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La Condición Femenina en los Países del Mercosur:
Trabajo y Educación en una perspectiva comparativa
Maria da Graça Ribeiro das Neves1
Sumário
A - Introducción
B - Análisis Comparativa
1. Aspectos Demográficos
2. Jefes de hogar y cónyuges
3. Escolaridad
4. Trabajo
5. Sectores de Actividad
6. Desigualdad de la Renta
C - Comentarios Finales
A - Introducción
Ciertamente
este Proyecto no habría existido si no fuesen las inquietudes
suscitadas sobre las desigualdades de género que ganaron visibilidad
mundial gracias a las Conferencias Mundiales de la Mujer - especialmente
la IV Conferencia, realizada en 1995, en la ciudad de Beijng
- y por el documento conocido como Plataforma de Beijing2.
La Conferencia de Beijing contribuyó para promover una toma
de conciencia en los gobiernos nacionales de las países que
integran el sistema de la ONU, a respecto de la subordinación
de las mujeres y de la importancia de las desigualdades de género
para el mantenimiento de tal situación.
Los países, al cumplir las normas que le son propias para ratificar
las recomendaciones procedentes de las Conferencias Internacionales
como las de Beijing, asumieron compromisos políticos con la
comunidad internacional, con las Naciones Unidas y, principalmente,
con las mujeres de sus respectivos países, independientemente
de la organización del movimiento de mujeres y del movimiento
feminista, a nivel local e internacional.
Los compromisos se traducen en la responsabilidad gubernamental
de incluir en sus planes y programas la definición de políticas
y la implementación de proyectos que contribuyan tanto para
disminuir las desigualdades entre hombres y mujeres como para
promover los derechos humaños de las mujeres.
Así, ha sido preciso tornar patente la desigualdad entre hombres
y mujeres y la omisión en relación a los derechos humaños
de ellas, para transformar un aspecto nunca antes cuestionado
en un hecho político que resultó en la exigencia de la intervención
gubernamental y la participación de la sociedad en la búsqueda
de una solución.
A partir del reconocimiento de que el cambio en la condición
femenina exige la elaboración de medidas de políticas públicas,
pasó a ser necesario disponer de informaciones que permitiesen
examinar tanto las acciones emprendidas como la eficacia de
las mismas. Estaba dada la partida para la discusión sobre los
indicadores de género. La continuidad de la verificación de
las desigualdades para fines de evaluación de políticas públicas
pasó a ser un requisito, creándose también la necesidad de tener
medidas que mostrasen su variación en el tiempo. La formación
de series históricas se hacía obligatoria.3
Desde entonces (1995) se han venido realizando innumerables
esfuerzos para buscar la formulación de indicadores que contribuyan
a una comprensión de la condición de la mujer y, por lo tanto,
que permitan su comparación con la de los hombres.
Los estudiosos del tema se vieron ante un desafío, el de buscar
en las estadísticas oficiales de los países los elementos que
permitiesen la elaboración de tales medidas. Bajo este aspecto,
la construcción de indicadores coloca en evidencia la necesidad
de operar con medidas que permitan demostrar esas desigualdades.
La respuesta más inmediata fue la posibilidad de trabajar con
estadísticas elaboradas a partir de datos recopilados por sexo,
estableciéndose comparaciones entre hombres y mujeres.
Algunas iniciativas4
trabajaron conceptualmente el tema, otras cuantificaron concretamente
los hechos.5
En diversos países, han sido realizadas experiencias en esta
área, llevadas a cabo tanto por los gobiernos como por las organizaciones
de la sociedad civil. En un dado momento se estudiaban las informaciones
a nivel nacional, en otro, se observaban los niveles de planificación
gubernamental o los sectores de intervención de las políticas
públicas o, incluso, el grado de articulación del movimiento
de mujeres y del movimiento feminista.
