
MERCOSUR:
INTEGRACIÓN Y EL PROBLEMA SOCIAL
Luís
Carlos Delorme Prado1
Leonardo Weller2
SUMARIO
1. INTRODUCCIÓN: LAS EXPERIENCIAS DE INTEGRACIÓN
EN EL CONO SUR
1.1 - Región del Plata: Época y Lugar
donde se dio el Encuentro de las Colonizaciones Portuguesa y Española
1.2- Las Relaciones Económicas entre Brasil
y Argentina, y los Orígenes de la Integración en
el Cono Sur
2 - ORÍGENES DEL MERCOSUR
2.1 - Aproximaçión Comercial Brasil-Argentina
2.2 - Las Negociações del Tratado
de Asunción
2.3 - Mercosur: Instituciones y Estructura
3 - LA IMPLEMENTACIÓN DEL MERCOSUR
3.1 - El Apogeo: Reducción de las Barreras
Arancelarias
3.2 - Apogeo y Crisis: el Problema de la Coordinación
Macroeconómica
3.3 - El Mercosur y el Mundo
4 - INTEGRACIÓN ECONÓMICA Y POLÍTICA
SOCIAL EN EL MERCOSUR
4.1 - Los Países del Mercosur: Una Comparación
4.2 - Convergencia Social y Económica en
el Mercosur
5 - CONCLUSIÓN: EL FUTURO DEL MERCOSUR
BIBLIOGRAFÍA
1. INTRODUCCIÓN: LAS EXPERIENCIAS DE INTEGRACIÓN
EN EL CONO SUR
1.1- Región del Plata: Época y lugar
donde se dio el encuentro de las colonizaciones Portuguesa y Española
Durante dos siglos y medio las colonizaciones ibéricas,
portuguesa y española, se desarrollaron en la América
del Sur de espaldas una de la otra. La enorme riqueza de las colonias
españolas provenía de la extracción minera.
El corazón del Imperio Español era el altiplano.
Metales preciosos, como la plata principalmente, constituían
su riqueza. Los primeros polos de crecimiento situados en el Alto
Perú y el Potosí, donde hoy es Bolivia, tuvieron
como base la minería, actividad que contribuyó también
para viabilizar la ocupación permanente de Chile y del
norte de Argentina, cuyas economías giraban en torno de
este mercado. El Centro administrativo de toda esa economía
era la ciudad de Lima.
Fue sólo en el siglo XVIII, con la decadencia de la actividad
minera, que el equilibrio regional de la actividad comercial desplazó
los centros de cultura andina tanto para las regiones habitadas
anteriormente por tribus nómadas como para el gran puerto
atlántico de Buenos Aires. Así, en 1776 con la creación
del Virreinato del Río de la Plata, Buenos Aires se convirtió
en la capital de una región que hoy es ocupada por Argentina,
Uruguay, Paraguay y Bolivia.
La ocupación portuguesa en Brasil se basó principalmente
en la agricultura y la actividad extractiva hasta el hallazgo
de oro en la región de Minas Gerais. A pesar de haber expandido
enormemente su territorio desde la época del descubrimiento
hasta el tratado de Madrid, en 1750, la penetración portuguesa
en el interior del inmenso territorio brasileño tan sólo
creó unas pocas villas de población reducida. La
expansión territorial portuguesa fue posible debido a la
ausencia de españoles en esas vastas regiones, que hasta
hoy se caracterizan por su poca importancia económica.
El encuentro frente a frente entre portugueses y españoles
sólo se dio en la región del Plata. Antes de la
creación del nuevo Virreinato, las relaciones entre los
dos imperios se realizaban por la "puerta del fondo".
La Colonia de Sacramento era una base de contrabando y Buenos
Aires era todavía la periferia del Imperio. La ascensión
de Buenos Aires hizo posible que el imperio se desplazase hacia
el Atlántico y se encontrase de frente con la gran colonia
portuguesa.
Buenos Aires pasó a afianzarse en el comercio y en la Guerra.
La independencia de las colonias españolas en la América,
después de la invasión de España por Napoleón,
desagrega el Virreinato del Río de la Plata. Paraguay,
Bolivia y finalmente Uruguay siguen sus propios caminos. La ciudad
de Buenos Aires, en conflicto constante con la Provincia, supera
las dificultades y lleva a la creación de Argentina. Brasil
es un actor importante en el Virreinato del Río de la Plata.
Adversario y al mismo tiempo aliado de ese país, Brasil
asiste vívidamente a la formación de las nuevas
repúblicas del Cono Sur. Cooperación y conflicto
serán las marcas registradas de esta única región
americana en que las dos colonizaciones ibéricas vivieron
en una continua competición.
1.2 - Las Relaciones Económicas entre Brasil
y Argentina y los Orígenes de la Integración en
el Cono Sur
Dos de las tres mayores economías latinoamericanas se encontraron
en el Cono Sur. El éxito económico argentino se
basó en un modelo agrario exportador extremadamente próspero
durante el período de 1870-1930, que sin embargo se mostró
poco dinámico a partir de la Segunda Guerra Mundial. Brasil,
en contrapartida, fue el país latinoamericano en el cual
el proceso de substitución de importaciones registró
los mejores resultados.
El modelo agroexportador argentino fue un éxito incontestable.
En 1880, la renta per capita argentina era un poco mayor que el
doble de la brasileña; llegando a ser 4.5 veces mayor en
1913. En ese período Argentina redujo expresivamente su
sector de subsistencia, tornándolo en términos relativos
mucho menor que el brasileño. La educación básica
en Argentina, a pesar de ser bien inferior a la de Canadá
y Australia, era significativamente superior a la de Brasil. En
1914, la población analfabeta argentina con edad igual
o superior a catorce años era de 36%. En 1920, la tasa
de analfabetismo brasileña era comparativamente del orden
de 65%3.
A diferencia de Argentina, Brasil en el siglo XIX tuvo un desempeño
económico mediocre. Durante el siglo XIX las exportaciones
per capita brasileñas en libras corrientes crecieron tan
sólo 0.6% al año. En las tres primeras décadas
del siglo XIX las exportaciones per capita cayeron 1.1% al año.
No obstante haber registrado una recuperación entre las
décadas del 30 y 40, las exportaciones sólo retornaron
al nivel de inicios del siglo en la mitad del siglo XIX. Ya en
la segunda mitad de aquel siglo las exportaciones per capita crecieron
a una tasa media anual de 1.2%. Este desempeño, a pesar
de elevado cuando comparado al período anterior, fue insuficiente
para producir el impacto transformador que el comercio exterior
generó en Argentina, o en otros países de colonización
reciente, como Australia y Canadá. El crecimiento del comercio
exterior brasileño en este período fue inferior
a la tasa media de crecimiento per capita del comercio exterior
mundial en el siglo XIX que fue de 2.9% al año y bien inferior
a la tasa de expansión del comercio exterior per capita
mundial en su período de aceleración máxima,
de 4.3%, entre 1840-18704.
En Brasil y Argentina la producción de bienes exportables
estaba en maños de compañías nacionales,
no obstante el comercio exterior de ambos países ser realizado
en su gran mayoría por empresas y empresarios extranjeros.
Solamente en el siglo XX, especialmente después de la Primera
Guerra Mundial, se observó una disminución en la
distancia del nivel de desarrollo entre Brasil y Argentina. El
desempeño extraordinario de las exportaciones de café
en el oeste "paulista" tuvo un importante impacto regional,
funcionando como un motor propulsor de la industrialización.
A pesar de que al final de la década de 1920 ambos países
dependiesen extensivamente de las importaciones para atender a
su demanda interna de productos importados, Brasil ya contaba
con una base industrial significativamente superior a la de Argentina,
en algunos productos. Por ejemplo, en el sector textil Brasil
atendía en ese período a más de dos tercios
del mercado doméstico, mientras que en Argentina este sector
era todavía predominantemente de origen extranjera. Aún
así, Buenos Aires continuaba siendo el principal centro
industrial del continente y muchas de las empresas industriales
porteñas eran grandes en tamaño. El mayor consumo
local compensaba la diferencia de población entre Argentina
y Brasil.
La producción industrial argentina, sin embargo, se derivaba
principalmente de su actividad exportadora. Poco antes de la Primera
Guerra Mundial la demanda de carne en Europa amplió enormemente
el mercado para los dueños de estancias y frigoríficos
argentinos. Pero, a partir de la década de 1920 el ritmo
del crecimiento de las exportaciones disminuyó. Tal hecho
puede ser explicado por las dificultades económicas de
su mayor mercado, el Reino Unido.
Argentina no respondió a la desaceleración de sus
exportaciones con la diversificación de sus productos exportables,
como lo había hecho Canadá, país competidor
y en muchos aspectos "similar" a la nación porteña.
Argentina mantuvo la composición de sus exportaciones,
con los mismos productos tradicionales: carne, cueros, lana y
cereales. A diferencia de Canadá, que durante esta década
fijó una política arancelaria proteccionista, Argentina
se mantuvo firme en una política estricta de libre comercio,
usando las tarifas de exportación exclusivamente para fines
fiscales.
El excepcional desempeño de la economía argentina
en los cincuenta años comprendidos entre las décadas
de 1870 y 1920 no llegó a repetirse en el período
posterior a 1930. Argentina mostró poca flexibilidad para
alterar un modelo que se había agotado con la Gran Depresión,
llevando por lo menos quince años más que Brasil
para iniciar una política de industrialización deliberada.
Mientras en Brasil la Revolución de 1930 redujo el poder
de la vieja oligarquía agroexportadora, y lentamente inició
a moverse en dirección a un apoyo mayor para las iniciativas
industriales, la revolución de setiembre de 1930 en Argentina
instaló en el poder a los grupos políticos conservadores,
defenestrados por los radicales en 1916.
