y los menores en Acre y Maranhão, para
las dos fechas, respectivamente.
En lo que se refiere a la edad, los indicadores se sitúan en torno
de los 35 años con una tendencia al envejecimiento, siendo los
hombres más jóvenes que las mujeres. Más una vez, Río de Janeiro
se destaca en las dos fechas por registrar la población de mujeres
con más edad, tendiendo cada vez más al envejecimiento (mediana
de 38 y 40 años respectivamente) y el Estado de Acre por tener
la población femenina más joven y con tendencia mayor a la juventud:
mediana de 28 y 27 años en las dos fechas, respectivamente.
El nivel de escolaridad es más bajo que el de los cónyuges, habiendo
disminuido en el período de forma opuesta al sentido general de
los indicadores de escolaridad, como será visto más adelante.
Tal hecho parece indicar que permanecen realizando los quehaceres
domésticos las personas menos instruidas, con mayores dificultades
de inserción en el mercado de trabajo de la forma como este mercado
es estudiado9.
En 1999, menos del 19% de personas dedicadas exclusivamente a
las labores domésticas tenían por lo menos el primer año del secundario
concluido, situándose encima de esta media en las RMs. Entre las
UFs, una vez más se destaca positivamente el Estado de Roraima
donde el indicador asume el valor de 37% en 1999; y negativamente
el Estado de Alagoas con 91% de las mujeres en 1999 situadas abajo
del primer año del secundario.
La mediana de ingresos de las personas que se encargan exclusivamente
de los quehaceres domésticos es muy baja y, aunque haya aumentado
36% en el período estudiado, alcanzó en 1999 solamente R$136.00
(1 SM), siendo una de las raras situaciones en que es más elevada
para las mujeres que para los hombres, llegando a alcanzar R$300.00
en las RMs en 1999. Los extremos de la distribución están situados
en el Distrito Federal en las dos fechas (R$400.00), igualado
por Roraima en 1999 y en los Estados del Nordeste (R$100.00 y
R$ 13600, en 1995 y 1999, respectivamente).
En el caso del sistema de indicadores que se está analizando,
el empleo doméstico, importante tipo de inserción de las
mujeres en el mercado de trabajo (17% de las mujeres ocupadas
de 10 años o más de edad, en 1999 y solamente 0,9% de los hombres
ocupados de 10 años o más de edad) recibió un tratamiento limitado
en función de las ya referidas premisas del sistema. No se trabajó
con los archivos de ocupación en función de la enorme diversidad
existente en los 4 países. Así, se dejó de obtener para Brasil
los datos relativos al trabajo doméstico remunerado porque era
el único país que recababa la información en el rubro posición
en la ocupación y no en el rubro ocupación. No obstante, como
todas las encuestas nacionales levantaban la situación del trabajo
doméstico como posición en la familia, esta información
fue incluida en el sistema pero refiriéndose solamente a las trabajadoras
domésticas que viven en el domicilio donde trabajan, seguramente
una subparcela reducida del universo del trabajo doméstico remunerado
como un todo10.
Resultado de ello son los valores tan bajos encontrados: menos
del 1% para el total de la población de 14 años o más, restringido
al universo femenino y con tendencia a la reducción en el período.
Una caracterización de estas mujeres muestra que son bastante
jóvenes (mediana de edad de 22 y 24 años para las dos fechas),
con un nivel de instrucción bastante bajo (en 1995 cerca del 94%
con menos del primer año del secundario concluido), aunque con
una fuerte tendencia a la elevación (en 1999 la proporción de
las menos instruidas cae para 86%) y con remuneración de 1 SM
en las dos fechas. En el Estado de São Paulo es donde ellas se
encuentran mejor remuneradas; ya lo inverso sucede en los Estados
del Nordeste (1995) y en Acre y Tocantins (1999). Las medianas
de ingreso en este caso indican que una trabajadora doméstica
en estas dos UFs percibía, en 1999, 27% de lo que sus compañeras
ganaban en São Paulo.
Sección 3: INDICADORES DE ESCOLARIDAD
Las principales tendencias presentadas en la situación educacional
de la población brasileña en la década del 90 fueron :
significativa mejoría en la situación educacional aunque
todavía se sitúe en niveles lamentablemente bajos, se registraron
no sólo bajas en las tasas de analfabetismo (absoluta y funcional)
sino también aumentos en la escolaridad media y en la tasa de
escolarización de la población. Según el IBGE 2000, las principales
razones para una mejora de la situación educacional pueden estar
relacionadas no sólo al aumento de las exigencias de educación
formal para el ingreso y ascenso en el mercado de trabajo sino
también al resultado de una serie de programas y políticas que
fueron implantadas en los años 90 con miras a reducir la diferencia
de la relación edad/año escolar y a retener las personas en la
escuela.
mantenimiento de las desigualdades regionales: promedio
de años de estudio de las personas de 15 a 55 años en 1999 variando
de 8,3 en el Distrito Federal a 4,4 en el Estado de Piauí (IBGE
2000);
población femenina alcanzando niveles de escolaridad superiores
a los de la población masculina.