El Sistema Integrado de Indicadores de Género en las Áreas de
Trabajo y Educación, del que trata el presente proyecto, ha
sido construido en base a las estadísticas por sexo presentes
en los estudios por muestras de domicilio realizados anualmente
en los países del MERCOSUR6,
de modo a posibilitar al usuario una flexibilidad en el uso
de la información7
y la adaptación a un formato de las medidas comparativas que
mejor atiendan al objetivo pretendido en relación a las políticas
públicas.
Con el fin de obtener una visión general de la condición de
las mujeres y de los hombres, que fuese al mismo tiempo comparativa
y simple de interpretar, se optó por realizar un análisis teniendo
como punto central el reconocimiento de las semejanzas y diferencias
entre los países del Mercosur, conforme los conjuntos de indicadores
estudiados. Para tal fin, se creó, en el Banco de Datos del
Sistema, un capítulo denominado Síntesis en el cual se
encuentran los datos agregados para los países. Asimismo, se
calculó, siempre que fuese técnicamente posible y estadísticamente
relevante, las brechas de género8,
incluyéndose las tablas respectivas a lo largo del presente
texto.9
El cálculo de la brecha de género acompaña la lógica de cálculo
del indicador en el cual se basa. Cuando se tiene como universo
a la población total, la brecha de género trata de la desigualdad
entre hombres y mujeres en relación a un determinado fenómeno
o característica.
En los casos en que el indicador estudie la incidencia de un
determinado fenómeno sobre una determinada fracción de hombres
o mujeres, la brecha de género indicará la desigualdad que hay
entre hombres y mujeres cuando se analiza la situación de cada
uno en relación al universo formado por sus pares. Por ejemplo,
en el universo de la población de 14 años y más, hombres y mujeres
forman dos grandes segmentos. Cuando se estudia el grupo de
desempleados por sexo, se mide la proporción de mujeres, u hombres,
desempleadas(os) en relación al total de las mujeres o de hombres
de 14 años y más.
Prosiguiendo en el detallado de los indicadores, se traza,
por ejemplo, el perfil de mujeres y hombres desempleados en
base a la mediana de renta mensual de todas las fuentes, mediana
de edad y escolaridad/segundo grado escolar incompleto o más.
En estos casos el valor obtenido, cuando se calcula la brecha
de género, mostrará el grado de desigualdad existente entre
mujeres y hombres, sabiéndose que cada uno fue antes examinado
en relación a su segmento.
El indicador específico elaborado para hombres y mujeres, generalmente
equivalente al cálculo de las proporciones en que cada sexo
se sitúa en relación a una cierta característica o fenómeno,
establece un parámetro para que se observen diferencias sociales
entre personas del mismo sexo (de carácter intragénero).
B - Análisis Comparativa10
1. Aspectos Demográficos
De los ocho puntos de observación contenidos en el Sistema
los cuatro países en dos momentos apenas uno revela igualdad
entre las cantidades de mujeres y hombres. Se trata de Paraguay
en 1995. En los demás casos la población femenina prevalece
sobre la masculina, si bien que sin grandes variaciones. En
Brasil se nota una estabilidad en los dos momentos examinados.
En Argentina y en Uruguay, de 1995 para 1999 se observa una
disminución, aunque poco relevante (menos de 1%), de la población
femenina.
Entretanto, en caso de que se examine la distribución de la
población por sexo según las unidades espaciales contempladas
por el Sistema, se verifica que hay localidades en que la población
masculina predomina, o sea, el índice de femineidad11
es inferior a 100.
En Argentina, esta predominancia ocurre solamente en la Tierra
del Fuego para los dos años estudiados. Para 1999, Corrientes
también pasa a presentar una ligera ventaja en la población
masculina, como se puede inferir del Gráfico 1 presentado a
seguir.
En Brasil, dos Estados de la Región Norte (Amapá y Tocantins)
presentan esta misma condición para los dos años observados.