La crisis mundial en la década de 1930 amenazó el
modelo exportador argentino, que se basaba en la extraordinaria
fertilidad de las Pampas y en su relación privilegiada
con Gran Bretaña. Por otro lado, durante la crisis, este
país prefirió privilegiar el comercio con sus dominios:
Canadá, Australia, Nueva Zelandia e India, en detrimento
de las exportaciones argentinas. La respuesta fue una gestión
diplomática que resultó en la firma del tratado
Roca-Runciman, el cual concedía grandes ventajas al capital
británico para inversiones en el país. Sin embargo,
ni aún así las exportaciones argentinas recuperaron
el antiguo dinamismo.
A partir de 1930 el mercado interno empezó a absorber porcentajes
cada vez mayores de la producción rural oriunda de la región
pampeana. Si antes de 1930 la demanda mundial de productos agropecuarios
de la zona temperada era elevada y en continua expansión,
a partir de la crisis mundial la retracción de la demanda
internacional, las prácticas proteccionistas y la formación
de bloques obligó a Argentina a negociar para exportar
sus productos, lo que restringió su libertad en el campo
de las políticas comerciales internas. La crisis redujo
también las entradas de inversión internacional,
con repercusiones profundas en el nivel de ocupación e
ingreso doméstico. El ingreso per capita disminuyo después
de 1929 en más de 1/5, y sólo llegó a alcanzar
el nivel anterior a la crisis, en 1946. De otro lado, por más
de tres décadas el poder de compra de las exportaciones
no volvió a alcanzar el nivel conseguido en el período
de 1925-29. Las exportaciones que en ese quinquenio representaban
25% del PIB, oscilaron después en la década de 1950
en menos de 1/10 del PIB. (Ferrer, 1981, pág. 188).
Con la retirada del régimen conservador en 1943 y la ascensión
de Perón en 1946 Argentina adoptó una política
radicalmente nacionalista. En el primer gobierno peronista se
elaboró un plan quinquenal y se implementaron varias medidas
consideradas requisitos para su cumplimiento, tales como la reglamentación
de la actividad bancaria, la creación del Instituto Argentino
de Promoción del Intercambio (IAPI) y la nacionalización
de los servicios públicos.(Dromi, 1996, pág. 13).
La dependencia argentina al mercado Europeo trajo como consecuencia
problemas difíciles de ser superados. El país mantenía
superávit con Europa y déficit con los EE.UU. El
país necesitaba dólares, pero sólo recibía
libras esterlinas, francos franceses o lira, monedas que no podían
ser intercambiadas por dólares americaños, en la
difícil coyuntura presente en tiempos de posguerra. La
situación se agravaba debido a la acción norteamericana
de imponer barreras a las exportaciones argentinas, en parte como
represalia a la neutralidad durante la guerra, en parte debido
a su política proteccionista.
Durante el gobierno de Perón la gestión económica
quedó claramente subordinada a su estrategia política.
Basada en una política externa independiente, en la intervención
estatal y en la nacionalización de empresas extranjeras,
el programa peronista no obtuvo resultados espectaculares. La
destitución de Perón en 1955 trajo de vuelta los
conservadores al poder, quienes rápidamente revertieron
las políticas económicas anteriores.
En Brasil, el período de 1930-1955 se caracterizó
por un continuo crecimiento económico, con excepción
del inicio de la primera década durante la Gran Depresión.
La tasa media de crecimiento del PIB fue de 4.8% al año,
más del doble de la tasa equivalente argentina de 2.3%
al año. Los gobiernos de Getúlio Vargas e inclusive
el parco gobierno de Dutra obtuvieron resultados económicos
superiores a los argentinos. Las relaciones internacionales brasileñas,
incluso cuando Getúlio Vargas entraba en choque con intereses
de las grandes potencias, demostraron siempre competencia y capacidad
de realizar hábiles negociaciones. Brasil participó
en la creación del FMI y del Banco Mundial, fue parte contratante
en la creación del GATT y participó activamente
de las primeras rondas de negociación. Argentina, por el
contrario, sólo ingresó en las organizaciones de
Bretton Woods en 1956, y demoró también para ingresar
en los sistemas multilaterales de comercio.
Las diferencias económicas y políticas entre Brasil
y Argentina no impidieron que estos países tuviesen una
participación importante en todas las experiencias de integración
sudamericanas. La primera de ellas se originó de un Grupo
de Trabajo para el Mercado Regional Latinoamericano, creado por
el Comité de Comercio de la CEPAL en 1957. Las actividades
de este grupo culminaron, tres años más tarde, en
la primera intención formal de integración económica
entre los países latinoamericaños en el siglo XX,
la ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio).
Por la primera vez representantes de países latinoamericaños
discutían seriamente una propuesta de integración
económica. Los antiguos sueños de cooperación
entre los pueblos de la región, parecían haberse
transformado de una fantasía irrealista, en un proyecto
pragmático, fundado en intereses recíprocos.
En este proceso, los dos mayores países del Cono Sur, Argentina
y Brasil, dejaron de lado los resquicios de la vieja rivalidad
y colaboraron intensamente. En enero de 1960, fue creada por el
Tratado de Montevideo la ALALC (Asociación Latinoamericana
de Libre Comercio), tratado suscrito por Argentina, Bolivia, Brasil,
Chile, Colombia, Ecuador, México Paraguay, Perú,
Uruguay y Venezuela. Posteriormente, ratificaron el acuerdo Colombia,
Ecuador y Bolivia. Este tratado fue inspirado en el acuerdo que
creó en 1953 la Comunidad Europea del Carbón y del
Acero, y pretendía que hasta 1973 sus países miembros
elaborasen una lista de productos que no estarían sujetos
a barreras comerciales dentro de la región.
En la década de 1960 la Guerra Fría se intensificó
en la América Latina. La revolución cubana, la crisis
de los misiles, la postura más aguerrida de los movimientos
de izquierda latinoamericaños, fueron algunos de los hechos
que contribuyeron para una posición más dura de
los EE.UU. en apoyo a grupos conservadores de la región.
En este clima, la región fue sacudida por Golpes de Estado
y las disputas ideológicas movilizaron las energías
nacionales. Experiencias de políticas externas independientes
fueron interrumpidas por la inestabilidad política de la
región, como por ejemplo la renuncia de Janio Quadros y
la destitución de Arturo Frondizi.
El grado menor de colaboración entre las dos mayores economías
sudamericanas contribuyó para que las negociaciones en
la ALALC perdiesen fuerza a partir de 1965 y se estagnasen por
completo en la década de 1970. Entre los factores que ocasionaron
tal parálisis se puede destacar la noción, común
entre los gobiernos de los países miembros en la época,
de que el mercado interno era un activo estratégico que
sólo debería ser colocado a disposición de
los otros países con mucha cautela. Por esa ocasión,
a pesar del proceso de substitución de importaciones, la
región continuaba exportando esencialmente productos primarios
o poco procesados, con elasticidades-renta notablemente bajas.
En la práctica, los vecinos latinoamericaños se
veían unos a los otros más como competidores que
como socios.
En los últimos años de la década de 1960
y en la década de 1970 se verificó una gran diferencia
en las tasas de crecimiento del Brasil y de los otros países
del Cono Sur. Brasil desarrolló un conjunto de políticas
basadas en el estímulo a la industrialización acelerada,
en una política de diversificación de las exportaciones,
que mantuvo una tasa elevada de crecimiento económico,
aún después de la eclosión de la crisis del
Petróleo en 1973. La estrategia brasileña para enfrentar
la crisis mundial fue completar su proceso de substitución
de importaciones, con énfasis en la industria de insumos
básicos y bienes de capital. Éste fue un período
en que las exportaciones brasileñas tuvieron un desempeño
notable: saltaron de 2.7 mil millones de dólares, en 1970,
para 20.13 mil millones de dólares, en 1980, lo que implica
en una tasa media anual de crecimiento del orden de 22%. (Prado,
1999, pág. 183)
Los otros países del Cono Sur no tuvieron el mismo desempeño.
Durante estos años, Argentina presentó un conjunto
de políticas diferenciadas y contradictorias. Después
de un tumultuoso período bajo el gobierno militar entre
1966-73, los Peronistas volvieron al poder. Entretanto, el retorno
de Perón, no tuvo el brillo de otrora. La tragedia peronista
tomó la forma de una enorme farsa, donde no faltó
la ascensión de su reciente esposa María Estela
Martinez a la presidencia, después de su muerte, y el poder
de la figura siniestra y folclórica de José Lopez
Rega. En marzo de 1976 asumiría el gobierno, nombrado por
una junta militar, el general Jorge Rafael Videla, quien se mantuvo
en el cargo hasta 1981, cuando fue substituido por el General
Marcelo Viola, que luego a seguir pasaría el gobierno para
el general Leopoldo Fortunato Galtieri. La existencia de gobiernos
militares en Argentina, así como en Brasil, contribuyó
para el fracaso de la ALALC, en la medida que estos tendían
a una postura de desconfianza, y en el caso argentino, de enfrentamiento
regional5
.
Durante la administración Videla, Argentina emprendió
una política fuertemente liberal, un modelo similar al
que estaba siendo practicado en Chile y Uruguay en ese mismo período.
