La Condición Femenina en los Países del Mercosur: Trabajo y Educación en una perspectiva comparativa


Maria da Graça Ribeiro das Neves1


Sumário

A - Introducción

B - Análisis Comparativa
  1. Aspectos Demográficos
  2. Jefes de hogar y cónyuges
  3. Escolaridad
  4. Trabajo
  5. Sectores de Actividad
  6. Desigualdad de la Renta

C - Comentarios Finales



A - Introducción

Ciertamente este Proyecto no habría existido si no fuesen las inquietudes suscitadas sobre las desigualdades de género que ganaron visibilidad mundial gracias a las Conferencias Mundiales de la Mujer - especialmente la IV Conferencia, realizada en 1995, en la ciudad de Beijng -  y por el documento conocido como Plataforma de Beijing2.

La Conferencia de Beijing contribuyó para promover una toma de conciencia en los gobiernos nacionales de las países que integran el sistema de la ONU, a respecto de la subordinación de las mujeres y de la importancia de las desigualdades de género para el mantenimiento de tal situación.

Los países, al cumplir las normas que le son propias para ratificar las recomendaciones procedentes de las Conferencias Internacionales como las de Beijing, asumieron compromisos políticos con la comunidad internacional, con las Naciones Unidas y, principalmente, con las mujeres de sus respectivos países, independientemente de la organización del movimiento de mujeres y del movimiento feminista, a nivel local e internacional.

Los compromisos se traducen en la responsabilidad gubernamental de incluir en sus planes y programas la definición de políticas y la implementación de proyectos que contribuyan tanto para disminuir las desigualdades entre hombres y mujeres como para promover los derechos humaños de las mujeres.

Así, ha sido preciso tornar patente la desigualdad entre hombres y mujeres y la omisión en relación a los derechos humaños de ellas, para transformar un aspecto nunca antes cuestionado en un hecho político que resultó en la exigencia de la intervención gubernamental y la participación de la sociedad en la búsqueda de una solución.

A partir del reconocimiento de que el cambio en la condición femenina exige la elaboración de medidas de políticas públicas, pasó a ser necesario disponer de informaciones que permitiesen examinar tanto las acciones emprendidas como la eficacia de las mismas. Estaba dada la partida para la discusión sobre los indicadores de género. La continuidad de la verificación de las desigualdades para fines de evaluación de políticas públicas pasó a ser un requisito, creándose también la necesidad de tener medidas que mostrasen su variación en el tiempo. La formación de series históricas se hacía obligatoria.3

Desde entonces (1995) se han venido realizando innumerables esfuerzos para buscar la formulación de indicadores que contribuyan a una comprensión de la condición de la mujer y, por lo tanto, que permitan su comparación con la de los hombres.

Los estudiosos del tema se vieron ante un desafío, el de buscar en las estadísticas oficiales de los países los elementos que permitiesen la elaboración de tales medidas. Bajo este aspecto, la construcción de indicadores coloca en evidencia la necesidad de operar con medidas que permitan demostrar esas desigualdades. La respuesta más inmediata fue la posibilidad de trabajar con estadísticas elaboradas a partir de datos recopilados por sexo, estableciéndose comparaciones entre hombres y mujeres.

Algunas iniciativas4 trabajaron conceptualmente el tema, otras cuantificaron concretamente los hechos.5 En diversos países, han sido realizadas experiencias en esta área, llevadas a cabo tanto por los gobiernos como por las organizaciones de la sociedad civil. En un dado momento se estudiaban las informaciones a nivel nacional, en otro, se observaban los niveles de planificación gubernamental o los sectores de intervención de las políticas públicas o, incluso, el grado de articulación del movimiento de mujeres y del movimiento feminista.

El Sistema Integrado de Indicadores de Género en las Áreas de Trabajo y Educación, del que trata el presente proyecto, ha sido construido en base a las estadísticas por sexo presentes en los estudios por muestras de domicilio realizados anualmente en los países del MERCOSUR6, de modo a posibilitar al usuario una flexibilidad en el uso de la información7 y la adaptación a un formato de las medidas comparativas que mejor atiendan al objetivo pretendido en relación a las políticas públicas.