El Estado de Mato Grosso, integrante de la Región Centro Oeste,
también acompaña la misma tendencia. Entretanto, es importante
señalar que estos tres Estados están situados en la Amazonia
Legal. Asimismo, el Estado de Espírito Santo, localizado en
la Región Sudeste, también pertenece al mismo conjunto en el
cual los hombres son mayoría en la población. Lo que todos estos
Estados tienen en común es la incidencia de actividades extractivas,
pudiendo ser considerados, en grados diferenciados, áreas de
frontera de expansión económica que atraerían flujos migratorios
predominantemente masculinos.
Las Regiones Metropolitanas brasileñas, por su parte, son seguramente
la tierra de las mujeres. Los porcentuales no son inferiores
a 52%, con excepción de Curitiba (Región Sur), en 1999, en donde
el porcentual se mantuvo en 51% (ver Tabla 1).
Tabla
1 - Distribución de la población por sexo e índice
de femineidad, según las Unidades de la Federación
y Regiones Metropolitanas
Brasil - 1995 y 1999 |
Unidades
de la Federación y
Regiones Metropolitanas |
1995 |
1999 |
| Porcentual |
índice
de
femineidad
 |
Porcentual |
índice
de
femineidad
 |
Hombres
 |
Mujeres
 |
Hombres
 |
Mujeres
 |
| BRASIL |
49,0 |
51,0 |
104,1 |
48,9 |
51,1 |
104,5 |
| Rondônia |
48,7 |
51,3 |
105,3 |
49,8 |
50,2 |
100,8 |
| Acre |
50,4 |
49,6 |
98,4 |
46,6 |
53,4 |
114,6 |
| Amazonas |
49,4 |
50,6 |
102,4 |
48,8 |
51,2 |
104,9 |
| Roraima |
49,6 |
50,4 |
101,6 |
50,2 |
49,8 |
99,2 |
| Pará |
48,8 |
51,2 |
104,9 |
48,8 |
51,2 |
104,9 |
| Amapá |
53,1 |
46,9 |
88,3 |
50,2 |
49,8 |
99,2 |
| Tocantins |
50,3 |
49,7 |
98,8 |
50,7 |
49,3 |
97,2 |
| Maranhão |
50,4 |
49,6 |
98,4 |
49,6 |
50,4 |
101,6 |
| Piauí |
49,5 |
50,5 |
102,0 |
48,3 |
51,7 |
107,0 |
| Ceará |
48,2 |
51,8 |
107,5 |
48,7 |
51,3 |
105,3 |
| Rio
Grande do Norte |
48,4 |
51,6 |
106,6 |
49,1 |
50,9 |
103,7 |
| Paraíba |
47,2 |
52,8 |
111,9 |
48,1 |
51,9 |
107,9 |
| Pernambuco |
47,9 |
52,1 |
108,8 |
48,3 |
51,7 |
107,0 |
| Alagoas |
49,5 |
50,5 |
102,0 |
48,2 |
51,8 |
107,5 |
| Sergipe |
48,7 |
51,3 |
105,3 |
48,7 |
51,3 |
105,3 |
| Bahia |
49,4 |
50,6 |
102,4 |
49,6 |
50,4 |
101,6 |
| Minas
Gerais |
49,6 |
50,4 |
101,6 |
49,5 |
50,5 |
102,0 |
| Espírito
Santo |
50,3 |
49,7 |
98,8 |
50,4 |
49,6 |
98,4 |
| Rio
de Janeiro |
47,6 |
52,4 |
110,1 |
47,4 |
52,6 |
111,0 |
| São
Paulo |
48,8 |
51,2 |
104,9 |
48,6 |
51,4 |
105,8 |
| Paraná |
49,8 |
50,2 |
100,8 |
49,4 |
50,6 |
102,4 |
| Santa
Catarina |
50,0 |
50,0 |
100,0 |
50,5 |
49,5 |
98,0 |
| Rio
Grande do Sul |
48,6 |
51,4 |
105,8 |
48,7 |
51,3 |
105,3 |
| Mato
Grosso do Sul |
49,3 |
50,7 |
102,8 |
49,4 |
50,6 |
102,4 |
| Mato
Grosso |
50,9 |
49,1 |
96,5 |
51,0 |
49,0 |
96,1 |
| Goiás |
50,0 |
50,0 |
100,0 |
49,6 |
50,4 |
101,6 |
| Distrito
Federal |
47,5 |
52,5 |
110,5 |
47,9 |
52,1 |
108,8 |
| BRASIL
RM |
47,7 |
52,3 |
109,6 |
47,7 |
52,3 |
109,6 |
| Belém |
47,4 |
52,6 |
111,0 |
46,3 |
53,7 |
116,0 |
| Fortaleza |