Debe observarse que estas políticas se implementaron en
la Argentina antes de ganar la legitimidad internacional obtenida
en la década de 1980, después de los gobiernos Reagan
y Thatcher. El diagnóstico realizado apuntó como
causa de los problemas económicos argentinos el abandono
del modelo exportador y de la economía abierta que caracterizaron
a este país hasta la gran depresión, en 1929. En
ese sentido, el gobierno emprendió un conjunto de reformas
en tres etapas: la primera (entre abril de 1976 y mayo de 1978)
de control de salarios y cambio valorizado; la segunda (1978-81)
de reducción de la inflación mediante el control
del tipo de cambio, aprovechando la disponibilidad de capital
externo y una mayor apertura financiera; y una tercera (1981-83)
donde el creciente endeudamiento y la imposibilidad de sostener
la tasa de cambio llevaron a una crisis financiera con la bancarrota
de bancos y reducción de reservas internacionales.
Los países de la región, en especial Brasil y Argentina,
vivieron intensamente la crisis de la deuda de la década
de 1980. Entretanto, el endeudamiento brasileño correspondió
a un incremento de la capacidad productiva que completó
el proceso de industrialización, con la formación
de una industria diversificada e integrada. El endeudamiento argentino
fue en gran parte resultado de la política del ministro
Martinez de Hoz (1977-80), que trató de liberalizar las
importaciones y mantener el tipo de cambio valorizado para controlar
la inflación y aumentar la productividad a través
de la exposición de las empresas domésticas a la
competición internacional. El fracaso de esta política
económica vendría a anticipar en dos décadas
el revés de su reedición en Brasil y Argentina,
a fines de la década de 1990. La deuda externa en este
caso fue la contrapartida de un déficit en cuenta corriente,
el cual no fue resultado de la importación de materias
primas o bienes de capital, sino del aumento de la importación
de bienes de consumo y servicios consumidos en el exterior, lo
que contribuyó para la quiebra o el cierre de empresas
e industrias domésticas.
En 1980, después de reconocer el fracaso del proyecto de
integración latinoamericano en la ALALC, los países
pertenecientes a dicha asociación trataron de retomar el
proceso y reformularlo. Se reconocía que el carácter
excesivamente ambicioso de la ALALC había sido una de las
causas de su fracaso, y que era necesario crear un acuerdo más
flexible. Esto se concretó con la creación de la
ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración).
La ALADI fue creada por el Tratado de Montevideo, el 12 de agosto
de 1980, y ratificada por los mismos países que integraban
la ALALC. Estas dos asociaciones se distinguen entre sí
principalmente en lo referente a sus pretensiones. En vez de delinear
como objetivo una zona de libre comercio, como lo hizo la ALALC,
la ALADI propuso la creación de una zona de preferencia
económica. Su intención primordial era facilitar
las integraciones bilaterales, las cuales podían servir
de base para la integración plurilateral en el continente.
Los acuerdos firmados en el ámbito de la ALADI se dividían
en dos grupos: los Acuerdos de Alcance Parcial, de carácter
bilateral entre países miembros; y los Acuerdos de Alcance
Regional, en los cuales todos los integrantes participan. En el
segundo grupo se destacan los siguientes acuerdos: Preferencia
Arancelaria Regional, que propone la reducción arancelaria
entre los países integrantes teniendo como referencia las
tarifas impuestas a los productos de países no miembros;
Nómina de Apertura de Mercados, la cual visa condiciones
más favorables a los países miembros de menor desarrollo
económico relativo; y Cooperación e Intercambio
de Bienes en las Áreas Cultural, Educacional y Científica.
Desde el punto de vista de integración comercial, el fracaso
de las iniciativas centradas en la ALALC y ALADI puede ser expreso
por los siguientes datos: la proporción de lo que los países
miembros comercializaban entre sí en relación a
lo que comercializaban con el resto del mundo aumentó,
entre 1960 y 1990, de 10% para apenas 12%6.
A pesar de que la integración plurilateral latinoamericana,
objetivo final de la ALADI, no se haya constatado, esta asociación
sirvió, a mediados de la década de 1980, de espacio
institucional para la aproximación comercial entre Argentina
y Brasil. Se consolidaba así la base institucional para
las negociaciones que culminarían en la creación
del Mercosur en el decenio siguiente.
2 - ORÍGENES DEL MERCOSUR
2.1 - Aproximación Comercial Brasil-Argentina
Las dictaduras militares presentan a menudo dificultades de implementar
políticas cooperativas con países vecinos, en términos
de las relaciones internacionales. Las relaciones entre Brasil
y Argentina fueron marcadas durante la década de 1970 por
coyunturas diplomáticas tensas, en las cuales los gobiernos
militares consideraban adversarios y no socios a sus vecinos.
En este contexto, la construcción de la central hidroeléctrica
brasileña-paraguaya de Itaipú, que alteró
el volumen hídrico del río Paraná, se convirtió
del punto de vista de los gobernantes argentinos en una amenaza.
El establecimiento de cotas argentinas de la energía generada
por la central marcó el inicio de un proceso de distensión
en las relaciones bilaterales. La Guerra de las Malvinas, en su
momento, fue relevante para la reaproximación, aunque haya
afectado negativamente las relaciones entre Argentina y Chile,
por el apoyo chileno brindado a Inglaterra. Aislada, Argentina
se vio obligada a estrechar relaciones con Brasil, que pasó
a intermediar las transacciones internacionales del vecino a lo
largo del conflicto.
Sin embargo, la aproximación entre los dos países
ocurrida en la década de 1980, sólo se inició
con la redemocratización. El cambio de régimen hizo
con que Argentina repensase la orientación de su política
externa, principalmente con relación a la América
Latina. La opción por Brasil como aliado estratégico
se tornó la base de esta nueva etapa. De un lado, la aproximación
le imprimía fuerza y estabilidad a las transiciones democráticas
desarrolladas paralelamente en ambas naciones. Por el otro, la
crisis de la deuda tornaba conveniente unas relaciones económicas
más sólidas. Sobre este último punto, se
debe observar que las negociaciones conjuntas posibilitarían
la obtención de financiamientos externos en mejores condiciones.
De manera análoga, la intensificación del comercio
bilateral tornaría viable la importación de parte
de los insumos y componentes que ambas economías necesitaban
con urgencia.
En este contexto, el presidente argentino Raúl Alfonsín
y su colega brasileño José Sarney subscribieron
el 30 de noviembre de 1985 la Declaración de Iguazú,
en la cual se creaba una comisión intergubernamental mixta
con el objetivo de acelerar la integración entre los dos
países. Se lanzaba así las bases para la firma de
varios acuerdos sectoriales que serían firmados a partir
de allí hasta el final de la década del 80.
El inicio de la secuencia de acuerdos firmados se dio el 29 de
julio de 1986 con la firma del Acta para la Integración
Argentino-Brasileña, la cual estableció el Programa
de Integración y Cooperación Económica (PICE).
En su primera etapa, se firmaron doce protocolos relativos a la
expansión del comercio bilateral, en los sectores de energía,
bienes de capital, trigo, complementación de abastecimiento
alimentario, empresas binacionales, asuntos financieros, fondos
de inversión, biotecnología, seguridad nuclear y
radiológica, cooperación aeronáutica, y estudios
económicos. Este proceso progresó con la firma de
nuevos protocolos en 1986 y 1988, llegándose a la firma
del Tratado de Integración, Cooperación Económica
y Desarrollo, el 29 de noviembre de 1988, el cual estableció
un plazo de 10 años para la remoción de las tarifas
al comercio bilateral de bienes y servicios.
La intensificación de las relaciones entre Brasil y Argentina
progresivamente fue englobando a Uruguay, país económicamente
ya integrado a sus vecinos debido a su tamaño reducido
y a su posición geográfica estratégica. Las
estrechas relaciones entre Argentina y Uruguay ya había
conducido a la firma por ambos países del Convenio Argentino-Uruguayo
de Cooperación Económica. La iniciativa brasileña
se dio a mediados de la década del 80, con los acuerdos
comerciales y el convenio de cooperación científica
y tecnológica firmados por Sarney y Julio María
Sanguinetti, presidente uruguayo, el 19 de julio de 1986. El encuentro
de los tres presidentes se celebró el 6 de abril de 1988,
con la firma de la Decisión Tripartita nº 1, en la
cual se expresó la voluntad de integración por parte
de los tres países.
Sin embargo, tanto el presidente de Argentina, Alfonsín,
como su similar de Brasil, Sarney, se hallaban al término
de sus mandatos y enfrentaban intensas crisis económicas
internas marcadas por procesos de alta inflación, los cuales
se aproximaban peligrosamente de una hiperinflación, en
sus respectivos países. En consecuencia, hasta la década
siguiente el proyecto de creación de un mercado común
quedó limitado nada más que a los tratados ya firmados
por ambos países sobre el asunto y a los varios acuerdos
sectoriales que permitieron la profundización de las relaciones
comerciales entre Argentina y Brasil. Aún así, las
relaciones comerciales bilaterales respondieron favorablemente
a esos acuerdos y de 1986 a 1990, el volumen comercial entre los
dos países creció 54%7.
2.2 - Las Negociaciones del Tratado de Asunción
Los presidentes Carlos Saúl Menen, de Argentina, y Fernando
Collor de Melo, de Brasil, promovieron significativas liberalizaciones
comerciales unilaterales a principios de la década del
90. Esta nueva política era vista como parte del proceso
de reformas estructurales que los dos presidentes pretendían
realizar en sus países, bajo la influencia de las recomendaciones
liberales que llegaron a ser conocidas como Consenso de Washington.
Esta nueva etapa comercial contribuyó no sólo para
intensificar el comercio bilateral argentino-brasileño,
sino también para acelerar la creación del área
de libre comercio en el Cono Sur.
En este sentido, Collor y Menen anticiparon para fines de 1994
la constitución de una Unión Aduanera. El acuerdo
fue firmado en el marco del Acta de Buenos Aires, firmada en julio
de 1990. El calendario de reducción de tarifas fue definido
el 4 de diciembre del mismo año. Su implementación
se daría inicio en menos de un mes e instituiría
la aplicación de una preferencia arancelaria mutua de 40%.