Con el fin de obtener una visión general de la condición de las mujeres y de los hombres, que fuese al mismo tiempo comparativa y simple de interpretar, se optó por realizar un análisis teniendo como punto central el reconocimiento de las semejanzas y diferencias entre los países del Mercosur, conforme los conjuntos de indicadores estudiados. Para tal fin, se creó, en el Banco de Datos del Sistema, un capítulo denominado Síntesis en el cual se encuentran los datos agregados para los países. Asimismo, se calculó, siempre que fuese técnicamente posible y estadísticamente relevante, las brechas de género8, incluyéndose las tablas respectivas a lo largo del presente texto.9

El cálculo de la brecha de género acompaña la lógica de cálculo del indicador en el cual se basa. Cuando se tiene como universo a la población total, la brecha de género trata de la desigualdad entre hombres y mujeres en relación a un determinado fenómeno o característica.

En los casos en que el indicador estudie la incidencia de un determinado fenómeno sobre una determinada fracción de hombres o mujeres, la brecha de género indicará la desigualdad que hay entre hombres y mujeres cuando se analiza la situación de cada uno en relación al universo formado por sus pares.  Por ejemplo, en el universo de la población de 14 años y más, hombres y mujeres forman dos grandes segmentos. Cuando se estudia el grupo de desempleados por sexo, se mide la proporción de mujeres, u hombres, desempleadas(os) en relación al total de las mujeres o de hombres de 14 años y más.

Prosiguiendo en el detallado de los indicadores, se traza, por ejemplo, el perfil de mujeres y hombres desempleados en base a la mediana de renta mensual de todas las fuentes, mediana de edad y escolaridad/segundo grado escolar incompleto o más.

En estos casos el valor obtenido, cuando se calcula la brecha de género, mostrará el grado de desigualdad existente entre mujeres y hombres, sabiéndose que cada uno fue antes examinado en relación a su segmento.

El indicador específico elaborado para hombres y mujeres, generalmente equivalente al cálculo de las proporciones en que cada sexo se sitúa en relación a una cierta característica o fenómeno, establece un parámetro para que se observen diferencias sociales entre personas del mismo sexo (de carácter intragénero).

B - Análisis Comparativa10

1. Aspectos Demográficos

De los ocho puntos de observación contenidos en el Sistema los cuatro países en dos momentos apenas uno revela igualdad entre las cantidades de mujeres y hombres. Se trata de Paraguay en 1995. En los demás casos la población femenina prevalece sobre la masculina, si bien que sin grandes variaciones. En Brasil se nota una estabilidad en los dos momentos examinados. En Argentina y en Uruguay, de 1995 para 1999 se observa una disminución, aunque poco relevante (menos de 1%), de la población femenina.

Entretanto, en caso de que se examine la distribución de la población por sexo según las unidades espaciales contempladas por el Sistema, se verifica que hay localidades en que la población masculina predomina, o sea, el índice de femineidad11 es inferior a 100.

En Argentina, esta predominancia ocurre solamente en la Tierra del Fuego para los dos años estudiados. Para 1999, Corrientes también pasa a presentar una ligera ventaja en la población masculina, como se puede inferir del Gráfico 1 presentado a seguir.

En Brasil, dos Estados de la Región Norte (Amapá y Tocantins) presentan esta misma condición para los dos años observados. El Estado de Mato Grosso, integrante de la Región Centro Oeste, también acompaña la misma tendencia. Entretanto, es importante señalar que estos tres Estados están situados en la Amazonia Legal. Asimismo, el Estado de Espírito Santo, localizado en la Región Sudeste, también pertenece al mismo conjunto en el cual los hombres son mayoría en la población. Lo que todos estos Estados tienen en común es la incidencia de actividades extractivas, pudiendo ser considerados, en grados diferenciados, áreas de frontera de expansión económica que atraerían flujos migratorios predominantemente masculinos.