El sistema aquí analizado tuvo que descartar los indicadores de
años de estudio y de analfabetismo absoluto y funcional por no
estar éstos disponibles para todos los países, pero incluye indicadores
del nivel de escolaridad y de asistencia escolar. Por otro lado,
la proporción de personas con por lo menos el primer año del
secundario completo o más (el nivel más alto de instrucción
que ha permitido una estadística significativa para los cruces
de datos) es una variable cruzada para prácticamente todos los
demás indicadores, como ya se pudo observar en las secciones anteriores.
Por constituirse en indicadores extremamente sintéticos, las medias
y medianas de años de estudio de las personas de 14 años o más,
para 1995 y 1999, son consideradas de gran utilidad para el análisis.
Las mismas son presentadas en la Tabla 1, a seguir, cuyos datos
no solamente demuestran claramente el aumento generalizado en
los niveles de escolaridad, sino también que estos avances han
sido más significativos en el caso de las mujeres, haciendo con
que ellas hayan superado, en 1999, a los hombres en este importante
prerrequisito de competitividad en el mercado de trabajo. Más
adelante se observará que esto todavía no les ha posibilitado
la superación de barreras típicas de las relaciones de género
que aún vienen imponiendo a las mujeres remuneraciones siempre
inferiores a la de los hombres.
Tabla 1
Medias y medianas de años de estudio de personas de 14 años
o más para 1995 y 1999
| Años
de Estudio |
Media 1995 |
Mediana
1995 |
Media 1999 |
Mediana 1999 |
| Total
de la población de 14 años o más |
5,49 |
5 |
6,09 |
5 |
| Hombres |
5,39 |
4 |
5,95 |
5 |
| Mujeres
|
5,58 |
5 |
6,21 |
6 |
| Valor
en las RMs |
6,70 |
6 |
7,32 |
8 |
| Valor
más alto para las mujeres |
7,54
(DF) |
5 |
8,03
(DF) |
8 |
| Valor
más bajo para las mujeres |
3,63
(MA) |
3 |
3,94
(PI) |
4 |
|
La Tabla 1 anterior permite registrar también que los progresos
verificados todavía no fueron capaces de aproximar la población
brasileña de un patrón deseable de escolaridad previsto para 8
años de estudio en media, o sea, la universalización de la educación
básica. A nivel regional, una vez más el Distrito Federal, donde
se implantó de forma pionera y con gran éxito el Programa de
Bolsa Escuela (Programa de Beca Escuela) y donde los estándares
de calidad de vida son mejores en general, sale a la delantera,
alcanzando en 1999 la meta referida anteriormente. Cabe resaltar,
una vez más, el enorme avance obtenido por el Estado de Roraima
cuya población de 14 años o más, tenía en media 5,53 años de estudio
en 1995 y llegó en 1999 a 7,65, situándose tan sólo abajo de Brasilia.
Es necesario destacar también la enorme disparidad regional que
hace que las mujeres del Estado de Piauí tengan en media 4,09
años de estudios a menos que sus compañeras del Distrito Federal.
El indicador que da la proporción de personas de 14 años o
más según el nivel de escolaridad más alto alcanzado corrobora
las tendencias recién señaladas: aumentó en 5,1 puntos porcentuales,
entre 1995 y 1999, la proporción de personas con los estudios
primarios completo (alcanzando la marca del 28% en 1999) y en
0,9 puntos porcentuales la proporción de personas con nivel superior
completo o incompleto, alcanzando 8% en 1999. Estos aumentos fueron
más significativos entre las mujeres, principalmente en las RMs.
Regionalmente, el Distrito Federal tiene la mayor proporción de
mujeres con el primer ciclo concluido en 1995 (41%), posición
ocupada por las mujeres de Roraima en 1999 (45%), ya los menores
valores quedaron con el estado de Maranhão en 1995 (15%) y con
Piauí en 1999 (18%). En el caso de las mujeres que tienen el nivel
superior completo o incompleto, más una vez el Distrito Federal
es el que tiene la mejor posición en las dos fechas con 10% y
12%, respectivamente. De esta vez, los menores porcentuales se
registraron en los Estados de Tocantins en 1995 y Bahía en 1999
(3% en ambos casos), una vez más destacando las enormes desigualdades
regionales.