Del lado institucional, los dos presidentes subscribieron en la
ALADI, el 20 de diciembre de 1990, el Acuerdo de Complementación
Económica nº 14 (ACE 14), el cual pasaría a
servir de base jurídica para el mercado común.
Los nuevos gobiernos del Cono Sur cambiaron el ritmo y la naturaleza
del proceso de integración. Los plazos disminuyeron, los
objetivos daban un mayor énfasis a los aspectos económicos.
Por otro lado, se firmaron nuevos compromisos, como la coordinación
macroeconómica conjunta, la armonización judicial
y la creación de salvaguardas comerciales. Vale decir,
los gobiernos argentino y brasileño pasaron a verse no
sólo como aliados comerciales, sino como el eje del futuro
Mercado Común del Sur. Se trataba de una experiencia distinta
de la ALALC, en la cual no había un grupo restringido de
miembros dando soporte a la asociación como un todo. Un
modelo semejante podía ser encontrado en la Unión
Europea, cuyo centro se basaba en el estrechamiento comercial
y diplomático entre Alemania y Francia. Sin estos dos países,
el bloque europeo no sería viable, de la misma forma que
para el Mercosur eran fundamentales los lazos entre Argentina
y Brasil.
Establecido ese eje, la idea del Mercosur empezó a ganar
forma, principalmente en lo que respecta a los demás miembros
y asociados. Paraguay fue contactado por Argentina al año
siguiente de haberse consolidado las relaciones con Uruguay. El
28 de noviembre de 1989, Menen y Andrés Rodríguez,
presidente paraguayo, firmaron tres acuerdos de complementación
económica y de suministro de energía. En esta ocasión,
se divulgó una declaración conjunta en la cual se
expresaba el deseo mutuo de aproximación. El estrechamiento
económico entre Paraguay y Brasil era más antiguo:
se había establecido en la década del 70, por ocasión
de la construcción de la Central Hidroeléctrica
Binacional de Itaipú.
La adhesión formal de Uruguay y Paraguay al proceso de
integración regional se dio un año después,
el 5 de setiembre de 1990, cuando ambos países se incorporaron
al grupo de trabajo que estudiaba la implementación de
la unión aduanera, a partir de 1995. Doce días después,
los cuatro países presentaron una propuesta conjunta a
la Iniciativa para las Américas, el proyecto de unión
comercial en el continente americano anunciado por el presidente
estadounidense George W. Bush. La contribución del Cono
Sur sugería la inclusión del libre acceso al conocimiento
tecnológico norteamericano. Quedaba patente, así,
que el grupo de países latinoamericaños no se limitaría
apenas al comercio regional sino que también presentaría
en el escenario internacional posiciones conjuntas de su interés.
La incorporación formal de Paraguay y Uruguay en el futuro
mercado común fue promulgada en el Tratado de Asunción,
firmado el 26 de marzo de 1991. En dicho tratado quedó
confirmada para fines de 1994 la constitución del mercado
común y se estableció el nombre del bloque como
Mercado Común del Sur (Mercosur). Dando seguimiento a las
resoluciones conformadas en el Acta de Buenos Aires, se estableció
un régimen de origen general, un sistema de solución
de controversias y cláusulas de salvaguardas. Para tal
fin, se diseñó la estructura institucional del Mercosur.
2.3 - Mercosur: Instituciones y Estructura
El Mercosur se caracteriza por un reducido grado de institucionalidad
y por la inexistencia de órganos de decisión supranacionales.
Esta es una de las principales diferencias entre las concepciones
del Mercosur y de la Unión Europea. Esta última
es organizada en órganos supranacionales, consecuentemente
independientes de los gobiernos del Bloque. En el Mercosur, al
contrario, todas las resoluciones son desarrolladas y ratificadas
por representantes gubernamentales de los cuatro países
que lo constituyen, a excepción del Foro Consultivo Económico
y Social, que sólo tiene el poder de hacer recomendaciones
al Grupo Mercado Común.
Si por un lado la ausencia de instituciones supranacionales garantiza
al bloque flexibilidad, por otro lado dificulta la resolución
de eventuales conflictos entre sus miembros. El Mercosur vive
desde el inicio esta contradicción: flexibilización
de las resoluciones y creciente conflicto entre los estados miembros
- principalmente entre Brasil y Argentina - en lo que se refiere
a acuerdos sectoriales, política de cambios y relación
económica con países extrabloque.
La estructura institucional del Mercosur se basa en seis órganos,
la mayor parte de los cuales - Consejo del Mercado Común,
Grupo Mercado Común, Comisiones de Comercio del Mercosur
y Comisión Parlamentaria Conjunta - creados en el marco
del Tratado de Asunción. El Foro Consultivo Económico
y Social proviene del Protocolo de Ouro Preto, firmado el 17 de
diciembre de 1994, el cual será tratado más adelante,
y la Secretaría Administrativa del Mercosur, instituida
en diciembre de 1996. Los referidos órganos son discriminados
en el Cuadro 1 a seguir.
Cuadro 1
Estructura Institucional del Mercosur
| Órgano |
Designación |
Subdivisión |
Característica |
| Consejo
del Mercado Común |
Órgano
supremo del Mercosur que establece la orientación
política del proceso de integración
y decide los medios por los cuales los objetivos finales
de los tratados y acuerdos relativos al mercado común
serán alcanzados |
Reuniones
de Ministros |
Ministros
de Estados deliberan sobre asuntos específicos
de sus áreas. El proceso de decisión
se basa en el principio de la unanimidad. |
| Foro
de Consulta y Concentración Política
|
Miembros
de las cancillerías de los cuatro países
dan apoyo y desarrollan las resoluciones de las Reuniones
de Ministros |
| Grupo
Mercado Común |
Órgano
ejecutivo del Mercosur. Responsable por acompañar
el cumplimiento de los acuerdos y protocolos firmados
en el ámbito del Tratado de Asunción,
así como desarrollar programas de trabajo para
negociaciones sobre el avance del mercado común
y negociar en nombre del bloque con países
no miembros. El grupo se pronuncia por medio de Resoluciones. |
Subgrupos
de Trabajo en: Comunicación, Aspectos Institucionales,
Reglamentos Técnicos y Evaluación de
la Conformidad, Asuntos Financieros, Medio Ambiente,
Industria, Agricultura, Energía y Minería,
Asuntos Laborales, Empleo y Seguridad Social, Salud,
Inversiones, Comercio Electrónico, y Acompañamiento
de la Coyuntura Económica Comercial |
| Comités
de: Cooperación Técnica, Directores
de Aduana, y Sanidad Animal y Vegetal |
| Grupo
Ad Hoc sobre: Azúcar, Relación Externa,
Compras gubernamentales, y Concesiones; en las Reuniones
Especializadas sobre: Ciencia y Tecnología,
Turismo, Comunicación Social, Género,
Autoridad de Aplicación en Materia de Drogas,
Prevención del Uso Indebido y Rehabilitación
de Dependientes de Drogas; Promoción Comercial,
Municipios/Intendencias del Mercosur, e Infraestructura |
| Grupos
de: Servicios, y Perfeccionamiento del Sistema de
Soluciones de Controversias |
| Comisión
Sociolaboral. |
| Comisiones
de Comercio del Mercosur |
Acompañar
y garantizar la aplicación de los instrumentos
de política comercial dentro del bloque y con
países no miembros. La Comisión |
Comités
Técnicos en: Tarifas, Nomenclatura y Clasificación
de Mercaderías, Asuntos Aduaneros, Normas y
Disciplinas Comerciales, Políticas Públicas
que Distorsionan la Competitividad, Defensa de la
Competencia, Defensa del Consumidor |
| Comité
de Defensa Comercial y Salvaguardas. |
| Comisión
Parlamenta-ria Conjunta |
Formada
por miembros de los Parlamentos de los países
integrantes del Mercosur. Tiene carácter deliberativo
y consultivo. La Comisión Parlamentaria Conjunta
se pronuncia por medio de formulaciones de Declaraciones,
Disposiciones y Recomendaciones. |
| Foro
Consultivo Económico y Social |
Órgano
representativo de los sectores económicos y
sociales de los países miembros del Mercosur.
Se trata del único órgano del bloque
con representantes del sector privado. Se pronuncia
mediante Recomendaciones al Grupo Mercado Común. |
|
3 - LA IMPLEMENTACIÓN DEL MERCOSUR
3.1 - El Apogeo: Reducción de las Barreras
Arancelarias
El Período comprendido entre 1991 y 1996 puede ser considerado
como el apogeo del Mercosur. En este período ocurrieron
notables avances en los acuerdos de integración y en el
intercambio comercial. La cantidad comercializada intrabloque
triplicó desde 1990 a 1997. Si consideramos el comercio
entre Brasil y Argentina, el alza verificada en el mismo período
fue cinco veces superior.
La primera etapa del programa de reducción de tarifas,
previsto en el Tratado de Asunción, se inició el
30 de junio de 1991. En esta fecha se aprobó una reducción
de tarifas de 47% sobre los productos comercializados dentro del
bloque. El segundo porcentual automático de eliminación
de tarifas, de 54%, entró en vigor en diciembre del mismo
año.
El modelo del proceso de integración, influenciado por
la onda liberal de la década de 1990, no preveía
mecanismos para compensar las pérdidas o para financiar
las conversiones necesarias en los segmentos perjudicados con
la integración. Se consideraba que el mercado resolvería
todo por sí mismo. Por otro lado, el proceso de reducción
de las barreras arancelarias no fue implantado sin las reacciones
contrarias de los sectores negativamente afectados dentro de los
países miembros, cuya presión es algunas veces suficiente
para impeler sus gobiernos a retroceder en el proceso de integración
comercial.