Las Regiones Metropolitanas brasileñas, por su parte, son seguramente la tierra de las mujeres. Los porcentuales no son inferiores a 52%, con excepción de Curitiba (Región Sur), en 1999, en donde el porcentual se mantuvo en 51% (ver Tabla 1).

Tabla 1 - Distribución de la población por sexo e índice de femineidad, según las Unidades de la Federación y Regiones Metropolitanas
Brasil - 1995 y 1999
Unidades de la Federación y
Regiones Metropolitanas
1995 1999
Porcentual índice de
femineidad
Porcentual índice de
femineidad
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
BRASIL 49,0 51,0 104,1 48,9 51,1 104,5
Rondônia 48,7 51,3 105,3 49,8 50,2 100,8
Acre 50,4 49,6 98,4 46,6 53,4 114,6
Amazonas 49,4 50,6 102,4 48,8 51,2 104,9
Roraima 49,6 50,4 101,6 50,2 49,8 99,2
Pará 48,8 51,2 104,9 48,8 51,2 104,9
Amapá 53,1 46,9 88,3 50,2 49,8 99,2
Tocantins 50,3 49,7 98,8 50,7 49,3 97,2
Maranhão 50,4 49,6 98,4 49,6 50,4 101,6
Piauí 49,5 50,5 102,0 48,3 51,7 107,0
Ceará 48,2 51,8 107,5 48,7 51,3 105,3
Rio Grande do Norte 48,4 51,6 106,6 49,1 50,9 103,7
Paraíba 47,2 52,8 111,9 48,1 51,9 107,9
Pernambuco 47,9 52,1 108,8 48,3 51,7 107,0
Alagoas 49,5 50,5 102,0 48,2 51,8 107,5
Sergipe 48,7 51,3 105,3 48,7 51,3 105,3
Bahia 49,4 50,6 102,4 49,6 50,4 101,6
Minas Gerais 49,6 50,4 101,6 49,5 50,5 102,0
Espírito Santo 50,3 49,7 98,8 50,4 49,6 98,4
Rio de Janeiro 47,6 52,4 110,1 47,4 52,6 111,0
São Paulo 48,8 51,2 104,9 48,6 51,4 105,8
Paraná 49,8 50,2 100,8 49,4 50,6 102,4
Santa Catarina 50,0 50,0 100,0 50,5 49,5 98,0
Rio Grande do Sul 48,6 51,4 105,8 48,7 51,3 105,3
Mato Grosso do Sul 49,3 50,7 102,8 49,4 50,6 102,4
Mato Grosso 50,9 49,1 96,5 51,0 49,0 96,1
Goiás 50,0 50,0 100,0 49,6 50,4 101,6
Distrito Federal 47,5 52,5 110,5 47,9 52,1 108,8
BRASIL RM 47,7 52,3 109,6 47,7 52,3 109,6
Belém 47,4 52,6 111,0 46,3 53,7 116,0
Fortaleza 47,3 52,7 111,4 46,9 53,1 113,2
Recife 46,8 53,2 113,7 47,5 52,5 110,5
Salvador 47,3 52,7 111,4 47,3 52,7 111,4
Belo Horizonte 48,3 51,7 107,0 48,0 52,0 108,3
Rio de Janeiro 47,3 52,7 111,4 47,1 52,9 112,3
São Paulo 48,1 51,9 107,9 48,1 51,9 107,9
Curitiba 48,1 51,9 107,9 48,9 51,1 104,5
Porto Alegre 47,5 52,5 110,5 47,4 52,6 111,0


En Paraguay12 (ver Tabla 2) se verifica la mayor repetición de situaciones en las cuales la población masculina prevalece sobre la femenina. En 1995, el fenómeno es observado en nueve unidades espaciales (San Pedro, Cordillera, Caaguazú, Caazapá, Itapúa, Paraguari, Alto Paraná, Ñeembucú y Canindeyú) y en 1999, en siete unidades, una vez que Itapúa y, sobre todo, Ñeembucú pasan a concentrar un mayor porcentual de población femenina.