47,3 |
52,7 |
111,4 |
46,9 |
53,1 |
113,2 |
| Recife |
46,8 |
53,2 |
113,7 |
47,5 |
52,5 |
110,5 |
| Salvador |
47,3 |
52,7 |
111,4 |
47,3 |
52,7 |
111,4 |
| Belo
Horizonte |
48,3 |
51,7 |
107,0 |
48,0 |
52,0 |
108,3 |
| Rio
de Janeiro |
47,3 |
52,7 |
111,4 |
47,1 |
52,9 |
112,3 |
| São
Paulo |
48,1 |
51,9 |
107,9 |
48,1 |
51,9 |
107,9 |
| Curitiba |
48,1 |
51,9 |
107,9 |
48,9 |
51,1 |
104,5 |
| Porto
Alegre |
47,5 |
52,5 |
110,5 |
47,4 |
52,6 |
111,0 |
|
En Paraguay12
(ver Tabla 2) se verifica la mayor repetición de situaciones
en las cuales la población masculina prevalece sobre la femenina.
En 1995, el fenómeno es observado en nueve unidades espaciales
(San Pedro, Cordillera, Caaguazú, Caazapá, Itapúa, Paraguari,
Alto Paraná, Ñeembucú y Canindeyú) y en 1999, en siete unidades,
una vez que Itapúa y, sobre todo, Ñeembucú pasan a concentrar
un mayor porcentual de población femenina.
Al pasar de un año de observación para el otro, algunos aspectos
interesantes salen a la luz. Así, en San Pedro, Alto Paraná
y Cordillera la proporción de hombres aumenta más aún, siendo
más evidente en la primera localidad; en Caazapá la cantidad
de hombres en la población general cae ligeramente y en las
localidades de Caaguazú Canindeyú y en Paraguari la pérdida
de población masculina gira alrededor del 2%, si bien que manteniendo
la predominancia de los hombres en todos los casos, como ya
mencionado.
En Ñeembucú, donde la población femenina pasa a prevalecer
en 1999, vale resaltar que los hombres, que correspondían al
50,5% de la población (datos para 1995) disminuyen para 46,7
en cuatro años, hecho inédito para todas las observaciones del
Sistema.
| Tabla
2 - Distribución de la población por sexo e índice
de femineidad, según los Departamentos Paraguay 1995
y 1999 |
| Departamentos |
1995 |
1999 |
| Porcentual |
índice
de femineidad
 |
Porcentual |
índice
de femineidad
 |
Hombres
 |
Mujeres
 |
Hombres
 |
Mujeres
 |
| PARAGUAY |
50,00 |
50,00 |
100,00 |
49,20 |
50,80 |
103,25 |
| Asunción |
46,10 |
53,90 |
116,92 |
46,20 |
53,80 |
116,45 |
| Concepción |
49,10 |
50,90 |
103,67 |
48,40 |
51,60 |
106,61 |
| San
Pedro |
52,80 |
47,20 |
89,39 |
53,70 |
46,30 |
86,22 |
| Cordillera |
51,20 |
48,80 |
95,31 |
51,70 |
48,30 |
93,42 |
| Guairá |
48,90 |
51,10 |
104,50 |
50,00 |
50,00 |
100,00 |
| Caaguazú |
52,50 |
47,50 |
90,48 |
50,90 |
49,10 |
96,46 |
| Caazapá |
52,00 |
48,00 |
92,31 |
51,00 |
49,00 |
96,08 |
| Itapúa |
50,50 |
49,50 |
98,02 |
49,80 |
50,20 |
100,80 |
| Misiones |
47,80 |
52,20 |
109,21 |
47,20 |
52,80 |
111,86 |
| Paraguarí |
52,40 |
47,60 |
90,84 |
50,70 |
49,30 |
97,24 |
| Alto
Paraná |
50,80 |
49,20 |
96,85 |
51,00 |
49,00 |
96,08 |
| Central |
49,20 |
50,80 |
103,25 |
47,10 |
52,90 |
112,31 |
| Ñeembucú |
50,50 |
49,50 |
98,02 |
46,70 |
53,30 |
114,13 |
| Amambay |
48,00 |
52,00 |
108,33 |
48,80 |
51,20 |
104,92 |
| Canindeyú |
52,60 |
47,40 |
90,11 |
50,90 |
49,10 |
96,46 |
| Pdte.