Los conflictos con el proceso de liberalización comercial
han acompañado, con mayor o menor intensidad, al Mercosur
durante toda su existencia. Más aún, desde diciembre
de 1991, con el Régimen Automotriz Argentino, estos conflictos
se han intensificado. En este conflicto el gobierno argentino
se fijó cuotas para la entrada de vehículos y concedió
una reducción de la tarifa de importación de los
componentes de esta industria mediante el compromiso, por parte
de las empresas de ensamblaje, de invertir en aquel país
y exportar.
Sin embargo, la integración obtuvo también algunos
éxitos. Se firmaron nuevos acuerdos sectoriales y políticas
específicas, lo que contribuyó para la armonización
de las normas y estándares técnicos de los países
miembros. En este contexto, se puede citar la Declaración
de Canela, del 20 de febrero de 1992, en la cual los miembros
del bloque armonizaron sus posiciones en la ECO-92. Posteriormente,
en junio de 1992, el Consejo del Mercado Común estableció
el Plan Trienal para el Sector Educación en el Contexto
del Mercosur, a partir del cual se definieron las áreas
estratégicas para la cooperación y desarrollo de
programas educacionales. En esta misma ocasión, los dos
grandes miembros del Mercosur ratificaron el Tratado para el Establecimiento
de un Estatuto de las Empresas Binacionales Brasil-Argentina.
El año de 1993 fue también intenso en acuerdos.
En el inicio de ese año, durante la 1ª Reunión
Especializada en Ciencia y Tecnología, se creó el
plan de acción para la integración científica
y tecnológica. En mayo, Itamar Franco, sucesor de Collor
en el Palacio del Planalto, y Menen firmaron acuerdos y protocolos
anexos al tratado de integración bilateral referentes a
transporte terrestre, empresas binacionales, energía e
industria automotriz.
La tercera, cuarta y quinta ronda de reuniones para la reducción
de las barreras arancelarias previstas en el Tratado de Asunción
fueron cumplidas con éxito entre junio de 1992 y diciembre
de 1993. Durante este período, las tarifas de comercio
dentro del Mercosur se redujeron en 82%.
En junio de 1993, se inició también la discusión
de temas de gran relevancia referentes al comercio intra-Mercosur,
como: la Tarifa Externa Común, las políticas sobre
prácticas desleales de comercio, y la reducción
de la diferencia de la tasa de cambio entre los mercados integrantes
del bloque. En ese año se aprobó el Reglamento contra
Prácticas Desleales de Comercio y los mecanismos de consultas
para procesos antidumping y se emprendieron las negociaciones
sobre la Tarifa Externa Común.
A partir de estos acuerdos, se creó la Tarifa Externa Común
(TEC) cuyo proyecto se aprobó el 5 de agosto de 1994, y
su implementación prevista para iniciarse el 1° de
enero de 1995. El acuerdo contenía cláusulas específicas
para los diferentes sectores. La gran dificultad de esta implementación
era compatibilizar los intereses de los países con estructuras
industriales muy diferentes. En este sentido los países
menores tuvieron tratamiento privilegiado, permitiéndoles
un período mayor de transición hasta la implementación
de las nuevas tarifas. Por ocasión de la firma del Protocolo
de Ouro Preto, realizada en diciembre de 1994, se concluyeron
los acuerdos para la aplicación integral de la TEC y además,
se le dio personalidad jurídica internacional, completándose
la estructura institucional del Mercosur.
Si bien la implementación de la TEC ampliaba el potencial
del comercio intrarregional, ello también implicaba en
una gran liberalización comercial unilateral de Brasil
para con los países no miembros del bloque. El proceso
de reducción de las barreras arancelarias se concluyó
en diciembre de 1994, con la eliminación, por parte de
Argentina, de la alícuota de la tasa de estadística
en las importaciones del Mercosur y de terceros países.
Con ello, se cumplió el cronograma de desgravación
arancelaria (reducción de impuestos) establecido en el
Tratado de Asunción, extinguiéndose la alícuota
del impuesto de importación de los productos comercializados
entre los países miembros.
Los dos años que se siguieron a la finalización
del proceso de disminución de las barreras arancelarias
en el Mercosur marcaron también el fin de un período
en el bloque. El crecimiento del comercio intrarregional se basó
no solamente en las reducciones arancelarias, sino también
en una coyuntura económica internacional favorable, con
ingresos de capitales externos que compensaban los eventuales
desequilibrios comerciales. Por otro lado, el Plan Real en Brasil
propició el aparecimiento de elevados déficits en
la balanza comercial en el trienio de 1995-1997, los cuales beneficiaron
principalmente a la Argentina.
La Crisis Asiática de 1997, por su parte, desencadenó
una baja en los flujos de liquidez internacional, haciendo cada
vez más insostenible la coyuntura económica externa
de los países de la región y en particular la brasileña.
En aquel momento terminaba el apogeo del Mercosur, iniciándose
un período de crisis en el cual se tornó patente
la fragilidad del bloque en lo que se refiere a la coordinación
macroeconómica.
3.2 - Apogeo y Crisis: el Problema de la Coordinación
Macroeconómica
El Mercosur nunca consiguió un mínimo de coordinación
macroeconómica en la región. Al contrario de la
Unión Europea, cuya construcción siempre concilió
la integración comercial y la coordinación macroeconómica,
el Mercosur dio mayor importancia a la primera en detrimento de
la segunda. Nunca hubo en la región una intención
seria de coordinación de las tasas de cambio, como la realizada
en Europa, teniendo como referencia el marco alemán. Es
verdad que las monedas de la región son comparativamente
más frágiles que las monedas de las economías
de la Europa Occidental. Sin embargo, el hecho es que los diplomáticos
y economistas del bloque latinoamericano nunca trataron de establecer
realmente las bases macroeconómicas para la integración
monetaria.
Al contrario de la experiencia europea, aquí no se establecieron
metas para índices macroeconómicos, tales como la
deuda pública, inflación y tasa de cambio. La idea
de coordinación de la política monetaria se limitó
apenas a la presentación de parcos proyectos sobre moneda
única desprovistos de medios para tornarla factible.
La primera de estas iniciativas se dio el 17 de julio de 1987,
cuando los presidentes Raúl Alfonsín y José
Sarney expresaron la intención común de crear una
moneda única, conforme mencionado anteriormente. Sin embargo,
el acelera do proceso de integración comercial constatado
en la época frenó el proyecto, el cual se mostraba
poco factible en medio a los acentuados procesos inflacionarios
por los que pasaban ambos países en la época.
El problema de la coordinación macroeconómica solamente
volvió a ser tema de la 10ª reunión del Grupo
Mercado Común, realizada en junio de 1993. En dicha reunión
se abordó la necesidad de reducir la diferencia de la tasa
de cambio. En la época, el peso argentino ya estaba indexado
al dólar, mientras que la tasa de cambio brasileña
estaba todavía indexada a la inflación. Tal situación
hacía con que la moneda argentina valiese más que
la brasileña. La consecuencia fue un déficit comercial
argentino acumulado de US$ 2.422 millones en el bienio de 1992-19938
. Otros tema tratados en dicho encuentro fueron las políticas
sobre prácticas desleales de comercio y la Tarifa Externa
Común, asuntos que sí tuvieron procedimiento, al
contrario de la discusión relacionada con el cambio. Nuevamente,
la coordinación macroeconómica fue eclipsada por
la integración comercial.
El desequilibrio comercial entre Brasil y Argentina se revertió
de manera notable a partir de 1995, luego después de la
implementación del Plan Real. En este período, una
enorme entrada de capital externo sobrevaluó el tipo de
cambio brasileño. Resultado de ello fue la disminución
de las exportaciones brasileñas para Argentina en 1995,
volviendo a elevarse al año siguiente, mientras que la
tasa de crecimiento de las exportaciones argentinas para su vecino
del norte crecía ligeramente. A partir de 1996, el aumento
de las exportaciones de ambos lados fue prácticamente el
mismo, aunque Argentina pasó a exportar más que
Brasil. El resultado fue un déficit brasileño en
el intercambio bilateral de US$ 17.337 millones durante el trienio
de 1995 - 1997.
Así, en lo que respecta al comercio Brasil-Argentina, el
apogeo del Mercosur puede ser dividido entre el período
anterior y posterior al Plan Real. Vale decir, la política
monetaria brasileña se mostró de fundamental importancia
para la dinámica del comercio entre las dos mayores economías
del bloque, el cual se constituye en la base del Mercosur como
un todo. El cambio presentado en 1994 puede ser observado en el
Gráfico 1.

El desequilibrio comercial brasileño no se restringía
apenas a la Argentina. En 1995, el país acumuló
un déficit comercial de US$ 3.466 millones, de los cuales
US$ 1.306 millones se debían a su mayor socio del Mercosur.
Frente a este hecho, el equipo económico brasileño
modificó su política de cambio. Así, a partir
de 1995, se establecieron bandas móviles en la tasa de
cambio, que abrían espacio para pequeñas desvalorizaciones
mensuales.
Los efectos de las minidesvalorizaciones brasileñas en
el déficit comercial con Argentina fueron modestos: éste
disminuyó de US$ 1.306 millones en 1995 para US$ 1.288
millones en 1996, US$ 928 millones en 1997 y US$ 734 millones
en 1998. Sin embargo, su efecto en relación a la balanza
comercial como un todo, fue inocuo, una vez que ésta acumuló
déficits de US$ 3.466 millones en 1995, US$ 5.554 millones
en 1996, US$ 8.357 millones en 1997 y US$ 6.607 millones en 1998.