Al pasar de un año de observación para el otro, algunos aspectos interesantes salen a la luz. Así, en San Pedro, Alto Paraná y Cordillera la proporción de hombres aumenta más aún, siendo más evidente en la primera localidad; en Caazapá la cantidad de hombres en la población general cae ligeramente y en las localidades de Caaguazú Canindeyú y en Paraguari la pérdida de población masculina gira alrededor del 2%, si bien que manteniendo la predominancia de los hombres en todos los casos, como ya mencionado.

En Ñeembucú, donde la población femenina pasa a prevalecer en 1999, vale resaltar que los hombres, que correspondían al 50,5% de la población (datos para 1995) disminuyen para 46,7 en cuatro años, hecho inédito para todas las observaciones del Sistema.

Tabla 2 - Distribución de la población por sexo e índice de femineidad, según los Departamentos Paraguay 1995 y 1999
Departamentos 1995 1999
Porcentual índice de femineidad
Porcentual índice de femineidad
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
PARAGUAY 50,00 50,00 100,00 49,20 50,80 103,25
Asunción 46,10 53,90 116,92 46,20 53,80 116,45
Concepción 49,10 50,90 103,67 48,40 51,60 106,61
San Pedro 52,80 47,20 89,39 53,70 46,30 86,22
Cordillera 51,20 48,80 95,31 51,70 48,30 93,42
Guairá 48,90 51,10 104,50 50,00 50,00 100,00
Caaguazú 52,50 47,50 90,48 50,90 49,10 96,46
Caazapá 52,00 48,00 92,31 51,00 49,00 96,08
Itapúa 50,50 49,50 98,02 49,80 50,20 100,80
Misiones 47,80 52,20 109,21 47,20 52,80 111,86
Paraguarí 52,40 47,60 90,84 50,70 49,30 97,24
Alto Paraná 50,80 49,20 96,85 51,00 49,00 96,08
Central 49,20 50,80 103,25 47,10 52,90 112,31
Ñeembucú 50,50 49,50 98,02 46,70 53,30 114,13
Amambay 48,00 52,00 108,33 48,80 51,20 104,92
Canindeyú 52,60 47,40 90,11 50,90 49,10 96,46
Pdte. Hayes 47,50 52,50 110,53 49,60 50,40 101,61

En el caso de Uruguay, para todas las observaciones realizadas por el Sistema, la población femenina supera a la masculina, con excepción de Rivera en 1999, como ilustra el Gráfico 2, a seguir.

El estudio de la población por composición de edad revela que la población masculina está en mayoría hasta los 13 años de edad. A partir de ahí las proporciones de hombres y mujeres prácticamente se equivalen o presentan ventaja para la población femenina. El Gráfico 3, relativo al año de 1999, ejemplifica la situación encontrada que no presentó variación significativa en el período.

La media de edad de la población tiende a aumentar en todos los países en el intervalo de cuatro años adoptado por el Sistema. Se verifica que la media de edad de las mujeres es más alta, excepto en Paraguay, en 1999. La observación de la mediana, que permaneció prácticamente inalterada en los dos años, revela que la edad de la población femenina es mayor que la masculina.

Coherentemente con la afirmación anterior, para las personas de más edad, es decir, la población con edad de 60 años y más, las mujeres predominan prácticamente en todos los países y en los dos momentos observados.

Argentina y Uruguay son los países con una mayor proporción de población de más edad, siendo que en este último país la tendencia es creciente de un año para otro (17,4% en 1995 y 19,5 % en 1999). En Brasil y Paraguay hay una cierta estabilidad en la proporción de personas mayores en el conjunto de la población, manteniéndose alrededor del 9% y 7%, respectivamente. El Gráfico 4 a seguir es demostrativo de estas afirmaciones.