Hayes |
47,50 |
52,50 |
110,53 |
49,60 |
50,40 |
101,61 |
|
En el caso de Uruguay, para todas las observaciones realizadas
por el Sistema, la población femenina supera a la masculina,
con excepción de Rivera en 1999, como ilustra el Gráfico 2,
a seguir.
El estudio de la población por composición de edad revela que
la población masculina está en mayoría hasta los 13 años de
edad. A partir de ahí las proporciones de hombres y mujeres
prácticamente se equivalen o presentan ventaja para la población
femenina. El Gráfico 3, relativo al año de 1999, ejemplifica
la situación encontrada que no presentó variación significativa
en el período.
La media de edad de la población tiende a aumentar en todos
los países en el intervalo de cuatro años adoptado por el Sistema.
Se verifica que la media de edad de las mujeres es más alta,
excepto en Paraguay, en 1999. La observación de la mediana,
que permaneció prácticamente inalterada en los dos años, revela
que la edad de la población femenina es mayor que la masculina.
Coherentemente con la afirmación anterior, para las personas
de más edad, es decir, la población con edad de 60 años y más,
las mujeres predominan prácticamente en todos los países y en
los dos momentos observados.
Argentina y Uruguay son los países con una mayor proporción
de población de más edad, siendo que en este último país la
tendencia es creciente de un año para otro (17,4% en 1995 y
19,5 % en 1999). En Brasil y Paraguay hay una cierta estabilidad
en la proporción de personas mayores en el conjunto de la población,
manteniéndose alrededor del 9% y 7%, respectivamente. El Gráfico
4 a seguir es demostrativo de estas afirmaciones.

Dejando de lado cualquier discusión sobre la ocurrencia de
especificidades incluyendo aspectos biológicos, genéticos etc.,
que no son considerados en el Sistema, es posible suponer que
las condiciones generales de vida en sociedad en los países
del Mercosur traen beneficios o por lo menos preservan a las
mujeres de los riesgos del cotidiano algunos tipos de enfermedad,
accidentes, violencia urbana, entre otros o, más aún, que el
cotidiano de las mujeres les permite una sociabilidad que les
aumenta la calidad de vida haciendo con que su proporción sea
mayor a medida que la población envejece. Estudios puntuales
pueden profundizar esta cuestión, bajo diferentes aspectos:
desde el destacar la relación entre la mayor inserción en la
esfera privada o pública y la longevidad hasta, por ejemplo,
el considerar que existe una mayor preocupación gubernamental
con programas orientados a la salud de la mujer que para la
del hombre.
Políticas públicas basadas en la edad de la población (o en
el enfoque generacional) aparentemente tiene un significativo
factor intergénero que refuerza aspectos comunes a mujeres y
hombres: edad para tener una educación básica y otros niveles
de escolaridad, para recibir vacunas y ser inmunizado contra
enfermedades ya erradicadas, para poder trabajar, para jubilarse,
entre otras.