Los indicadores de asistencia escolar de la población de
7 a 14 años también revelan un buen desempeño en el período estudiado,
alcanzando resultados más prometedores que los demás indicadores
y con menos disparidad regionalmente:
En 1999, la casi totalidad de los niños de 7 a 14 años
(96%) frecuentaban la escuela, proporción que era de 90% en 1995.
El indicador revela una pequeña ventaja para las mujeres en las
dos fechas. La UF que tenía la mayor proporción de niños en la
escuela era Roraima en las dos fechas: 95% y 100%, respectivamente.
Las proporciones más bajas quedaron con el estado de Maranhão
en 1995 (87%) y con Alagoas en 1999 (90%).
Con relación a los adolescentes de 15 a 18 años, su asistencia
a la escuela se amplió en 11,5 puntos porcentuales entre 1995
y 1999, alcanzando 74% en esta última fecha. La ventaja de la
población femenina sobre la masculina, significativa en 1995,
fue prácticamente eliminada en 1999. Los mayores porcentuales
de adolescentes en la escuela fueron encontrados en Amapá en 1995
y en Roraima en 1999. Inversamente, el indicador asumió sus valores
más bajos en el Estado de Alagoas en 1995 y asombrosamente, en
el Estado de Amapá en 1999, denotando que este Estado, bien situado
en la primera fecha, no acompañó el ritmo del aumento ocurrido
nacionalmente en el período.
Finalmente, el comportamiento de la proporción de las personas
que estudian y trabajan simultáneamente sufrió poca alteración
en el espacio de tiempo transcurrido entre 1995 y 1999: de 6,7%
pasó para 7,9%. Esta situación es más frecuente entre los hombres
y la tendencia es de que permanezca así. En las dos fechas, se
verifica que es en el Estado de Tocantins donde se encuentra la
mayor parte de las mujeres que estudian y trabajan (11% y 15%,
respectivamente) y que en Río de Janeiro se da el menor contingente
de estas mujeres, alrededor de 4% en las dos fechas.
Sección 4: INDICADORES DE TRABAJO E INGRESO
4.1 Contextualización
No es posible comentar la situación del trabajo y del ingreso
en Brasil sin dejar de mencionar algunos de los principales elementos
que hicieron parte de la coyuntura económica y social de los años
90 y que en su mayoría fueron responsables por los cambios profundos
que vienen ocurriendo en el mundo laboral. A seguir:
la apertura económica iniciada en el gobierno de Collor
de Melo (1990-1993) y profundizada en los mandatos de Fernando
Henrique Cardoso (1994-97 y 1998-2002);
la estrategia de estabilización del Plan Real: crecimiento
de las importaciones; valorización de la moneda; mantenimiento
de las tasas de cambio; financiamiento del desequilibrio externo
con intereses altísimos para atraer capitales volátiles y con
la privatización; compresión de los gastos públicos y ampliación
de los ingresos del estado para hacer frente al endeudamiento
externo. La dependencia y los altos intereses han impedido
que se consiga niveles de crecimiento de la economía brasileña
capaces de generar empleos compatibles con el crecimiento de la
PEA, la cual, por su vez, responde a patrones demográficos de
décadas anteriores, o sea, más de 1,5 millón de jóvenes llegan
anualmente al mercado de trabajo. (DIEESE, 1999, pág. 14)
los factores estructurales que generan desempleo: la insuficiencia
del crecimiento económico, el aumento de la población en busca
de trabajo y el desarrollo científico, tecnológico y organizacional
dirigido a aumentar la productividad y a economizar el trabajo
humano;
el proceso de globalización.