Brasil no trató de negociar con sus vecinos para responder
a su desequilibrio externo. En ningún momento una solución
conjunta, que fuese la base para algún tipo de coordinación
macroeconómica, fue seriamente puesta en discusión.
Sin embargo, la postura brasileña no puede ser desvinculada
de las características del proceso de estabilización
argentino y de la coyuntura internacional. El régimen de
cambio instituido por Menen a partir de un plan económico
del Ministro Cavallo era rígido y por tanto, poco susceptible
a adaptaciones. Por otro lado, la gran liquidez externa financiaba
con facilidad el déficit comercial brasileño. En
relación al primer punto, se debe observar que la hipótesis
de que Argentina abandonase la paridad peso-dólar para
ingresar en un proceso de unificación monetaria parecía
fuera de discusión, una vez que en aquel país "(...)
hay una concordancia bastante amplia en considerar el tipo de
cambio fijo con el dólar como un elemento básico
del funcionamiento de la economía" (Heymann, 2000,
pág. 404). Vale decir, o se instalaba una moneda común
vinculada al dólar o no se hacía nada en lo referente
a la coordinación del cambio. Obviamente se optó
por la segunda alternativa.
Haciendo una retrospectiva, se puede constatar que Brasil no consideraba
la opción de una moneda única vinculada al dólar,
estuviese o no su cuenta de capital con el suficiente superávit
para mantener las reservas constantes. Esto se tornó patente
con la crisis asiática de 1997, a partir de la cual los
flujos de liquidez externa disminuyeron. Como consecuencia, el
gobierno brasileño adoptó una postura activa con
el objetivo de disminuir su déficit comercial, la más
polémica de ellas fue la Medida Provisoria que restringía
el financiamiento de las importaciones de cualquier origen.
Esta medida, que no excluía los países del Mercosur,
fue duramente criticada por las autoridades económicas
y diplomáticas de los demás países miembros,
lo que forzó su alteración tres días después
de su publicación. De acuerdo con la nueva versión,
las importaciones inferiores a US$ 40 mil provenientes de los
socios del bloque estarían libres de la restricción.
A fines de abril de 1997, el final de la crisis fue sellado con
la firma entre Brasil y Argentina de acuerdos referentes a los
sectores sensibles de los dos lados. Las concesiones brasileñas
se concentraban en los sectores automovilístico y de lubricantes,
y las argentinas, en café, llantas y productos textiles.
La solución brasileña de 1997 demuestra una constante
en el Mercosur. En vez de resolver las crisis comunes a partir
de soluciones conjuntas basadas en una coordinación macroeconómica,
los principales países del bloque tendían a actuar
unilateralmente, lo que debilitaba la cohesión de los miembros
del Mercosur.
Entretanto, los efectos negativos de la Crisis Asiática
no se restringían al comercio intrabloque, una vez que
afectaron a la economía del Mercosur como un todo. El desplome
de los flujos de liquidez externa obligó a los países
miembros a entrar en un período de recesión a través
de políticas macroeconómicas centradas en la adopción
de tasas de intereses altas, para atraer capitales externos. El
aumento de los intereses redujo el crecimiento económico
y en consecuencia la tasas de crecimiento del consumo privado
de la región disminuyeron sensiblemente a partir de 19979
.
Los efectos combinados de la caída en el consumo privado
y de la imposición de restricciones a las importaciones
brasileñas llevaron a que el comercio entre Brasil y Argentina
entrase en un proceso de estagnación en 1997 y 1998, conforme
se demuestra en el Gráfico 1. Se finalizaba, así,
el apogeo del Mercosur y se iniciaba su fase de crisis.
A fines de 1998, después de la crisis rusa, Brasil entró
en un período de acentuado desequilibrio externo. Las entradas
de capital externo, que ya venían mermando desde 1997,
prácticamente cesaron. Las reservas internacionales brasileñas
disminuyeron a niveles considerados críticos y en enero
de 1999, el real fue desvalorizado.
Se iniciaba, de este modo, el peor año del Mercosur. Desde
el punto de vista del comercio, el intercambio Brasil-Argentina
se redujo significativamente. Los productos argentinos se tornaron
excesivamente caros en Brasil y el consumo privado brasileño
se encontraba deprimido por la recesión de 1999. Por otro
lado, las exportaciones brasileñas disminuyeron en función
de la fuerte inestabilidad económica por la cual atravesaba
aquél país. En lo que se refiere a la orientación
de la política externa, la confianza de los dos mayores
miembros del Mercosur en el bloque parecía desvanecerse,
lo que explica la rápida fuga para fuera practicada por
ambos.
3.3 - El Mercosur y el Mundo
El grado de importancia atribuido al Mercosur difería entre
Argentina y Brasil. Mientras la Argentina consideraba la integración
del Cono Sur como una opción fundamentalmente comercial,
para el Brasil se trataba principalmente de una opción
estratégica, a través de la cual su posición
de líder regional podría ser construida.
Esta diferencia se mostró evidente desde la formación
del Mercosur, al inicio de la década de 1990. En aquellos
años, Argentina buscó un alineamiento político
y económico en relación a los EE.UU., adoptando
una nueva orientación externa. Entre los reflejos más
evidentes están el enfriamiento de las relaciones entre
Argentina y Cuba, la retirada argentina del Movimiento de los
Países No Alineados y el envío de tropas a la Guerra
del Golfo. Como resultado, el país fue reconocido como
socio preferencial por parte de los EE.UU., lo que en la visión
del gobierno argentino permitía un aumento del grado de
confianza de aquél país frente a la comunidad financiera
internacional, factor de gran importancia para el plan de estabilización.
Del lado brasileño, en contrapartida, se observó
una postura de aproximación a la América Latina
como un todo a partir del Mercosur. Como ejemplo se puede citar
el esfuerzo de Itamar Franco para la creación de una nunca
concretada Área de Libre Comercio Latinoamericana (ALCLA),
en 1993, durante la Reunión del Grupo de Río. Su
ejecución se daría por el formato "4+110"
, en el cual, los países del Mercosur realizarían
negociaciones con diferentes países de la ALADI.
La inclinación argentina de aproximarse de los EE.UU. y
la brasileña de unirse a la América Latina bajo
su liderazgo se constituyó en un punto débil de
las relaciones entre los dos países, con consecuencias
directas para el Mercosur. De un lado, las aspiraciones por parte
de Brasil de tornarse una potencia regional generaban malestar
en Argentina. Del otro lado, el estrechamiento entre Buenos Aires
y Washington entraba en choque con la intención brasileña
de formar un bloque latinoamericano, a partir del cual se buscaría
una inserción internacional independiente. Las ocasiones
en que tal discrepancia se mostró más evidente coincide
con los períodos en los cuales la integración del
Cono Sur se encontraba en crisis. Por otro lado, durante los momentos
favorables al Mercosur, las diferentes orientaciones externas
de Brasil y Argentina se tornaban menos perceptibles.
El súbito cambio de rumbo dado por Menen en dirección
a Washington y en particular, la aproximación entre Argentina
y los EE.UU. en 1993, después de la formación del
NAFTA, fue un factor de perturbación para la integración
del Cono Sur. En esta época, el comercio bilateral entre
Argentina y Brasil era favorable al segundo, que todavía
se encontraba en una coyuntura de alta inflación. En consecuencia,
la mayoría de los economistas argentinos preferían
una eventual integración de Argentina al NAFTA en vez de
continuar con la idea del Mercosur. Paralelamente, Argentina pasó
a figurar, junto con Chile, en la lista de candidatos para el
área de libre comercio norteamericana. La dicotomía
externa entre los mayores países de la América del
Sur se tornaba, de este modo, evidente. Brasil veía como
una provocación perjudicial a la integración regional
el hecho de que su vecino figurase en la nómina del NAFTA,
mientras que la iniciativa de Itamar Franco acerca de la ALCLA
no agradaba a Argentina.
La crisis externa del Mercosur en 1993 fue amainada por el Plan
Real. La estabilización brasileña mejoró
las expectativas en relación al bloque. Se sumaba a esto
el hecho de que, después de 1995, el comercio entre los
dos mayores miembros del bloque pasó a ser superavitario
para Argentina.
En este contexto fue aprobado, en diciembre de 1994, el proyecto
del Área del Libre Comercio de las Américas (ALCA),
cuyo objetivo era unir todo el continente americano en un mercado
común. El ALCA consistía en un reto al Mercosur,
una vez que su implementación podría dejarlo vacío,
lo que lo tornaría sin sentido.
En setiembre de 1995, por ocasión de la Conferencia Hemisférica
realizada en la ciudad estadounidense de Denver, los países
del Mercosur defendieron en conjunto la formación de una
área de libre comercio en las Américas solamente
en 2005, a partir de la convergencia gradual entre los diferentes
bloques económicos del continente. La propuesta, victoriosa
en la conferencia, demostró la unión del Cono Sur
en torno de una posición relativa al ALCA - desarrollar
las negociaciones sobre el bloque americano preservando el Mercosur,
en un intento de contrabalancear la hegemonía norteamericana
con la integración latinoamericana. No por coincidencia,
aquél fue el año en que se revertieron las expectativas
negativas en relación al Mercosur. Por consiguiente, la
dinámica entre las diferentes orientaciones políticas
de Buenos Aires y Brasilia, por un lado, y la situación
del Mercosur, del otro, se hizo presente.
El progreso del ALCA se vio dificultado por el Congreso norteamericano,
en vista de que las negociaciones entre los países latinoamericaños
y los EE.UU. dependían de la aprobación, por parte
de los senadores de aquél país, del permiso de negociación
de "vía rápida" o Fast Track, con el cual
el presidente norteamericano, Bill Clinton, podría firmar
los acuerdos relativos al área de libre comercio de las
Américas sin que el congreso pudiese refrendar el acuerdo,
limitándose a su aprobación o desaprobación.