Por otro lado, la discusión del perfil de mujeres y hombres
según el grupo de edad señalará cómo es que se da en la práctica
el desencadenamiento de los papeles sociales atribuidos a la
mujeres y hombres, haciendo relevante el examen de los indicadores
intragénero para la adecuada formulación de políticas públicas
que refuercen o contribuyan para el mantenimiento del patrón
vigente o lo subviertan.13
2. Jefes de hogar y cónyuges
Los indicadores elaborados para presentar la posición en el
domicilio toman como base la población de las personas de 14
años y más. Observándose transversalmente los países, diferenciando
las perspectivas intergénero e intragénero, además de utilizar
los cruces de datos básicos adoptados en el Sistema a partir
de las variables independientes consideradas, es posible hacer
algunas observaciones generales en relación a las diferentes
posiciones ocupadas en el domicilio.
Las características de los jefes de hogar en los cuatro países
del Mercosur, como se ve en la Tabla 3 se resumen a las siguientes:
a) Entre los jefes de hogar predominan los hombres,
en todos los países, en los dos años examinados. De la población
de 14 años y más, cerca de 30% son hombres a cargo de la jefatura
de los domicilios. Las mujeres jefas de hogar representan un
tercio de la cantidad de hombres jefes;
b) Cuando se combina sexo con edad, en base a la mediana,
la edad de la mayoría de las mujeres jefas de familia es mayor
que la de los hombres en la misma posición. En general, en los
cuatro países, las mujeres jefas de hogar tienden a ser cerca
de nueve años mayores que los hombres en la misma posición,
siendo posible observar que de 1995 para 1999 la diferencia
en la mediana de edad disminuyó, sobre todo en Argentina;
c) En 1995, para todos los países, las mujeres jefas
de familia estaban en desventaja del punto de vista de la educación
(segundo ciclo escolar incompleto o más) en relación a los hombres.
El país en el cual las mujeres jefas de familia tienen más acceso
a la educación es Argentina (43%), a seguir Uruguay (25%), Brasil
(20%) y Paraguay (14%). Brasil, que no presenta un buen desempeño
en el indicador intragénero, una vez que la posición de los
hombres (21%) no difiere mucho de la de las mujeres, es el país
con menor desigualdad intergénero. En los demás países la desigualdad
de género es mayor pero el acceso a la educación es más generalizado
en la población, con excepción de Paraguay. En 1999, todas las
observaciones mejoran; condiciones de igualdad entre hombres
y mujeres ocurren en Brasil, si bien que en niveles nada envidiables;
d) Observándose la mediana de renta mensual de todas
las fuentes de las jefes de familia, se nota que la mayoría
de las mujeres está en nítida desventaja, sin variación significativa
de un año para el otro. En números absolutos, el valor de la
mediana de renta, en dólar, cayó de 1995 para 1999, excepto
en Argentina y en Uruguay. Sin embargo, vale observar que en
los cuatro países, tomando como base la mediana de renta mensual
de las mujeres y de los hombres la diferencia disminuye entre
los períodos estudiados. Si en 1995 la mediana de renta de las
mujeres representaba en Argentina 58% de la mediana de renta
de los hombres, en 1999 este porcentual se elevó a 65%. En los
demás países, como ya fue dicho, ocurrió lo mismo, cabiendo
observar a lo largo del tiempo si esta tendencia permanecerá
de modo a disminuir la diferencia entre hombres y mujeres jefas
de hogar.