Dejando de lado cualquier discusión sobre la ocurrencia de especificidades incluyendo aspectos biológicos, genéticos etc., que no son considerados en el Sistema, es posible suponer que las condiciones generales de vida en sociedad en los países del Mercosur traen beneficios o por lo menos preservan a las mujeres de los riesgos del cotidiano algunos tipos de enfermedad, accidentes, violencia urbana, entre otros o, más aún, que el cotidiano de las mujeres les permite una sociabilidad que les aumenta la calidad de vida haciendo con que su proporción sea mayor a medida que la población envejece. Estudios puntuales pueden profundizar esta cuestión, bajo diferentes aspectos: desde el destacar la relación entre la mayor inserción en la esfera privada o pública y la longevidad hasta, por ejemplo, el considerar que existe una mayor preocupación gubernamental con programas orientados a la salud de la mujer que para la del hombre.

Políticas públicas basadas en la edad de la población (o en el enfoque generacional) aparentemente tiene un significativo factor intergénero que refuerza aspectos comunes a mujeres y hombres: edad para tener una educación básica y otros niveles de escolaridad, para recibir vacunas y ser inmunizado contra enfermedades ya erradicadas, para poder trabajar, para jubilarse, entre otras.

Por otro lado, la discusión del perfil de mujeres y hombres según el grupo de edad señalará cómo es que se da en la práctica el desencadenamiento de los papeles sociales atribuidos a la mujeres y hombres, haciendo relevante el examen de los indicadores intragénero para la adecuada formulación de políticas públicas que refuercen o contribuyan para el mantenimiento del patrón vigente o lo subviertan.13

2. Jefes de hogar y cónyuges 

Los indicadores elaborados para presentar la posición en el domicilio toman como base la población de las personas de 14 años y más. Observándose transversalmente los países, diferenciando las perspectivas intergénero e intragénero, además de utilizar los cruces de datos básicos adoptados en el Sistema a partir de las variables independientes consideradas, es posible hacer algunas observaciones generales en relación a las diferentes posiciones ocupadas en el domicilio.

Las características de los jefes de hogar en los cuatro países del Mercosur, como se ve en la Tabla 3 se resumen a las siguientes:

a) Entre los jefes de hogar predominan los hombres, en todos los países, en los dos años examinados. De la población de 14 años y más, cerca de 30% son hombres a cargo de la jefatura de los domicilios. Las mujeres jefas de hogar representan un tercio de la cantidad de hombres jefes;

b) Cuando se combina sexo con edad, en base a la mediana, la edad de la mayoría de las mujeres jefas de familia es mayor que la de los hombres en la misma posición. En general, en los cuatro países, las mujeres jefas de hogar tienden a ser cerca de nueve años mayores que los hombres en la misma posición, siendo posible observar que de 1995 para 1999 la diferencia en la mediana de edad disminuyó, sobre todo en Argentina;

c) En 1995, para todos los países, las mujeres jefas de familia estaban en desventaja del punto de vista de la educación (segundo ciclo escolar incompleto o más) en relación a los hombres. El país en el cual las mujeres jefas de familia tienen más acceso a la educación es Argentina (43%), a seguir Uruguay (25%), Brasil (20%) y Paraguay (14%). Brasil, que no presenta un buen desempeño en el indicador intragénero, una vez que la posición de los hombres (21%) no difiere mucho de la de las mujeres, es el país con menor desigualdad intergénero. En los demás países la desigualdad de género es mayor pero el acceso a la educación es más generalizado en la población, con excepción de Paraguay. En 1999, todas las observaciones mejoran; condiciones de igualdad entre hombres y mujeres ocurren en Brasil, si bien que en niveles nada envidiables;

d) Observándose la mediana de renta mensual de todas las fuentes de las jefes de familia, se nota que la mayoría de las mujeres está en nítida desventaja, sin variación significativa de un año para el otro. En números absolutos, el valor de la mediana de renta, en dólar, cayó de 1995 para 1999, excepto en Argentina y en Uruguay. Sin embargo, vale observar que en los cuatro países, tomando como base la mediana de renta mensual de las mujeres y de los hombres la diferencia disminuye entre los períodos estudiados. Si en 1995 la mediana de renta de las mujeres representaba en Argentina 58% de la mediana de renta de los hombres, en 1999 este porcentual se elevó a 65%. En los demás países, como ya fue dicho, ocurrió lo mismo, cabiendo observar a lo largo del tiempo si esta tendencia permanecerá de modo a disminuir la diferencia entre hombres y mujeres jefas de hogar.      