Principales tendencias del mercado de trabajo en los años 90:
reducción del número de puestos de trabajo en el mercado
formal, principalmente del empleo industrial;
continuidad del papel absorbedor de mano de obra del sector
terciario;
aumento de formas precarias de inserción en el mercado
de trabajo, tales como autónomos, asalariados sin contrato de
trabajo y empleo doméstico;
aumento de empleadores con un pequeño número de empleados
y aumento de la proporción de empleados en pequeñas unidades productivas;
crecimiento de las tasas de desempleo con aumento del tiempo
de busca de trabajo y aumento del desempleo de larga duración;
aumento de la participación de la mujer en el mercado de
trabajo, explicado por la necesidad económica, por las oportunidades
ofrecidas por el mercado en coyunturas específicas, por la disminución
de la fecundidad permitiendo que la mujer disponga de mas tiempo,
por la expansión de la escolaridad permitiendo nuevas oportunidades
de trabajo y por transformaciones en los patrones culturales
y en los valores relativos al papel social de la mujer, intensificados
por el impacto de los movimientos feministas desde los años 70
y por la presencia cada vez más activa de las mujeres en los espacios
públicos,(que) alteraron la constitución de la identidad
femenina, cada vez más orientada para el trabajo productivo. (Bruschini
2000, pág. 145);
flexibilización de la legislación laboral11
con reducción de los derechos de los trabajadores. Ejemplos de
esto son los contratos temporales de trabajo y con plazo determinado
y las diversas formas de tercerización o subcontratación;
aumento del rendimiento de los ocupados con remuneración.
Principales características del trabajo femenino en la década
del 90:
la inserción de la mujer en el mercado de trabajo, a pesar
de las conquistas de las últimas décadas, continúa dándose
en situaciones donde los vínculos laborales son más frágiles y
en condiciones más desfavorables que los hombres, aunque la reciente
tendencia a la precarización del trabajo venga aproximando, por
el lado negativo, a los dos sexos (DIEESE, 1999, p 49);
continúa sufriendo la interferencia de otros factores no
relacionados estrictamente con la calificación y la oferta de
empleo, tales como estado conyugal, número y edad de los hijos,
posibilidades financieras de encargar a terceros el cuidado de
los hijos pequeños (ya que la ausencia de políticas específicas
no asegura la existencia de cunas maternales suficientes, al mismo
tiempo que la ayuda paterna todavía no puede ser considerada un
valor generalizado, etc.), además de raza, patrones estéticos
destacados en expresiones tales como buena apariencia12,
que acaban por circunscribir la inserción de la mujer en el mercado
de trabajo a su propio ciclo de vida.
menor remuneración que la de los hombres, incluso en situaciones
de mejor preparación educacional, lo que puede ser explicado no
solamente por salarios diferenciados para el ejercicio de las
mismas funciones, sino también por el acceso diferenciado a las
funciones más elevadas en la jerarquía de las carreras y por la
existencia de una gama menor de ocupaciones femeninas concentradas
principalmente en los sectores de servicios, actividades sociales,
agricultura y comercio;
mayor participación femenina en las ocupaciones de la administración
pública principalmente en las regiones menos desarrolladas.
aumento de la participación en el mercado de trabajo al
final de los años 90, de las mujeres con más edad, casadas y madres,
contrariamente a lo que sucedía en la década del 70, si bien la
maternidad continúe afectando todavía la tasa de actividad femenina;
intensa correlación entre altas tasas de escolaridad y
tasa de actividad femenina;
El trabajo de Bruschini (2000), uno de los que más sirvieron de
base para esta caracterización, lista una serie de indicadores
útiles para evidenciar las diferencias de género que marcan la
inserción femenina en el mercado de trabajo: posición en el empleo,
ingresos, horas trabajadas, tipo de contrato de trabajo, contribución
para la seguridad social, accidentes de trabajo, enfermedades
ocupacionales, acceso a la capacitación, local donde se ejerce
la profesión y tiempo de permanencia en el empleo. Gran parte
de estos indicadores hace parte del sistema que se estudia ahora,
conforme será visto a lo largo de esta sección.
La Tasa de Actividad de la población de 14 años o más,
que era de 66,5% en 1995, sufrió una pequeña disminución en el
período de tiempo transcurrido hasta 1999, principalmente en el
caso de la población masculina. Ya en la femenina, este indicador,
asociado con la oferta de mano de obra en la economía y que era
de 52,7% en 1995, creció 0,7 puntos porcentuales en el mismo período.
En las RMs el crecimiento de la tasa de actividad femenina fue
un poco mayor (1,6 puntos porcentuales) alcanzando 51,8% en 1999.
Los valores regionales extremos de la tasa de actividad femenina
fueron verificados de un lado en los Estados de Roraima (62,2%
en 1995) y Santa Catarina (61,6% en 1999) y de otro en Alagoas
(45,8% en 1995) y Amapá (45,6% en 1999), presentando un nivel
estable de desigualdad regional del orden de 16 puntos porcentuales
en el período.