|
Tabla
3 - Perfil del jefe de hogar, según los países del
Mercosur 1995 y 1999
|
| Indicador |
Año
 |
Sexo
 |
Argentina
 |
Brasil
 |
Paraguay
 |
Uruguay
 |
| Proporción
sobre la población total |
1995 |
Hombres |
28,9 |
29,1 |
28,0 |
28,0 |
| Mujeres |
9,2 |
7,4 |
7,1 |
9,8 |
|
1999 |
Hombres |
27,9 |
28,3 |
26,1 |
27,9 |
| Mujeres |
10,5 |
8,5 |
8,3 |
12,3 |
| Mediana
de edad |
1995 |
Hombres |
46 |
42 |
42 |
51 |
| Mujeres |
58 |
52 |
51 |
64 |
|
1999 |
Hombres |
47 |
43 |
42 |
50 |
| Mujeres |
56 |
51 |
50 |
62 |
| Proporción
de hombres y mujeres jefas de hogar con el 2º ciclo
escolar incompleto o más |
1995 |
Hombres |
51,1 |
21,2 |
19,4 |
33,1 |
| Mujeres |
42,7 |
19,7 |
14,1 |
25,1 |
|
1999 |
Hombres |
55,2 |
24,0 |
20,3 |
35,8 |
| Mujeres |
47,7 |
24,0 |
15,4 |
29,5 |
| Mediana
de renta mensual de todas las fuentes (valores expresos
en dólar) |
1995 |
Hombres |
550,00 |
315,10 |
228,90 |
607,10 |
| Mujeres |
320,00 |
204,80 |
152,60 |
389,10 |
|
1999 |
Hombres |
540,00 |
202,40 |
196,30 |
919,40 |
| Mujeres |
350,00 |
138,50 |
135,90 |
638,20 |
|
En el caso de las cónyuges (Tabla 4), lo que se ve es que:
a) Entre los que se declaran cónyuges, hay una
significativa disparidad entre la proporción de hombres y de
mujeres. Mientras que cerca de un quinto de las mujeres de 14
años y más se declara cónyuge, no más que un 1,5% de los hombres
se dice en igual situación. Cabe notar que en los cuatro países,
existe un discreto aumento en el porcentual de hombres cónyuges
al paso que entre las mujeres es lo contrario, es decir, decreció
el porcentual de mujeres cónyuges.
b) La mediana de edad de los hombres que se declaran
cónyuges es superior a la de las mujeres en las mismas condiciones.
En general, no fue posible identificar alteración en la mediana
de edad de los hombres y mujeres cónyuges. En Brasil y Paraguay
la mediana de las mujeres es de 38 años, ya en Argentina y Uruguay,
es de 43 y 45 años, respectivamente. Los hombres cónyuges, en
Argentina, Paraguay y Uruguay presentan mediana de edad más
baja para el año de 1999 y el Brasil es el único país en que
la mediana fue mayor, pero en sólo un año, vale decir, de 41
para 42 años.
c) En el conjunto de las mujeres de 14 años y más,
las mujeres cónyuges, en 1999 cuando comparadas con 1995, estaban
en mejores condiciones en lo que respecta a la educación de
segundo ciclo, incompleto o más. En este caso, Argentina se
destaca en relación a los demás países pues cerca de 50% de
las cónyuges tienen, por lo menos, el 2o ciclo escolar
incompleto.
d) Entre los cónyuges, la mediana de renta mensual de
todas las fuentes mantienen las mujeres en condición de desigualdad,
con excepción de Argentina donde, en los dos años, mujeres y
hombres se presentan prácticamente en las mismas condiciones.
Argentina también es el país donde el valor de la mediana de
renta, en dólar, era el más alto. Si en Argentina, la mediana
de renta mensual de las cónyuges era prácticamente igual (lo
que se confirma para el año de 1999), en los demás países hay
una disminución de la mediana de renta mensual de las mujeres,
con excepción de Paraguay. En Brasil, las mujeres cónyuges tienden
a tener renta mensual 50% inferior a la de los hombres y en
Uruguay este porcentual es del 57%. En Paraguay la situación
es inversa: en 1995 las mujeres cónyuges presentan mediana de
renta equivalente a 52% de la de los hombres y en 1999 este
porcentual sube para 67%.