Esto significaba, que el Fast Track, aumentaba la flexibilidad
y el poder de negociación del ejecutivo norteamericano.
Con la no aprobación de este instrumento, el libre comercio
en el hemisferio se volvió una posibilidad lejana.
Paralelamente a las negociaciones en torno del ALCA, el Mercosur
se aproximó de la Unión Europea. El proceso se inició
en junio de 1994 con la aprobación, por parte de los ministros
de las Relaciones Exteriores de los países europeos, de
medidas para conseguir un acuerdo de cooperación comercial
con el Mercosur. En noviembre del mismo año, el Consejo
de Ministros de la Comunidad Europea anunció el inicio
formal de las negociaciones. La aproximación se daría
por etapas. La primera sería reservada a los temas de cooperación;
en la segunda ocurriría el inicio de un diálogo
político; y en la tercera se daría la negociación
de una área de libre comercio. Esta última fue prevista
para después de 2001.
Cabe observar que la iniciativa partió de Europa. Se trataba
de un modo de conservar su influencia en el Cono Sur, la cual
se encontraba amenazada por la aproximación de este último
con la América del Norte en el marco del ALCA. A esto se
sumaba el aumento de la inversión directa realizada por
empresas europeas en la región, la cual fue estimulada
por los procesos de privatización argentino y brasileño.
Es decir, la cooperación comercial Mercosur - Unión
Europea seguía los pasos de las inversiones directas europeas
y reaccionaba a la formación del ALCA.
Del lado latinoamericano, la integración con la Unión
Europea servía como una manera de contrabalancear la hegemonía
norteamericana en el continente, la cual se hacía más
presente con los acuerdos firmados en el ámbito del ALCA.
Análogamente al ALCA, las negociaciones entre la Unión
Europea y el Mercosur fueron enfriándose a partir de 1996.
En líneas generales, esto ocurrió por dos motivos.
El primero se relacionaba con las barreras comerciales que protegen
los mercados agrícolas europeos. En los acuerdos firmados
entre las dos regiones, Europa no incluyó estos sectores
en el cronograma de liberalización comercial. Tal hecho
era especialmente negativo para los latinoamericaños, una vez
que la mayor parte de sus exportaciones para los países
miembros de la Unión Europea es compuesta por productos
agrícolas. Se trataba, así, de un obstáculo
a la complementariedad económica entre ambos. De esta manera,
los representantes del Mercosur señalaron que la inclusión
de los productos agrícolas en las negociaciones de libre
comercio era fundamental para el avance de las negociaciones,
las cuales perdieron dinamismo a partir de entonces. El segundo
motivo se refiere al congelamiento del ALCA, lo que contribuyó
para relajar el ímpetu europeo de aproximarse al Mercosur.
En una palabra, la disputa por la región no era más
tan intensa.
En medio a la América del Norte y a Europa, el Mercosur
se aproximaba de los demás países de la América
del Sur, principalmente de Chile y de Bolivia. Ambos estrechamientos
fueron implementados a través del mecanismo "4+1".
La primera negociación en el modelo "4+1" incluyó
a Chile, cinco años después de la invitación
extendida a este país para observar el proceso de formación
del Mercado Común del Sur, el 1 de agosto de 1990. Las
negociaciones culminaron, en junio de 1996, con el Acuerdo de
Complementación Económica entre Chile y el Mercosur,
el cual establecía el mes de octubre de aquél año
como el inicio de un proceso de reducción arancelaria lineal
que englobaba 80% de los ítems comercializados por ambas
partes. Los demás productos serían incluidos en
el libre comercio en 2006.
La presencia chilena en el Mercosur era vista con gran aprecio
por parte de los demás vecinos del Cono Sur. La economía
de aquél país se encontraba hacía años
en medio a un dinámico crecimiento coherente con una sólida
estabilidad de precios. Además de ello, una eventual incorporación
de Chile en el mercado común representaría el acceso
de sus miembros al Océano Pacífico, y consecuentemente
a los mercados asiáticos.
Sin embargo, la profundización de las relaciones comerciales
entre EE.UU. y Chile tornó inviable el desarrollo del proceso
de integración entre este último y sus vecinos del
Cono Sur. La ruptura ocurrió cuando Santiago de Chile firmó
acuerdos especiales con el NAFTA, truncando los avances de las
negociaciones de Chile con el Mercosur.
En relación a Bolivia, la aproximación de su economía
a la del Mercosur ocurrió en diciembre de 1996, en el marco
de las negociaciones con Chile. Según el acuerdo firmado
en aquél día, cerca del 90% de los productos intercambiados
entre las partes pasaría a circular con tarifa cero en
un plazo de diez años.
A pesar de tener la misma importancia económica de Chile
para el Mercosur, la aproximación de Bolivia era vista
con simpatía por el bloque, principalmente en Brasil. Por
un lado, consistiría en el avance de la estrategia de unir
la América Latina bajo su liderazgo. Por otro lado, Bolivia
es rica en recursos energéticos, principalmente en lo que
se refiere al gas natural, producto relativamente escaso en Brasil.
La integración entre los dos países en lo que se
refiere a la energía fue desarrollada al margen del Mercosur,
en torno del Gasoducto Brasil-Bolivia, propiedad de la empresa
petrolífera brasileña Petrobrás. Su construcción
se completó a mediados de la década del 90.
Después de los años de apogeo, el período
de crisis del Mercosur, iniciado en 1997, tuvo como consecuencia
la profundización de las diferentes orientaciones externas
de Brasil y Argentina. Se puede citar como parte de este proceso
la frustrada tentativa argentina de ingresar a la OTAN, lo cual
hizo que los EE.UU. considerasen este país, al lado de
Israel, como un aliado militar especial. De manera similar, es
posible referirse a la oposición de Buenos Aires a la candidatura
brasileña a un asiento en el Consejo de Seguridad de la
ONU.
La dicotomía externa entre los dos mayores miembros del
Mercosur se acentuó junto con la profundización
de la crisis interna del Mercosur, desencadenada por la desvalorización
del real en 1999. Como se mencionó anteriormente, la respuesta
de ambos a la disminución comercial y a la pérdida
de confianza del bloque por parte de sus constituyentes fue una
fuga para fuera.
Argentina, por un lado, firmó con los EE.UU. en febrero
de 1999 el Tratado de Asociación Monetaria, en el cual
se levantaba la posibilidad de dolarizar a economía. Esta
decisión apartó la idea de crear una moneda única
en el Mercosur y significó la radicalización de
la opción argentina de alinearse a los EE.UU.
Brasil, por su vez, trató de continuar con la unión
de la América Latina bajo su liderazgo. En este contexto
se destaca la firma de acuerdos comerciales con la Comunidad Andina
y México, a través del modelo "4+1", en
abril de 1999. Es posible mencionar, también, el Protocolo
de Comercio y de Inversión con el Mercado Común
Centroamericano. Aumentando sus socios en el ámbito del
Mercosur, Brasil reduciría la importancia relativa de la
Argentina dentro del bloque. Nunca, en sus diez años de
existencia, el Mercosur presenció tan claramente la relación
entre crisis interna y dicotomía en sus relaciones externas
como en los años que se siguieron a 1999.
4 - INTEGRACIÓN ECONÓMICA Y POLÍTICA
SOCIAL EN EL MERCOSUR
4.1 - Los Países del Mercosur: Una Comparación
Los países miembros del Mercosur presentan profundas diferencias
entre sí tanto concernientes a sus características
sociales como a la magnitud de sus economías y poblaciones.
La Tabla 1 demuestra dichas discrepancias.

Como se observa en la tabla, Brasil es mucho mayor que sus socios
del Mercosur tanto en su economía como en su población.
Por otro lado, Argentina y Uruguay son más ricos que Brasil
y Paraguay cuando se comparan sus rentas per capita, en este caso
la renta de los primeros es mayor que la de los dos últimos.
Los países miembros del Mercosur también se diferencian
entre sí en función de las características
estructurales de sus economías. Brasil fue el que obtuvo
más éxito en su proceso de substitución de
importaciones y el que posee el sector industrial más grande
y más completo del Mercosur. Sin embargo, una gran parte
de las exportaciones todavía es de productos primarios
o basados en recursos naturales.
Argentina no obtuvo tanto éxito como Brasil en la substitución
de importaciones. La industria argentina es de menor tamaño
y más desarticulada que la industria brasileña.
A pesar de ello, el país cuenta con una industria considerable.
Aún así, el rubro de exportación tiene un
peso elevado de productos primarios. En este contexto, el proceso
de integración contribuía para aumentar la exportación
de productos industrializados, particularmente para el Brasil.
Debido al tamaño reducido de su mercado interno, Uruguay
no implementó una política de substitución
de importaciones comparable a las experiencias brasileña
y argentina. Su desarrollo se basó en productos primarios,
principalmente relacionados a la pecuaria. Su industria es compuesta
básicamente por sectores de procesamiento de bienes primarios.
La posición geográfica de este país, entre
Argentina y Brasil, fue responsable por el reciente crecimiento
de las actividades relacionadas al turismo, que actualmente es
considerado el mayor componente de las exportaciones de bienes
y servicios del país.
Paraguay es el miembro más pobre del Mercosur. El país
nunca tuvo un proceso de substitución de importaciones,
de forma que la agricultura representa la mayor parte del sector
productivo y un 85% de sus exportaciones. En las dos últimas
décadas, creció la importancia del comercio a partir
de la re-exportación de bienes de consumo durables para
Argentina y sobretodo para Brasil.