El comportamiento de la Tasa de Ocupación, tanto de la
población de 14 años o más en general (93,9% y 90,3% en 1995 y
1999, respectivamente) como en el caso de las subpoblaciones masculina
(94,8% y 92,1%) y femenina (92,7% y 87,9%), se caracterizó por
una reducción generalizada, más acentuada en las mujeres, principalmente
en las RMs donde la baja llegó a 7,6 puntos porcentuales en el
período en estudio. Esto parece indicar que, a pesar de que haya
aumentado la oferta de mano de obra femenina en el período, ella
encontró menores oportunidades de inserción efectiva en el mercado
de trabajo. Las mayores tasas de ocupación femenina fueron encontradas
en el Estado de Piauí (96,7% y 95,4%) y las menores en Amazonas
(86,6% y 75,5% en las dos fechas, respectivamente), mostrando
una tendencia al aumento de la desigualdad regional.
La proporción de ocupados en la población de 14 años o
más, coherentemente con el comportamiento de la tasa de ocupación,
decreció en general, entre los hombres y entre las mujeres (principalmente
en las RMs). El Estado de Rio Grande do Sul en 1995 y de Piauí
en 1999 tuvieron las mayores proporciones de mujeres ocupadas
(31% en las dos fechas), quedando el Estado de Amapá con las menores
proporciones y una tendencia decreciente: 20,6% en 1995 y 18,9%
en las dos fechas, respectivamente.
La Tasa de Desempleo Abierta (o de desocupación),
por ser complementaria a la de ocupación, mostró un comportamiento
inverso: creció en todos los casos y con más intensidad en la
población femenina, principalmente en las RMs donde alcanzó 17,1%
en 1999. En esta fecha la tasa de desempleo abierta para Brasil
fue de 9,7% para la población de 14 años o más en general, de
7,9% para los hombres y de 12,1% para las mujeres. Las disparidades
regionales se mantuvieron en un nivel constante del orden de 19
puntos porcentuales habiendo alcanzado su valor máximo en 1999
en el Estado de Amazonas (24,5%) y su valor mínimo en Piauí (4,6%).
La proporción de desocupados en la población de 14 años
o más, coherentemente con el comportamiento de la tasa de desempleo,
aumentó en general entre los hombres y entre las mujeres (principalmente
en las RMs donde alcanzó 5% en 1999). Para el conjunto de la población
esta proporción era de 6,4% en 1999. Si bien la tendencia sea
ligeramente menos favorable para las mujeres, la distribución
por sexo es más equilibrada que en el caso de la población ocupada.
Los Estados de Roraima, en 1995, y Amazonas, en 1999, registraron
las mayores proporciones de mujeres desocupadas (7% y 6%, respectivamente
en las dos fechas), quedando los Estados de Paraíba y Piauí con
las menores proporciones: 1% en 1995 y 1,5% en las dos fechas,
respectivamente.
4.2. Población desocupada de 14 años o más
El sistema permite caracterizar la población desocupada por edad
(mediana), escolaridad e ingresos en 1995 y en 1999, lo que posibilita
también una definición de las tendencias.
Las medianas de edad de la población desocupada son muy
semejantes para hombres y mujeres , situándose en el grupo de
los 24 años en 1995 y en 24 y 25 años para 1999, lo que muestra
una tendencia al envejecimiento en el caso de las mujeres. La
población desocupada es cerca de 10 años más joven que la población
ocupada. El espectro de la desigualdad regional de edad en 1999
varía de una mediana de 20 años de edad en el Estado de Roraima
a una de 28 años en los Estados de Río de Janeiro y Espírito Santo.
La mediana de ingresos de la población desocupada era de
1 SM en 1995, la misma para hombres y mujeres. Ya en 1999, las
mujeres tenían un ingreso correspondiente al 70% del de los hombres.
La mediana de ingresos de las mujeres desocupadas en el conjunto
de las RMs era mayor que la de la población femenina desocupada
en general y la relación entre los ingresos de las mujeres y el
de los hombres era de 94% en 1999. De cualquier forma, las encuestas
realizadas específicamente con personas desocupadas de ambos sexos13
mostraron que, con excepción de los primeros meses de desempleo,
en los casos en que existe el derecho a recibir el subsidio estatal
(seguro de paro), no hay regularidad en los ingresos de los desocupados
ya que los mismos están directamente relacionados a las posibilidades
de supervivencia de cada uno en este período de dificultad y estas
posibilidades varían más en función de las características personales
y sociales (red social, apoyo familiar, diversificación de habilidades
y disponibilidad para realizar tareas diferentes de aquellas para
las cuales se preparó profesionalmente) que en función de patrones
económicos del mercado.
La escolaridad de la población desocupada creció de 26%
de personas de 14 años o más con por lo menos el primer año del
secundario concluido en 1995 para 36% en 1999, siendo mucho más
elevada para las mujeres que para los hombres en las dos fechas.