|
Tabla
4 - Perfil del cónyuge, según los países del Mercosur
1995 y 1999
|
| Indicador |
Año
 |
Sexo
 |
Argentina
 |
Brasil
 |
Paraguay
 |
Uruguay
 |
| Proporción
sobre la población total |
1995 |
Homens |
0,5 |
0,2 |
0,9 |
0,6 |
| Mulheres |
25,4 |
26,5 |
24,8 |
24,9 |
|
1999 |
Homens |
0,8 |
0,8 |
1,2 |
1,6 |
| Mulheres |
23,7 |
25,4 |
23,2 |
23,9 |
| Mediana
de edad |
1995 |
Homens |
46 |
41 |
41 |
47 |
| Mulheres |
43 |
37 |
37 |
46 |
|
1999 |
Homens |
44 |
42 |
40 |
45 |
| Mulheres |
43 |
38 |
38 |
45 |
| Proporción
de hombres y mujeres cónyuges con el 2º ciclo escolar
incompleto o más |
1995 |
Homens |
50,4 |
22,8 |
12,8 |
30,5 |
| Mulheres |
49,7 |
21,7 |
17,5 |
33,1 |
|
1999 |
Homens |
44,8 |
31,9 |
19,9 |
36,8 |
| Mulheres |
55,2 |
25,5 |
18,9 |
36,2 |
| Mediana
de renta mensual de todas las fuentes (valores expresos
en dólar) |
1995 |
Homens |
400,00 |
309,90 |
244,20 |
434,00 |
| Mulheres |
360,00 |
157,60 |
127,20 |
291,10 |
|
1999 |
Homens |
400,00 |
213,00 |
196,30 |
791,50 |
| Mulheres |
400,00 |
106,50 |
132,90 |
456,10 |
|
Del punto de vista de la renta mensual, estudiada por la mediana,
con excepción de Argentina, no hace diferencia, para la relación
entre mujeres y hombres el hecho de ser cónyuge o jefe de familia,
una vez que las mujeres están siempre en posición de menor acceso
a la renta, o sea, ser mujer en sí pesa más que la posición
ocupada en el domicilio. La principal restricción a ser hecha
se refiere a Brasil, donde las mujeres jefas de hogar presentan
mediana de renta mensual, en 1999, equivalente a 68% de la de
los hombres, y las mujeres cónyuges presentan mediana de renta
equivalente a 50% de la de los hombres (ver Tabla 5).
La mediana de la edad de las mujeres jefes de familia es más
alta que la de los hombres, mientras que en el caso de los cónyuges
la situación se invierte, vale decir, los hombres son de más
edad. Asimismo, la mediana de la edad de los hombres, ya sean
cónyuges o jefes de hogar, varía con menor intensidad que la
de las mujeres. ¿Será que la edad más alta es prerrequisito
para contrariar los papeles sociales tradicionales? ¿Dicha tendencia
será todavía más incisiva para las mujeres en consecuencia de
que su transgresión es aún más significativa?
Las políticas públicas en esta área el de la posición en el
domicilio no asumen la cuestión de las quehaceres domésticos
y del trabajo reproductivo, bastante enraizados en aspectos
culturales. La contribución de la intervención del Estado estaría
esencialmente referida a la prestación de servicios en los sectores
de salud, asistencia social, educación, entre otros y que se
dirijan, por ejemplo, a niños y anciaños. Estas acciones tienen
la característica de liberar a las mujeres para el mercado de
trabajo y para el desempeño de otras atribuciones que les permitan
asumir mayores responsabilidades en la esfera pública. Para
aquilatar el tamaño de la pérdida de potencial enfrentado por
la sociedad, en virtud de la insuficiencia de políticas públicas
adecuadas, es interesante observar la mediana de edad de las
mujeres cónyuges y la proporción de mujeres cónyuges en la población
de 14 años y más.
Continuando con el mismo tema, vale la pena observar que el
porcentual de mujeres de 14 años y más que se declaran como
siendo amas de casa varía de 12% a 17%, excepto en Uruguay,
donde no ultrapasa el 8%. El perfil de edad de estas mujeres
se aproxima del de las mujeres cónyuges, por tanto más jóvenes
que las mujeres jefes de familia.
| Tabla
5 - Mediana de edad de mujeres jefas de hogar, cónyuges
y de mujeres que realizan quehaceres domésticos, según
los países del Mercosur - 1995 y 1999 |
| Países |
1995 |
1999 |
Jefe
de hogar
 |
Cónyuge
 |
Quehaceres
Domésticos
 |
Jefe
de hogar
 |
| | | |