4.2 - Convergencia Social y Económica en
el Mercosur
Si analizamos los países miembros del Mercosur bajo el
punto de vista de su desempeño social, es posible observar
que los mismos ocupan una jerarquía diferente. A semejanza
de la renta per capita, Argentina y Uruguay se encuentran en un
nivel superior a Paraguay y Brasil. Por otro lado, Brasil presenta
el peor desempeño en los indicadores sociales seleccionados.
Del punto de vista de la salud pública, los datos demuestran
que de 1980 a 2000 se dio una recuperación de la posición
brasileña respecto a los demás miembros del Mercosur.
Aún así, este país continuó presentando
los peores índices. La convergencia más expresiva
fue la relativa a la esperanza de vida, como se demuestra en la
Tabla 2.

La diferencia entre los datos relativos a los dos mayores países
del bloque, Brasil y Argentina, decreció 23,53%. La disminución
de la distancia entre el peor y el mejor indicador, respectivamente
el brasileño y el uruguayo, fue menor: 18,42%. De cualquier
manera, se observa todavía una magnitud considerable de
desigualdad entre ambos, la cual pasó de 11,99% en los
años 1980 - 1985 para 9,13% en el período de 1995
- 2000.
Los resultados relativos a la mortalidad infantil son aún
más discrepantes, como se pueden observar en la Tabla 3.

La diferencia entre los datos de Argentina y Brasil disminuyó
un 36,65%. Sin embargo, el indicador uruguayo ultrapasó
el argentino en el período, tornándose el mejor
del Mercosur al final del mismo. De esta manera, si consideramos
la diferencia entre el peor y el mejor índice al inicio
y al final del período, tendremos que relacionar el índice
brasileño con el argentino entre 1980-1985, y el índice
brasileño con el uruguayo entre 1995 - 2000. Una vez realizado
esto, podremos observar que la distancia entre el peor y el mejor
índice disminuyó 23,29%. Por otro lado, es evidente
la enorme discrepancia existente entre Brasil y Uruguay al final
del período en estudio: 141,14%.
El Mercosur es todavía más desigual cuando se analizan
los indicadores relacionados al analfabetismo, presentes en la
Tabla 4.

En el año 2000, la tasa de analfabetismo brasileña,
la mayor del Mercosur, fue nada menos que 568,18% superior a la
del Uruguay, la menor del bloque. Por otro lado, este fue el indicador
social en el cual se obtuvo una mayor convergencia entre los países.
A lo largo del período en estudio, la diferencia entre
los datos brasileños en comparación con los datos
uruguayos y argentinos disminuyó 37,81% y 40,21%, respectivamente.
El hecho de que Brasil presente índices sociales tan inferiores
a los de los demás países miembros del Mercosur,
inclusive al del Paraguay, cuyo renta per capita es la menor del
bloque, se debe en gran parte a su deficiente distribución
de la renta. Los datos al respecto se encuentran en la Tabla 5.

Al contrario de los indicadores sociales, la distribución
de la renta dentro de las economías que componen el Mercosur
ha empeorado en el período en estudio. Otra diferencia
es el hecho de que la renta paraguaya es mejor distribuida de
que la renta argentina. Uruguay figura como la economía
más justa del bloque, lo que explica parcialmente sus buenos
indicadores sociales, los mejores de la región.
En lo que se refiere al desempleo, sin embargo, el resultado es
inverso tanto a los presentados por los indicadores sociales como
a los referentes a la distribución de la renta. Las series
a este respecto pueden ser observadas en la Tabla 6.

Pese a la mejoría presentada en los indicadores sociales,
el desempleo aumentó en todos los países de la región
durante el período estudiado. El cuadro de 1999 es también
diferente del presentado por los referidos indicadores y por la
distribución de la renta en lo que se refiere a la jerarquización
de los países miembros del Mercosur. Brasil presenta la
menor tasa de desempleo, mientras que la mayor es verificada en
Argentina. En este país se destaca el acentuado aumento
del desempleo argentino, del orden de 457,69%, el mayor del Mercosur.
La desocupación de la mano de obra en la región
debe ser vista bajo la luz de las tasas de crecimiento de sus
economías, las cuales están contenidas en la Tabla
7.
Como puede ser visto, la región alterna años de
crecimiento con períodos de recesión. Empero, Argentina
lo hace con mayor intensidad, lo que explica parcialmente el aumento
de su desempleo. En Paraguay y Uruguay, por el contrario, dicha
tendencia es más suave, lo que se refleja en la relativa
estabilidad de sus tasas de desocupación. En síntesis,
las economías del Mercosur presentaron crecimientos erráticos
desde el inicio del proceso de integración del Cono Sur,
en 1986. Como consecuencia, los niveles de desempleo de la región
han crecido, principalmente en Argentina.
Por el lado de los indicadores sociales, se destaca la desigualdad
entre los países miembros del bloque, con Argentina y Uruguay
en un nivel superior al de Paraguay y Brasil. Este último,
a pesar de las mejoras observadas en las dos últimas décadas,
continúa mucho peor que sus similares en este aspecto.
La convergencia social de los países del Mercosur se viene
mostrando lenta, abajo del nivel necesario para una homogeneización
de las condiciones de vida en el bloque.
5 - CONCLUSIÓN: EL FUTURO DEL MERCOSUR
A inicios de un nuevo siglo aún no está claro si
el Mercosur llevará la integración a los pueblos
de la región. Pese a presentar una dimensión comercial,
tal vez sea su dimensión política y social la que
movilice la esperanza en su futuro. Una integración económica
que considere solamente los intereses empresariales, y que por
ende no escuche las aspiraciones populares, difícilmente
tendrá éxito, dadas las resistencias que provocará
en cada estado nacional. Por otro lado, las contradicciones en
las estrategias de desarrollo en los países de la región
dificultan cualquier previsión concernientes a los rumbos
de ese proceso.
Los datos sociales de la región muestran que Argentina
y Uruguay tienen mejores indicadores que Paraguay y Brasil. Por
otro lado, la radicalización del proyecto liberal argentino
ha llevado a la deterioración de las condiciones sociales.
Aunque el liberalismo ideológico no haya ido tan lejos
en el Brasil como en la Argentina, la situación económica
y social es todavía muy difícil en el primero. Por
otro lado, Uruguay que posee los mejores indicadores sociales
de la región, sufre con las dificultades económicas
de sus socios del bloque por ser una economía pequeña,
fuertemente integrada en el Cono Sur. Además, el Paraguay,
el más pobre de la región, sería el más
beneficiado si fuese posible desarrollar un consenso mínimo
para un plan coordinado de desarrollo regional.
En un cuadro de incertidumbres, el papel de la mujer en ese proceso
y los problemas de integración social asociados a la discriminación
de sectores de la sociedad, sea por razones de género,
etnia o condición social, no han sido discutidos con el
énfasis que el tema merece. La discusión del proceso
de integración económica en el Cono Sur es también
el espacio para la discusión de la sociedad que queremos
crear en la región. Una integración regional reducida
a cuestiones económicas será el fracaso del sueño
de transformar esta compleja relación entre naciones hermanas,
de esta parte de la América, en la semilla de una nueva
sociedad.
Notas
1
- Profesor del Instituto de Economía de la Universidad
Federal de Río de Janeiro (IE-UFRJ).
2 - Master en economía por la Universidad Federal de Río
de Janeiro.
3 - Datos de Dias-Alejandro, 1985, pág. 98-101.
4 - Ver datos de Prado, 1989, pág. 1583-84.
5 - El gobierno militar argentino mantuvo una relación
conturbada con Chile, inclusive con amenazas de conflicto militar,
y de desconfianza con Brasil, particularmente con la construcción
de la Central Hidroeléctrica de Itaipú.
6 - Campbell, Rozemberg y Svarzman, 2000, pág. 47.
7 - FMI, 1993, pág. 83.
8 - FMI, 1999, p. 86.
9 - en la Argentina, la tasa de crecimiento del consumo privado
en 1998 y 1999 fue de 1,7% y -4,6%, frente a 5,6% y 7,7% en 1996
y 1995, respectivamente. En el Brasil, a reducción fue
mas suave: 2,0% en 1996, 2,8% en 1997, -2,1% en 1998 y 0,2% en
1999 (Cepal, 2000, P. 67).
10 - Significa que el poder de negociación es de los cuatro
países del MERCOSUR junto con los Estados Unidos, una vez
que el MERCOSUR no funciona como personalidad jurídica
autónoma.
BIBLIOGRAFÍA
ALEJANDRO, Carlos Diaz. Argentina, Australia e Brazil before 1929.
In: PLATT, D.C.M.; DI TELLA, Guido. Argentina, Austrália
e Canada. Oxford: The MacMillan Press, 1985.
ANUARIO estadístico. Santiago de Chile: CEPAL, 2000.
ANUARIO estatístico do Brasil. Rio de Janeiro: IBGE, 2000.
CAMPBELL, Jorge; ROZEMBERG, Ricardo; SVARZMAN, Gustavo. Quinze
años de integração: muito barulho por muita coisa.
In: MERCOSUL: entre a realidade e a utopia. Rio de Janeiro: Relume
Dumará, 2000.
CASIBURI, Gabriel. Argentina, políticas comerciales e industriales
desde la década de 1960. In: NUEVAS políticas comerciales
en América Latina y Asia. Santiago de Chile: CEPAL, 1999.
CASTRO, Antonio Barros de; SOUZA, Francisco Eduardo Pires de.
Dilemas da política de câmbio do plano real.
DI FILIPPO, Armando; FRANCO, Rolando. Aspectos sociales
de la integración regional. Santiago de Chile, 1999.
(Livros de la CEPAL |