La escolaridad de las personas desocupadas en 1999 es, tanto para
la población en general como para la masculina y femenina, mayor
que la escolaridad de las personas ocupadas. Cabe resaltar que,
al contrario de lo que sucede con la población ocupada, los datos
muestran una tendencia a la ampliación de los diferenciales de
escolaridad entre hombres y mujeres (de 10,8 puntos porcentuales
en 1995 para 11,5 puntos porcentuales en 1999), aumentando la
ventaja de las mujeres . Por lo tanto, vale enfatizar que son
las mujeres con una buena preparación educacional las que se están
quedando al margen del mercado de trabajo.
4.3 Población ocupada de 14 años o más
El sistema permite caracterizar la población ocupada por edad
(mediana y categorías de edad), ingresos, escolaridad, posición
en la ocupación14
(empleados, autónomos y empleadores), características de la ocupación
principal (sector de actividad, tiempo en la ocupación, número
de horas trabajadas y mediana de ingresos) en 1995 y en 1999,
lo que posibilita también una definición de tendencias.
Las medianas de edad de la población ocupada son muy semejantes
para hombres y mujeres , situándose en el rango de los 33 años
en 1995 y entre 34 y 35 años para 1999, lo que muestra una tendencia
al envejecimiento, más acentuado entre las mujeres. La distribución
por grupo de edad de los ocupados (ocupados del grupo de edad
/población total del mismo grupo) es la siguiente:
Tabla 2
Distribución por grupo de edad de los ocupados
| Edad
y Sexo |
1995
(%) |
1999
(%) |
Diferenciales
(Puntos Porcentuales) |
| 14
años o más (Total) |
63 |
60 |
Menos
3 |
| Hombres |
38 |
36 |
Menos
2 |
| Mujeres
|
25 |
24 |
Menos
1 |
| 14
a 24 años (Total) |
54 |
49 |
Menos
5 |
| Hombres |
67 |
60 |
Menos
7 |
| Mujeres
|
42 |
38 |
Menos
4 |
| 25
a 49 años (Total) |
76 |
74 |
Menos
2 |
| Hombres |
92 |
89 |
Menos
3 |
| Mujeres
|
59 |
57 |
Menos
2 |
| 50
años o más (Total) |
47 |
46 |
Menos
1 |
| Hombres |
64 |
62 |
Menos 2 |
| Mujeres
|
32 |
32 |
0 |
|
El análisis de la Tabla 2 permite concluir que:
la proporción de ocupados todavía es mucho mayor para los
hombres que para las mujeres en todos los grupos de edad;
las curvas de las poblaciones ocupadas masculina y femenina
ya tienen el mismo perfil: crecen hasta los 49 años (grupo de
edad en el cual más de la mitad de las mujeres está ocupada),
declinando en seguida en ambos casos, lo que evidencia una mayor
independencia entre el ciclo reproductivo y la ocupación femenina;
Aunque la proporción de ocupados haya disminuido entre
1995 y 1999 en todos los casos, esta reducción fue más significativa
para los jóvenes de 14 a 24 años indicando un retardo en el ingreso
al mercado de trabajo y/o un mayor tiempo de permanencia en la
escuela. La segunda mayor reducción fue en el grupo de edad de
25 a 49 años y por último, entre las personas de 50 años o más,
mostrando que la pérdida de espacio de los más viejos en el mercado
de trabajo, probablemente se está verificando en una edad más
elevada que los 50 años, aquí establecidos como corte superior.
En todas los grupos de edad, la reducción fue mas significativa
para los hombres que para las mujeres.
Otro dato importante a ser destacado (ver la Tabla 3
con los valores de las medianas de ingresos de los ocupados)
es el que se refiere al espacio conquistado, y el no perdido por
la población femenina en el mercado de trabajo, continúa a ser
significativamente peor remunerado, a pesar de que se esté reduciendo
lentamente esta diferencia, como se puede evidenciar en los aumentos
porcentuales mayores verificados en las medianas de ingresos de
las mujeres más jóvenes y de más edad, generando reducciones relevantes
en los diferenciales de ingresos entre trabajadoras y trabajadores
(entre las más jóvenes ya se verifica un menor diferencial en
las dos fechas). Asimismo, vale resaltar los indicadores para
el grupo de 25 a 49 años, donde todavía se da una situación inversa.