Tabla 3 - Perfil del jefe de hogar, según los países del Mercosur 1995 y 1999
Indicador Año
Sexo
Argentina
Brasil
Paraguay
Uruguay
Proporción sobre la población total 1995 Hombres 28,9 29,1 28,0 28,0
Mujeres 9,2 7,4 7,1 9,8
1999 Hombres 27,9 28,3 26,1 27,9
Mujeres 10,5 8,5 8,3 12,3
Mediana de edad 1995 Hombres 46 42 42 51
Mujeres 58 52 51 64
1999 Hombres 47 43 42 50
Mujeres 56 51 50 62
Proporción de hombres y mujeres jefas de hogar con el 2º ciclo escolar incompleto o más 1995 Hombres 51,1 21,2 19,4 33,1
Mujeres 42,7 19,7 14,1 25,1
1999 Hombres 55,2 24,0 20,3 35,8
Mujeres 47,7 24,0 15,4 29,5
Mediana de renta mensual de todas las fuentes (valores expresos en dólar) 1995 Hombres 550,00 315,10 228,90 607,10
Mujeres 320,00 204,80 152,60 389,10
1999 Hombres 540,00 202,40 196,30 919,40
Mujeres 350,00 138,50 135,90 638,20

En el caso de las cónyuges (Tabla 4), lo que se ve es que:

a) Entre los que se declaran cónyuges, hay una significativa disparidad entre la proporción de hombres y de mujeres. Mientras que cerca de un quinto de las mujeres de 14 años y más se declara cónyuge, no más que un 1,5% de los hombres se dice en igual situación. Cabe notar que en los cuatro países, existe un discreto aumento en el porcentual de hombres cónyuges al paso que entre las mujeres es lo contrario, es decir, decreció el porcentual de mujeres cónyuges.

b) La mediana de edad de los hombres que se declaran cónyuges es superior a la de las mujeres en las mismas condiciones. En general, no fue posible identificar alteración en la mediana de edad de los hombres y mujeres cónyuges. En Brasil y Paraguay la mediana de las mujeres es de 38 años, ya en Argentina y Uruguay, es de 43 y 45 años, respectivamente. Los hombres cónyuges, en Argentina, Paraguay y Uruguay presentan mediana de edad más baja para el año de 1999 y el Brasil es el único país en que la mediana fue mayor, pero en sólo un año, vale decir, de 41 para 42 años.

c) En el conjunto de las mujeres de 14 años y más, las mujeres cónyuges, en 1999 cuando comparadas con 1995, estaban en mejores condiciones en lo que respecta a la educación de segundo ciclo, incompleto o más. En este caso, Argentina se destaca en relación a los demás países pues cerca de 50% de las cónyuges tienen, por lo menos, el 2o ciclo escolar incompleto.

d) Entre los cónyuges, la mediana de renta mensual de todas las fuentes mantienen las mujeres en condición de desigualdad, con excepción de Argentina donde, en los dos años, mujeres y hombres se presentan prácticamente en las mismas condiciones. Argentina también es el país donde el valor de la mediana de renta, en dólar, era el más alto. Si en Argentina, la mediana de renta mensual de las cónyuges era prácticamente igual (lo que se confirma para el año de 1999), en los demás países hay una disminución de la mediana de renta mensual de las mujeres, con excepción de Paraguay. En Brasil, las mujeres cónyuges tienden a tener renta mensual 50% inferior a la de los hombres y en Uruguay este porcentual es del 57%. En Paraguay la situación es inversa: en 1995 las mujeres cónyuges presentan mediana de renta equivalente a 52% de la de los hombres y en 1999 este porcentual sube para 67%.  

Tabla 4 - Perfil del cónyuge, según los países del Mercosur 1995 y 1999
Indicador Año
Sexo
Argentina
Brasil
Paraguay
Uruguay
Proporción sobre la población total 1995 Homens 0,5 0,2 0,9 0,6
Mulheres 25,4 26,5 24,8 24,9
1999 Homens 0,8 0,8 1,2 1,6
Mulheres 23,7 25,4 23,2 23,9
Mediana de edad 1995 Homens 46 41 41 47
Mulheres 43 37 37 46
1999 Homens 44 42 40 45
Mulheres 43 38 38 45
Proporción de hombres y mujeres cónyuges con el 2º ciclo escolar incompleto o más 1995 Homens 50,4 22,8 12,8 30,5
Mulheres 49,7 21,7 17,5 33,1
1999 Homens 44,8 31,9 19,9 36,8
Mulheres 55,2 25,5 18,9 36,2
Mediana de renta mensual de todas las fuentes (valores expresos en dólar) 1995 Homens 400,00 309,90 244,20 434,00
Mulheres 360,00 157,60 127,20 291,10
1999 Homens 400,00 213,00 196,30 791,50
Mulheres 400,00 106,50 132,90 456,10


Del punto de vista de la renta mensual, estudiada por la mediana, con excepción de Argentina, no hace diferencia, para la relación entre mujeres y hombres el hecho de ser cónyuge o jefe de familia, una vez que las mujeres están siempre en posición de menor acceso a la renta, o sea, ser mujer en sí pesa más que la posición ocupada en el domicilio. La principal restricción a ser hecha se refiere a Brasil, donde las mujeres jefas de hogar presentan mediana de renta mensual, en 1999, equivalente a 68% de la de los hombres, y las mujeres cónyuges presentan mediana de renta equivalente a 50% de la de los hombres (ver Tabla 5).

La mediana de la edad de las mujeres jefes de familia es más alta que la de los hombres, mientras que en el caso de los cónyuges la situación se invierte, vale decir, los hombres son de más edad. Asimismo, la mediana de la edad de los hombres, ya sean cónyuges o jefes de hogar, varía con menor intensidad que la de las mujeres. ¿Será que la edad más alta es prerrequisito para contrariar los papeles sociales tradicionales? ¿Dicha tendencia será todavía más incisiva para las mujeres en consecuencia de que su transgresión es aún más significativa?

Las políticas públicas en esta área el de la posición en el domicilio no asumen la cuestión de las quehaceres domésticos y del trabajo reproductivo, bastante enraizados en aspectos culturales. La contribución de la intervención del Estado estaría esencialmente referida a la prestación de servicios en los sectores de salud, asistencia social, educación, entre otros y que se dirijan, por ejemplo, a niños y anciaños. Estas acciones tienen la característica de liberar a las mujeres para el mercado de trabajo y para el desempeño de otras atribuciones que les permitan asumir mayores responsabilidades en la esfera pública. Para aquilatar el tamaño de la pérdida de potencial enfrentado por la sociedad, en virtud de la insuficiencia de políticas públicas adecuadas, es interesante observar la mediana de edad de las mujeres cónyuges y la proporción de mujeres cónyuges en la población de 14 años y más.

Continuando con el mismo tema, vale la pena observar que el porcentual de mujeres de 14 años y más que se declaran como siendo amas de casa varía de 12% a 17%, excepto en Uruguay, donde no ultrapasa el 8%. El perfil de edad de estas mujeres se aproxima del de las mujeres cónyuges, por tanto más jóvenes que las mujeres jefes de familia.

Tabla 5 - Mediana de edad de mujeres jefas de hogar, cónyuges y de mujeres que realizan quehaceres domésticos, según los países del Mercosur - 1995 y 1999
Países 1995 1999
Jefe de hogar
Cónyuge
Quehaceres Domésticos
Jefe de hogar