Tabla 3
Valores de las Medianas de Ingreso de los Ocupados
| Edad
y Sexo |
Mediana
de ingresos en 1995(R$) |
Mediana
de ingresos en 1999(R$) |
Diferenciales
de las medianas de ingresos (%) |
%
de ingresos de los hombres 1995 |
%
de ingresos de los hombres 1999 |
| 14
años o más (Total) |
220,0 |
296,0 |
Más
36 |
|
|
|
Hombres |
260,0 |
320,0 |
Más 23 |
|
|
|
Mujeres |
175,0 |
240,0 |
Más 37 |
67 |
75 |
| 14
a 24 años (Total) |
150,0 |
200,0 |
Más
33 |
|
|
|
Hombres |
150,0 |
200,0 |
Más 33 |
|
|
|
Mujeres |
120,0 |
160,0 |
Más 33 |
80 |
80 |
| 25
a 49 años (Total) |
260,0 |
320,0 |
Más
23 |
|
|
|
Hombres |
300,0 |
400,0 |
Más 33 |
67 |
63 |
|
Mujeres |
200,0 |
250,0 |
Más 25 |
|
|
| 50
años o más (Total) |
200,0 |
250,0 |
Más
25 |
|
|
|
Hombres |
220,0 |
300,0 |
Más 36 |
65 |
67 |
|
Mujeres |
143,0 |
200,0 |
Mas 40 |
|
|
|
En el conjunto de las RMs, las mujeres ocupadas de 14 años o más,
en 1995, ganaban 63% de lo que los hombres ganaban, proporción
esta que sube para 65% en 1999. En las UFs, las mujeres mejor
remuneradas estaban en el Estado de Roraima y en el Distrito Federal
en 1995 (mediana de R$ 300,00), lo inverso se daba en el Estado
de Maranhão en 1995 (mediana de R$80,00) y en los Estados del
Nordeste en 1999 (mediana de 1 SM). Todavía regionalmente la peor
relación mediana de salario hombre/mujer en 1999 fue encontrada
en el Estado de Pará (mujeres recibiendo 58% de lo que los hombres
reciben) y la mejor en Amapá (91%), justo donde existe la menor
proporción de mujeres ocupadas.
La escolaridad de la población ocupada creció de 26% de
personas de 14 años o más con por lo menos el primer año del secundario
concluido en 1995 para 31% en 1999, siendo mas elevada para las
mujeres que para los hombres, en las dos fechas. Vale destacar
que los datos muestran una ligera tendencia a la reducción de
los diferenciales de escolaridad entre hombres y mujeres (de 6
puntos porcentuales en 1995 para 5,5 puntos porcentuales en 1999).
La Tabla 4, a seguir, muestra los indicadores de la población
ocupada por posición en la ocupación:
Tabla 4
Población ocupada por posición en la ocupación
| Indicadores
y años |
Empleados |
Autónomos |
Empleadores |
| 1995 |
|
|
|
| Proporción
en la pob. (% ) (Total) |
38 |
18 |
3 |
|
Hombres |
23 |
11 |
2 |
| Mujeres
|
15 |
7 |
1 |
| Mediana
de edad en años (total) |
31,0 |
40,0 |
41,0 |
| Hombres
|
31,0 |
40,0 |
41,0 |
| Mujeres
|
31,0 |
40,0 |
39,0 |
| Escolaridad
(*) (total) |
41 |
15 |
60 |
| Hombres
|
36 |
14 |
56 |
| Mujeres
|
49 |
16 |
76 |
| Mediana
de ingreso en reales (total) |
210,0 |
200,0 |
1000,0 |
| Hombres
|
250,0 |
250,0 |
1000,0 |
| Mujeres
|
180,0 |
150,0 |
1000,0 |
| Relación
ingreso mujer /hombre (%) |
72 |
60 |
0 |
| 1999
|
|
|
|
| Proporción
en la pob. (Total) |
36 |
17 |
3 |
|
Hombres |
21 |
11 |
2 |
| Mujeres
|
15 |
6 |
1 |
| Mediana
de edad (total) |
32,0 |
41,0 |
41,0 |
| Hombres
|
32,0 |
41,0 |
41,0 |
| Mujeres
|
32,0 |
41,0 |
41,0 |
| Escolaridad
(*) (total) |
38 |
18 |
63 |
|
Hombres |
32 |
17 |
59 |
| Mujeres
|
47 |
21 |
78 |
| Mediana
de ingresos (total) |
286,0 |
256,0 |
1116,0 |
| Hombres
|
302,0 |
300,0 |
1186,0 |
| Mujeres
|
250,0 |
180,0 |
1000,0 |
| Relación
ingreso mujer / hombre |
83 |
60,0 |
84 |
| (*)
personas con por lo menos el primer año del secundario
concluido. |
|
A partir de este cuadro se puede llegar a las siguientes conclusiones:
la estructura de la población ocupada por posición en la
ocupación es muy semejante en las dos fechas, habiendo una pequeña
reducción en la proporción de empleados y autónomos en el período;
lo mismo ocurre con la mediana de edad: es muy semejante
en las dos fechas tanto por sexo como para cada tipo de inserción
en el mercado de trabajo, revelando que los empleados son aproximadamente
9 años más jóvenes que los autónomos y empleadores, sin embargo,
los empleados de más edad están bien próximos de la edad de los
autónomos. Tales datos parecen indicar que las opciones no asalariadas
son más frecuentes entre la población de más edad lo que puede
significar un progreso en el caso de los empleadores y falta de
oportunidades para obtener empleo formal en el caso de los autónomos.
La escolaridad más alta corresponde a la de los empleadores
(más de la mitad con por lo menos el primer año del secundario
concluido) que ha sido creciente en el período estudiado, como
en el caso de los autónomos. Ya los empleados tuvieron su nivel
de escolaridad reducido entre 1995 y 1999, contrariando la tendencia
general de aumento de la escolaridad a lo largo de la década del
90.
Los datos de los ingresos para las dos fechas aproximan
más los empleados de los autónomos, con una pequeña ventaja para
los primeros, quedando los empleadores en un nivel casi 5 veces
superior. La diferencia de los ingresos entre hombres y mujeres
es menor entre los empleadores, seguida de los empleados, encontrándose
entre los autónomos la mayor desigualdad: las mujeres ganando
60% de lo que ganan los hombres en las dos fechas. Es decir, aún
dentro de un segmento de mercado precario, por definición, las
mujeres se encuentran peor situadas que los hombres, a pesar de
su mayor instrucción.
El comportamiento de todos estos indicadores para la población
femenina en el conjunto de las RMs es muy semejante al de la población
femenina para el Brasil como un todo. A nivel de las UFs, las
desigualdades regionales para 1999 pueden ser resumidas y observadas
en la Tabla 5, a seguir:
Tabla 5
Desigualdades Regionales en 1999
| Indicadores
para las mujeres |
Mayor
valor asumido |
Menor
valor asumido |
| Proporción
de empleadas |
24%
(RR) |
10%
(MA) |
| Proporción
de autónomas |
14%
(MA) |
3%
(DF) |
| Proporción
de empleadoras |
1%
( SC) |
0,1%
(MA) |
| Mediana
de edad de las empleadas |
35
años (RJ y PB) |
29
años (TO) |
| Mediana
de edad de las autónomas |
44
años (SC, RS) |
29
años (RR) |
| Mediana
de edad de las empleadoras |
51
años (RR) |
35
años (MT,TO) |
| Empleadas
con por lo menos el 1er año del 2° grado
concluido |
60%
(AP) |
41%
(GO) |
| Autónomas
con por lo menos el 1er año del 2° grado
concluido |
42%
(RJ) |
6%
(MA) |
| Empleadoras
con por lo menos el 1er año del 2° grado
concluido |
100%
(AC, AP) |
57%
(PA) |
| Mediana
de ingresos de las empleadas |
R$350,00
(RR, AP, SP) |
R$136,00
(PI, CE, BA) |
| Mediana
de ingresos de las autónomas |
R$400,00
(DF) |
R$80,0
(MA) |
| Mediana
de ingresos de las empleadoras |
R$2036,0
(RO) |
R$630,00
(CE) |
| %
relación ingresos hombre/mujer empleados |
116%
(AP) |
63%
(MT) |
| %
relación ingresos hombre/mujer autónomos |
100%
(RR) |
42%
(MS) |
| %
relación ingreso mujer/hombre empleadores |
262%
(AC) |
41%
(RN) |
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En lo que concierne a la media y a la mediana del número
de años en la ocupación principal, la población ocupada parece
bastante homogénea: valores en torno de 7 años en el caso de la
media para las dos fechas, con pequeños incrementos en el período,
más significativos en el caso de las mujeres ocupadas en el conjunto
de las RMs, donde este pasa de cinco años en 1995 para seis años
en 1999. La mediana se fija alrededor de los cuatro y tres años
para hombres y mujeres, en el caso de las RMs en 1995, y empata
en cuatro años en 1999, revelando un aumento en la estabilidad
de la mujeres. Estos valores indican un nivel no exagerado de
rotación de la mano de obra, lo que propicia mayores oportunidades
de calificación en el desempeño de la función ocupada.
Un cierto patrón de estabilidad impera también en el caso de las
horas semanales t |
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